Aliança Catalana amenaza la “excepción catalana”: cinco claves del auge de la ultraderecha independentista

02 octobre 2025 - 08:41

Sílvia Orriols lidera la primera experiencia exitosa de extrema derecha independentista en Cataluña, combinando soberanismo radical con discurso xenófobo e islamófobo. Las últimas encuestas proyectan un crecimiento meteórico que podría llevar a la formación de dos a diecinueve diputados, desafiando la hegemonía de los partidos independentistas tradicionales. El fenómeno surge en municipios del interior, donde los atentados del 17-A de 2017 y la presión migratoria han creado un caldo de cultivo perfecto para el discurso excluyente que presenta la inmigración musulmana como amenaza existencial para la identidad catalana.

Cataluña ya no puede presumir de ser inmune a la extrema derecha que sacude Europa. La irrupción de Aliança Catalana (AC) en el Parlament con dos escaños tras las elecciones de mayo de 2024 marca el fin de una época y el inicio de una nueva fase política en la que el independentismo catalán se fractura entre quienes mantienen un discurso integrador y quienes abrazan la exclusión identitaria. Liderada por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll desde 2023, esta formación representa el primer experimento exitoso de ultraderecha independentista en la historia del catalanismo político.

Las últimas encuestas confirman que el fenómeno ha venido para quedarse. El Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) proyecta que AC podría multiplicar por cinco sus resultados actuales, alcanzando entre 8 y 10 diputados con el 6,2% de los votos, mientras que el sondeo de La Vanguardia eleva las expectativas hasta 19 escaños. Este crecimiento meteórico convierte a Aliança Catalana en la única fuerza política catalana con tendencia claramente ascendente, amenazando en especial a Junts per Catalunya en sus tradicionales feudos del interior catalán donde el discurso sobre inmigración y seguridad ha encontrado un eco inesperado entre el electorado conservador independentista. 

  1. Ripoll como laboratorio: cuando el trauma se transforma en voto

La génesis de AC está íntimamente ligada a los atentados terroristas del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils, cuyos autores crecieron precisamente en Ripoll, el municipio que lidera Sílvia Orriols. Este hecho traumático proporcionó el catalizador político que la actual alcaldesa supo instrumentalizar para construir un discurso que responsabiliza directamente a la inmigración musulmana de los problemas de convivencia y seguridad.

Ripoll se convirtió así en el epicentro de una narrativa que conecta islamismo radical con inmigración cotidiana, presentando a toda la comunidad musulmana como una amenaza potencial. Orriols, que había militado en las juventudes de ERC y participado en la Asamblea Nacional Catalana, experimentó una radicalización ideológica tras los atentados que la llevó a fundar AC en octubre de 2020 tras romper con el Front Nacional de Catalunya por discrepancias sobre la política migratoria.

El éxito electoral de esta estrategia quedó demostrado en las municipales de 2023, cuando AC logró arrebatar la alcaldía de Ripoll a Junts per Catalunya, obteniendo 6 de los 15 regidores del consistorio. La victoria simbolizó la capacidad del discurso ultra para penetrar en territorios tradicionalmente moderados del independentismo catalán, aprovechando el desencanto con la gestión del procés y canalizándolo hacia la xenofobia institucional. 

  1. Perfil electoral: independentistas desencantados y votantes anti-inmigración

El análisis sociológico del electorado de Aliança Catalana revela un fenómeno complejo que trasciende las categorías políticas tradicionales. Los datos del CEO muestran que el 62% de sus votantes defienden la independencia de Cataluña, pero un significativo 17% se opone y un 14% considera que Cataluña debe seguir siendo una comunidad autónoma, evidenciando que AC ha logrado atraer también a votantes no independentistas mediante su discurso anti-inmigración.

El perfil tipo del votante de AC corresponde a un hombre mayor, nacido en Cataluña, situado en el centro o centroderecha del espectro ideológico y residente en capitales de comarca o pueblos medianos del territorio histórico de Convergència i Unió. Geográficamente, la formación ha consolidado su presencia en el Ripollès, donde es hegemónica, y ha expandido su influencia hacia la Catalunya Central, Girona y la Plana de Lleida.

Los datos de transferencia de voto resultan especialmente reveladores: la mitad de los 118.000 votos obtenidos por AC en 2024 procedían de Junts per Catalunya, lo que representa más del 10% de sus votantes de 2021. La formación también se nutrió significativamente de antiguos abstencionistas independentistas (12.000 votos), voto blanco o nulo (14.000), y en menor medida de ERC (11.000), CUP (4.000) y sorprendentemente de Vox (2.000), evidenciando su capacidad para atraer tanto a desencantados del procés como a votantes motivados exclusivamente por el rechazo a la inmigración. 

