Alemania y España solemnizan el recuerdo de Gernika en un acto cargado de simbolismo

01 décembre 2025 - 15:09

El presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el rey Felipe VI participaron en una ceremonia conjunta en el cementerio de Zalla para honrar a las víctimas del bombardeo de 1937. El acto representa un gesto sin precedentes de reconciliación entre ambos países, aunque genera división política en el País Vasco, donde nacionalistas y sectores de izquierda critican la participación de la monarquía y cuestionan el alcance real del reconocimiento alemán. 

El presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el rey Felipe VI participaron en una ceremonia conjunta en Gernika para honrar a las víctimas del bombardeo perpetrado por la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria italiana el 26 de abril de 1937. El acto, que incluyó una ofrenda floral en el cementerio de Zalla y un encuentro con supervivientes en el Museo de la Paz, representa un hito histórico al convertirse Steinmeier en el primer jefe de Estado alemán en visitar la localidad vasca con este propósito. El reconocimiento de responsabilidad expresado por Alemania contrasta con el silencio oficial de la responsabilidad del propio Estado español, generando una polémica que evidencia las heridas abiertas de la Guerra Civil y las divisiones sobre la memoria histórica. 

La ceremonia adquirió dimensión simbólica desde su inicio. Steinmeier depositó una corona de flores mientras sonaban los repiques de campanas y se interpretaba el Gernika de Pablo Sorozabal, pieza musical emblemática que evoca la destrucción de la villa foral. El presidente alemán declaró ante los medios que Alemania asume su responsabilidad histórica por un ataque que calificó como crimen brutal dirigido contra la población civil. Su discurso subrayó que el bombardeo representa un lugar donde el horror de la guerra y la vulnerabilidad de personas inocentes quedaron grabados de forma indeleble en la memoria europea.

La ausencia de una petición explícita de perdón, pese al reconocimiento de responsabilidad, generó reacciones encontradas. Steinmeier se limitó a expresar que Alemania es consciente de su papel en aquella barbarie y que siente la obligación de defender la paz y la democracia. El mandatario alemán recalcó hasta en dos ocasiones durante sus declaraciones que por primera vez un presidente federal alemán reconocía en el propio lugar su responsabilidad por las acciones de aquella época, considerando este gesto muy beneficioso para las relaciones bilaterales. Posteriormente, la comitiva se trasladó al Museo de la Paz donde Steinmeier mantuvo un emotivo encuentro con las supervivientes Crucita Etxabe y Mari Carmen Aguirre, ambas nonagenarias.

El silencio del Estado español y la polémica política 

La presencia del rey Felipe VI en los actos generó mayor controversia que la del propio mandatario alemán. El monarca español no realizó declaraciones públicas ni pronunció reconocimiento alguno de responsabilidad del Estado por el bombardeo, que fue perpetrado por fuerzas alemanas e italianas en apoyo de las tropas franquistas durante la Guerra Civil. Esta ausencia de gesto oficial provocó un fuerte malestar en el nacionalismo vasco, especialmente en el PNV, cuyo presidente Aitor Esteban reclamó explícitamente que el Estado español pida perdón a Gernika.

Esteban estableció una comparación directa entre la ruptura que Alemania realizó con el régimen nazi y la transición española, argumentando que la monarquía actual fue puesta por el régimen franquista y no surgió de una ruptura democrática como la alemana. El dirigente nacionalista consideró que el Estado español debe asumir una responsabilidad histórica similar a la alemana, posición que choca frontalmente con la sostenida por el PSE-EE, socio de gobierno del PNV en Euskadi. Los socialistas vascos rechazaron esta reclamación, argumentando que el Gobierno legítimo de la República en 1937 fue víctima del bombardeo y que, por tanto, no tiene sentido que el Estado democrático actual pida perdón.

EH Bildu decidió no participar en los actos oficiales, rechazando la presencia de Felipe VI por considerarla incompatible con un auténtico reconocimiento de responsabilidades históricas. La formación abertzale organizó concentraciones de protesta en las que denunció que la monarquía española representa la continuidad institucional del franquismo y que la presencia del rey en Gernika constituye una ofensa a la memoria de las víctimas. Estas protestas se saldaron con intervenciones policiales para desalojar concentraciones que pretendían boicotear el paso de las autoridades hacia el cementerio.

Un hito con lecturas políticas divergentes 

La visita de Estado de Steinmeier a España, iniciada el miércoles con recepciones en el Palacio Real y un almuerzo en la Zarzuela, incluyó también una parada en el Museo Reina Sofía para contemplar el Guernica de Picasso, obra emblemática que inmortalizó el horror del bombardeo. El presidente alemán intervino ante diputados y senadores en el Congreso, donde subrayó el compromiso de Alemania con la defensa de los derechos humanos y la lucha contra los totalitarismos. Felipe VI, en la cena de gala ofrecida en honor de Steinmeier, agradeció el gesto del mandatario alemán y reconoció que mirar al pasado con humildad y sentido de la historia constituye un ejercicio necesario.

El Gobierno vasco, liderado por el lehendakari Imanol Pradales, valoró positivamente la visita de Steinmeier, considerándola un gesto que pone de manifiesto el valor de la reconciliación. Pradales recibió al presidente alemán en Vitoria antes del desplazamiento a Gernika, acto que culminó con la entrega simbólica de un pin con el árbol de Gernika por parte del alcalde José María Gorroño. La agenda concluyó con una visita al Museo Guggenheim de Bilbao, donde Steinmeier contempló algunas de las colecciones antes de regresar a Alemania.

El acto del viernes en Gernika supone un paso significativo en la gestión de la memoria histórica europea, al evidenciar el contraste entre la postura alemana de reconocimiento explícito de responsabilidades y la ambigüedad española sobre el papel del Estado en relación con el franquismo. Alemania ha construido durante décadas una política de memoria basada en la ruptura radical con el nazismo, la ilegalización de sus símbolos y el reconocimiento de culpas que facilita gestos como el protagonizado por Steinmeier. España, en cambio, mantiene una relación compleja y dividida con su pasado, donde la transición democrática evitó ajustes de cuentas profundos con el franquismo a cambio de una convivencia que dejó heridas sin cerrar.

La ceremonia de Gernika trasciende el acto protocolario para convertirse en espejo de las tensiones irresueltas de la sociedad española sobre su historia reciente. Mientras Alemania puede permitirse reconocer responsabilidades de un régimen definitivamente superado, España sigue debatiendo qué hacer con un pasado que divide a su clase política y que genera reacciones opuestas según la sensibilidad ideológica de cada formación. El silencio del rey en Gernika no es casual sino reflejo de una estrategia institucional que evita pronunciamientos que puedan interpretarse como juicios sobre la legitimidad histórica del Estado, manteniendo una neutralidad que satisface a unos sectores mientras irrita profundamente a otros.

 

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