La formación de extrema derecha independentista liderada por Sílvia Orriols aumenta su influencia electoral aprovechando el desencanto con el proceso independentista y la crisis migratoria. Su crecimiento en zonas rurales de Girona y Lleida evidencia una fractura en el electorado soberanista que puede condicionar futuras estrategias políticas del independentismo tradicional catalán.
El crecimiento de Aliança Catalana revela un fenómeno que trasciende lo electoral para adentrarse en la recomposición del mapa independentista catalán. Según el análisis de las elecciones autonómicas de mayo de 2024, la formación de extrema derecha independentista liderada por Sílvia Orriols ha conseguido posicionarse como segunda fuerza en 77 municipios, concentrando sus mejores resultados en pequeños núcleos del interior de Girona, Lleida y la Cataluña Central, territorios tradicionalmente afines a Junts per Catalunya.
Junts per Catalunya, heredero de la antigua Convergència de Jordi Pujol y refundado por Carles Puigdemont tras el proceso independentista, representa el independentismo liberal-conservador catalán. El análisis territorial confirma que Aliança Catalana está penetrando sistemáticamente en el electorado rural conservador que históricamente había respaldado al partido de Puigdemont. La formación ha obtenido resultados destacables en localidades como Santa Pau, Port de la Selva, Casserres, Castellar de n’Hug, Molló, Tavèrnoles, El Brull, Ullastret, Pujalt, Bellvís, Arbúcies, Lladurs o Vilobí d’Onyar.
La distribución geográfica del apoyo a Aliança Catalana refleja patrones específicos que permiten comprender su estrategia de crecimiento. En el Ripollès, comarca natal de Orriols, la formación se ha consolidado como alternativa hegemónica al obtener la victoria en Ripoll, Gombrèn, Campdevànol y Les Lloses, además de posicionarse como segunda fuerza en doce de los quince municipios restantes. El partido logró expandir su influencia hacia comarcas limítrofes, estableciendo cabezas de puente en territorios donde el independentismo tradicional mostraba síntomas de agotamiento electoral.
En nueve pequeños municipios de Lleida también han quedado en segunda posición: Els Omells de na Gaia, Nalec, Bellvís, Ribera d’Ondara, Cabanabona, Tiurana, la Baronia de Rialb, Lladurs y Navès, consolidando una presencia territorial que trasciende su núcleo original. Los resultados evidencian una estrategia de implantación municipal que recuerda a la empleada exitosamente por Plataforma per Catalunya de Josep Anglada durante la pasada década, cuando logró penetrar en ayuntamientos catalanes con discurso xenófobo pero sin componente independentista.
Extrema derecha independentista: un fenómeno inédito
Aliança Catalana representa la primera experiencia exitosa de extrema derecha independentista en Cataluña, combinando soberanismo radical con discurso xenófobo e islamófobo. Fundada en 2020 tras la ruptura de Sílvia Orriols con el Front Nacional de Catalunya, la formación articula un corpus ideológico que considera a España como estado invasor mientras promueve la expulsión de inmigrantes irregulares y una moratoria migratoria indefinida. El partido defiende conceptos como la «raza catalana» y equipara a inmigrantes andaluces con marroquíes en su retórica excluyente.
El perfil de Orriols resulta paradójico: antigua militante de las juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y activista de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), evolucionó hacia posiciones ultraderechistas tras los atentados del 17-A de 2017, cuando diez de los doce miembros de la célula terrorista resultaron ser residentes de Ripoll desde la infancia. Este trauma colectivo proporcionó el catalizador político que la alcaldesa supo instrumentalizar para construir un discurso que responsabiliza a la inmigración musulmana de los problemas de convivencia en el municipio gerundense.
Efectos en el independentismo tradicional
El crecimiento de Aliança Catalana plantea dilemas estratégicos complejos para Junts per Catalunya, que se ve presionado a endurecer su discurso para frenar la sangría electoral hacia la extrema derecha. Algunos alcaldes del partido ya han mostrado apertura a negociar con la formación de Orriols, mientras que dirigentes como Puigdemont han condicionado las competencias migratorias a la necesidad de controlar los flujos, adoptando lenguaje que hace pocos años resultaba impensable en el independentismo catalán tradicional.
Esta dinámica evidencia el efecto contagio característico de las nuevas derechas europeas, que logran desplazar el eje del debate político hacia terrenos favorables sin necesidad de obtener mayorías. Con apenas dos diputados en el grupo mixto, Aliança Catalana ha conseguido condicionar la agenda política catalana y forzar a las formaciones independentistas tradicionales a competir en el terreno identitario y migratorio, reproduciendo dinámicas observables en otros contextos europeos donde la extrema derecha ha logrado hegemonizar el debate público.