El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, lanzó este martes una advertencia que resume la magnitud de la actual tormenta energética mundial: aunque el estrecho de Ormuz se reabriera mañana, el regreso a la normalidad no sería inmediato, sino una operación larga, costosa y geopolíticamente incierta.
En una entrevista concedida a la emisora francesa France Inter, Birol explicó que los daños sufridos por las infraestructuras petroleras y energéticas del Golfo Pérsico hacen imposible una recuperación rápida. “Aunque mañana se reabriera el estrecho de Ormuz, hará falta mucho tiempo antes de volver a la normalidad”, afirmó.
No se trata solo de petróleo. Según la AIE, esta crisis afecta simultáneamente al gas, los fertilizantes, los productos petroquímicos y toda la arquitectura industrial que depende de ellos. Para Birol, estamos ante “la mayor crisis energética de la historia”, superior incluso a los grandes choques petroleros del siglo XX.
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido nuevamente en el epicentro de la tensión global. Su bloqueo ha provocado pérdidas de exportación estimadas en 13 millones de barriles diarios desde el Golfo Pérsico, obligando a recurrir masivamente a reservas estratégicas que ya comienzan a descender.
En su informe mensual del pasado 14 de abril, la AIE señaló que la producción mundial de petróleo sufrió en marzo una caída histórica de 10,1 millones de barriles diarios debido a la guerra en Oriente Medio, la mayor contracción jamás registrada por el organismo.
La consecuencia inmediata no es solo el alza del crudo, sino el retorno de un viejo fantasma económico: la inflación. Birol alertó de que el encarecimiento energético puede frenar el crecimiento global y castigar especialmente a los países en desarrollo, muchos de ellos expuestos a una nueva espiral de endeudamiento.
“Me preocupan más los países en desarrollo que Europa”, señaló, advirtiendo que muchas economías emergentes podrían cargar durante generaciones con el peso financiero de esta crisis.
Mientras tanto, algunos actores salen beneficiados. Rusia, según la propia AIE, ha visto duplicarse sus ingresos petroleros en marzo gracias al fuerte repunte de los precios y al aumento parcial de sus exportaciones.
Pero Birol cree que el verdadero impacto será estructural. Como ocurrió tras la crisis petrolera de 1973, el actual choque podría redibujar por completo el mapa energético mundial. Las energías renovables y la energía nuclear aparecen como grandes ganadoras potenciales, mientras que algunos países asiáticos podrían volver a apoyarse en el carbón como solución de emergencia.
Incluso frente al escepticismo climático del presidente Donald Trump, Birol mantuvo un tono diplomático, recordando que las energías renovables avanzan no solo por razones ambientales, sino por pura racionalidad económica.
La lección parece clara: la crisis de Ormuz no es un accidente pasajero, sino una señal de que la seguridad energética global sigue dependiendo de una geografía extremadamente frágil.