Barcelona recuerda a las víctimas del 17-A ocho años después

18 août 2025 - 11:15

Las autoridades han cedido el protagonismo a las víctimas en el homenaje institucional del octavo aniversario de los atentados que causaron 16 muertos y más de cien heridos en Barcelona y Cambrils. El acto se ha desarrollado frente al mosaico de Joan Miró donde se detuvo la furgoneta terrorista, con la presencia del president Salvador Illa y otras autoridades que han guardado silencio para dar voz a quienes sufrieron directamente la tragedia del 17 de agosto de 2017.

Barcelona ha conmemorado este domingo el octavo aniversario de los atentados del 17-A con un emotivo homenaje en el que las víctimas han sido las verdaderas protagonistas. En el Pla de l’Os de La Rambla, exactamente frente al mosaico de Joan Miró donde se detuvo la furgoneta terrorista que segó la vida de 16 personas, supervivientes, familiares de fallecidos y autoridades han guardado un minuto de silencio antes de depositar claveles blancos en memoria de quienes perdieron la vida el 17 de agosto de 2017.

El acto institucional, que comenzó a las 10:00 horas, ha mantenido la sobriedad de ediciones anteriores, con las autoridades relegadas a un segundo plano para ceder el protagonismo a las víctimas. Entre los asistentes se encontraban el president de la Generalitat, Salvador Illa; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el presidente del Parlament, Josep Rull; el delegado del Gobierno, Carlos Prieto, y la consellera de Interior, Núria Parlon, junto a representantes de todos los grupos políticos del Parlament y el Ayuntamiento.

La emotividad del momento se intensificó cuando el violoncelista Manuel Martínez interpretó «El Cant dels Ocells», el oficioso himno de la paz de Pau Casals, mientras víctimas y familiares depositaban las flores en las tres jardineras situadas junto al memorial de los atentados. La música rompía el silencio respetuoso que ha caracterizado una conmemoración marcada por la dignidad y el recuerdo.

Un homenaje que trasciende ideologías

Entre las víctimas presentes destacaba Javier Martínez, padre de uno de los niños que murió en los atentados a los tres años y actual presidente de la Asociación 17A. También asistieron Rosa Lluch, hija del exministro socialista Ernest Lluch asesinado por ETA; Blanca Elena, vicepresidenta de la asociación de víctimas del 11M, y víctimas de atentados de Terra Lliure o de la ultraderecha, como el ataque a la revista satírica El Papus. Esta convergencia de dolor trasciende las diferencias ideológicas y temporales para crear un frente común contra el olvido.

«El objetivo de este tipo de conmemoraciones es mantenerse inequívocamente al lado de las víctimas del terrorismo y sus familiares y reconocer su labor contra la desmemoria», remarcó la conductora del acto en su breve intervención. Las palabras cobraban especial significado en un momento en que las víctimas del 17-A mantienen viva la esperanza de que Cataluña reactive pronto una oficina oficial para atenderlas, dando cumplimiento a una reivindicación histórica.

 

Robert Manrique, histórico representante de las víctimas del terrorismo en Cataluña, confirmó tras el acto que confían en que «en unos dos meses se pueda anunciar el acuerdo para que Cataluña vuelva a tener una oficina» de atención a víctimas. Cataluña creó una oficina de este tipo en abril de 2010 durante el tripartito, pero se cerró en 2012 por los recortes, justo antes de que llegaran los atentados del 17-A. «Fue una lástima que se cerrara porque con los atentados habría sido más fácil ponerse en contacto con las centenares de víctimas de más de 30 países», lamentó Manrique.

Fracturas políticas en torno a la memoria

El homenaje institucional se desarrolló con la presencia de una treintena de personas en los alrededores que portaban pancartas con lemas como «Estado español, asesino» y banderas independentistas, aunque respetaron escrupulosamente el minuto de silencio. Desmarcándose del acto oficial, varias entidades convocaron concentraciones paralelas de signo contrapuesto que evidencian las fracturas que persisten ocho años después de la tragedia.

La ACVOT, la Plataforma 17A y Politeia organizaron una concentración en la Rambla de Canaletes, mientras que la plataforma «17A-Exigim Responsabilitats», con apoyo de entidades independentistas como la Assemblea Nacional Catalana, se manifestó frente a la comisaría de la Via Laietana para «exigir al Estado que depure responsabilidades por los atentados». Esta segunda protesta reunió a unas 200 personas y contó con la presencia del secretario general de Junts, Jordi Turull, y la diputada en el Congreso Pilar Calvo.

Los concentrados reclamaron la desclasificación de documentos que se mantienen en secreto y mostraron pancartas donde se leía «Estado español cómplice, Estado español asesino». Las dudas sobre la preparación del atentado y las responsabilidades se han incrementado debido a las comparecencias en la comisión de investigación del Congreso, una de las condiciones que impusieron Junts y ERC a Pedro Sánchez para la investidura. Las víctimas del 17-A esperan conocer las conclusiones de esta comisión porque «quieren saber qué ocurrió, para que no vuelva a ocurrir», según explicó Manrique.

Memoria más allá de Barcelona

La conmemoración se extendió más allá de Barcelona. El Ayuntamiento de Sant Adrià del Besòs presentó una placa de homenaje a las víctimas en la plaza Guillem Vadaña, mientras que en Ripoll, donde residían los jóvenes yihadistas que cometieron los atentados, se realizó una ofrenda floral en el monumento a las víctimas. Estos actos paralelos demuestran cómo la memoria del 17-A trasciende el lugar físico donde ocurrió la tragedia para convertirse en un ejercicio colectivo de recuerdo y reflexión.

Una vez finalizado el homenaje, el president Illa destacó en su cuenta de X que hace ocho años el «odio golpeó a los ciudadanos de la manera más cruel», transmitiendo su solidaridad a familiares y amigos de las víctimas. «Cataluña no olvida y, muy importante, ha sabido proteger la seguridad y convertirse en un ejemplo de convivencia y acogida, valores hoy imprescindibles si queremos continuar prosperando en paz», indicó Illa, subrayando la respuesta ejemplar de una sociedad que supo sobreponerse al terror con dignidad y unidad.

Ocho años después de aquella tarde que cambió para siempre la vida de centenares de familias, Barcelona mantiene viva la memoria de las víctimas mientras trabaja en la construcción de una sociedad más resiliente frente al extremismo. El tiempo no ha borrado el dolor, pero sí ha demostrado que una ciudad abierta y plural puede resistir cualquier intento de quebrar su espíritu solidario.

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