  1. Islamofobia institucional: «Catalunya catalana» como proyecto excluyente

El núcleo ideológico de AC se articula en torno a un «ultranacionalismo etnicista» que establece fronteras identitarias excluyentes bajo el lema de una «Catalunya Catalana». La formación defiende que los catalanes constituyen una etnia específica y que se han convertido en minoría en su propio territorio debido a la inmigración masiva, especialmente musulmana.

Orriols ha instrumentalizado su cargo de alcaldesa para normalizar el discurso islamófobo institucional, publicando en redes sociales información sobre la expulsión de inmigrantes irregulares marroquíes y defendiendo públicamente que «permitir la entrada masiva de inmigrantes es un error que pagaremos caro porque los musulmanes no reconocen democracias europeas ni leyes civiles». Estas declaraciones le costaron una multa de 10.000 euros de la Generalitat, pero reforzaron su perfil como «garante del orden» frente al islamismo.

La estrategia incluye propuestas como la eliminación del bilingüismo (solo catalán como lengua oficial), la prohibición del burka en espacios públicos, la aplicación de «preferencia nacional» en servicios públicos y la consideración del «anticatalanismo» como delito grave. Sin embargo, AC se diferencia de otras formaciones ultraderechistas europeas en temas morales: mantiene posiciones tolerantes hacia el aborto, la homosexualidad y los derechos LGTB, adaptándose a la cultura política catalana tradicionalmente más liberal en estas materias. 

  1. El efecto contagio en Junts: cuando competir significa claudicar

El crecimiento de Aliança Catalana ha generado un dilema estratégico devastador para Junts per Catalunya, que ve cómo aproximadamente el 20% de su electorado simpatiza con el discurso de AC. La respuesta del partido de Puigdemont ha sido adoptar gradualmente elementos del lenguaje anti-inmigración, legitimando así las premisas narrativas de la ultraderecha independentista.

Junts ha comenzado a reclamar la delegación de competencias migratorias del Estado, a justificar la limitación de menores migrantes no acompañados y a presentar como «victoria política» medidas restrictivas que antes habría rechazado. Algunos alcaldes del partido ya han mostrado apertura a negociar con AC en el ámbito municipal, mientras dirigentes como Puigdemont han condicionado las competencias migratorias a la necesidad de «controlar los flujos».

Esta estrategia de mimetismo discursivo, lejos de frenar el crecimiento de AC, lo está legitimando y normalizando. Los expertos advierten que «mientras se mantenga el tema de la inmigración en agenda, AC ganará terreno», y que la insistencia de Junts en alimentar este debate constituye un «suicidio inexplicable» que reproduce dinámicas observadas en otros países europeos donde la derecha tradicional ha sido devorada por formaciones más radicales tras intentar competir en su terreno. 

  1. Horizonte municipal 2027: la amenaza de la normalización

Las elecciones municipales de 2027 representan la prueba definitiva para medir el arraigo territorial de Aliança Catalana. Las proyecciones apuntan a que la formación podría «dar la campanada» en capitales de comarca de fuerte tradición independentista como Vic, Olot, Berga o Solsona, tradicionalmente controladas por Junts o ERC.

AC está desarrollando una estrategia de implantación sistemática mediante «dos congresos comarcales cada fin de semana», centrándose en los municipios de la Cataluña interior donde obtuvo buenos resultados en las autonómicas. La formación ya cuenta con representación municipal en Ripoll (alcaldía), Manlleu (concejalía) y Ribera de Ondara (primer teniente de alcalde gracias a una moción de censura), y aspira a convertirse en actor clave en el mapa político local catalán.

El éxito municipal de AC tendría consecuencias que trascienden lo electoral. Supondría la normalización definitiva del discurso ultra en instituciones catalanas tradicionalmente caracterizadas por el consenso democrático y el catalanismo integrador. Además, proporcionaría a la formación recursos y visibilidad para consolidar su proyecto a largo plazo, aprovechando la gestión municipal para demostrar la viabilidad de sus propuestas excluyentes. El «lepenismo catalán» que representa Orriols podría haber llegado para quedarse, transformando irreversiblemente el carácter plural e integrador que históricamente había definido al catalanismo político.

 

Compartir el artículo