La petrolera española expresó su disposición a multiplicar por tres su extracción de crudo en el país caribeño en un plazo de dos a tres años, pasando de los actuales 45.000 barriles diarios a 135.000, condicionado a que se establezca un marco legal y comercial estable. El compromiso se produjo durante una reunión en la Casa Blanca donde el presidente estadounidense solicitó a las grandes petroleras inversiones de 100.000 millones de dólares para reconstruir la industria venezolana.
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, trasladó directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la disposición de la compañía española para incrementar significativamente su producción petrolera en Venezuela. La comunicación se produjo durante una reunión celebrada el pasado 9 de enero en la Casa Blanca, donde participaron los principales ejecutivos del sector energético mundial para abordar las perspectivas de inversión en la industria venezolana de hidrocarburos tras la intervención militar estadounidense que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. La cita reunió a representantes de casi una veintena de petroleras, incluidas gigantes como Chevron, ExxonMobil, Shell, la italiana Eni y empresas de servicios como Halliburton.
Actualmente, Repsol extrae aproximadamente 45.000 barriles diarios brutos de petróleo en Venezuela, una cifra que la compañía considera factible triplicar hasta alcanzar los 135.000 barriles diarios en un horizonte temporal de dos a tres años. Este ambicioso objetivo queda condicionado, según expresó Imaz, a que se establezca un marco jurídico y comercial adecuado que ofrezca seguridad a las inversiones privadas. La petrolera española ha sido una de las pocas grandes compañías internacionales que ha mantenido presencia ininterrumpida en Venezuela durante las últimas tres décadas, acumulando un conocimiento técnico y operativo difícil de replicar para otros competidores que abandonaron el país durante los años de mayor presión política y económica.
El compromiso de Repsol ante Trump en la Casa Blanca
Durante su intervención en la reunión, Imaz agradeció a Trump «por abrir la puerta a una Venezuela mejor» y subrayó que, pese a ser una empresa española, Repsol está «plenamente comprometida» con Estados Unidos. El ejecutivo recordó que en los últimos 15 años la compañía ha invertido 21.000 millones de dólares (aproximadamente 18.000 millones de euros) en la industria del petróleo y el gas estadounidense, con proyectos desarrollados en Pensilvania, el Golfo de México, Texas y Alaska. En relación a este último estado, destacó el descubrimiento del yacimiento de Pikka, que comenzará a aportar crudo durante el primer trimestre de 2026 y que, según Imaz, «va a cambiar, va a revertir la historia de decadencia de ese gran estado».
El presidente estadounidense cerró la reunión con una petición concreta a las petroleras presentes: aportar 100.000 millones de dólares (unos 86.000 millones de euros) «de su propio dinero, no del Gobierno» para reactivar la producción en Venezuela. Trump insistió en que las empresas tendrían «completa seguridad» y que estarían «tratando directamente con nosotros y no con Venezuela en absoluto», en un intento por disipar las preocupaciones sobre la estabilidad jurídica del país caribeño. El mandatario estadounidense también firmó una orden ejecutiva para proteger los ingresos procedentes de la venta de petróleo venezolano que se encuentran en cuentas del Tesoro estadounidense, blindándolos de posibles embargos o procesos judiciales.
Estados Unidos completó su primera venta de petróleo venezolano el 14 de enero, con un valor de 500 millones de dólares (cerca de 430 millones de euros), menos de dos semanas después de la incursión militar que se saldó con un centenar de muertos según fuentes venezolanas. Trump ha anunciado que Washington tomará el control de las ventas de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano previamente sancionado, y planea controlar las ventas a nivel mundial de forma indefinida. El mandatario estadounidense afirmó estar «trabajando muy bien con Venezuela», dirigida ahora por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, con quien mantuvo una llamada telefónica que calificó de «muy positiva».
La ventaja competitiva de 30 años de presencia
Repsol mantiene una posición privilegiada en Venezuela gracias a su arraigo histórico en el país, donde opera desde 1993. Esta presencia prolongada le ha permitido desarrollar una infraestructura consolidada y acumular conocimiento técnico especializado sobre el crudo venezolano, caracterizado por ser «extrapesado», denso como el alquitrán, y llegar a las refinerías con altas concentraciones de sal y metales que requieren procesos de refinado complejos. La compañía articula su presencia a través de participaciones en licencias de gas, como Cardón IV en asociación con la italiana Eni, y en empresas conjuntas de crudo como Petroquiriquire.
La producción de gas de Repsol en Venezuela resulta estratégica más allá del petróleo. El 90 por ciento de lo que la compañía extrae en el yacimiento La Perla es gas natural, un recurso que alimenta aproximadamente el 33 por ciento del suministro eléctrico del país. Imaz destacó ante Trump que la sociedad produce gas en asociación con Eni, lo que contribuye significativamente a «garantizar la estabilidad de la mitad de la red eléctrica» venezolana. Esta contribución al sector energético del país refuerza la posición estratégica de Repsol y su argumento de que la empresa está presente «en el terreno» con «personal, instalaciones y capacidades técnicas» ya desplegadas.
Venezuela concentra actualmente el 15 por ciento de las reservas probadas de Repsol, que superan los 250 millones de barriles equivalentes de petróleo. El valor patrimonial declarado por la compañía en Venezuela a 30 de junio de 2025 era de 330 millones de euros, una cifra inferior a los 504 millones reportados al cierre de 2024. Esta reducción refleja tanto ajustes contables como las dificultades operativas del periodo. La cifra engloba principalmente la financiación otorgada a sus filiales venezolanas, inversiones en Cardón IV y los créditos pendientes de cobro con la petrolera estatal PDVSA, cuya recuperación representa uno de los principales desafíos financieros para la compañía.
Cautela en los mercados y riesgos de la infraestructura
La reacción de los mercados financieros a los anuncios sobre Venezuela ha sido negativa para Repsol. Las acciones de la compañía presidida por Antonio Brufau registraron este miércoles 15 de enero una caída superior al 6 por ciento en la apertura bursátil, liderando los descensos del Ibex 35 con un precio de 15,68 euros por título hacia las nueve y media de la mañana. El desplome se produjo en un contexto marcado por la primera venta de crudo venezolano por parte de Estados Unidos y las incertidumbres sobre la viabilidad real de los planes de expansión en un país cuya infraestructura energética se encuentra gravemente deteriorada tras décadas de desinversión.
El entusiasmo de Repsol contrasta con la cautela expresada por otras petroleras durante la misma reunión en la Casa Blanca. El consejero delegado de ExxonMobil, Darren Woods, afirmó que Venezuela sigue siendo «ininvertible» sin cambios drásticos en el marco legal y recordó que los activos de su compañía fueron confiscados en dos ocasiones durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Woods señaló que es «imposible invertir» si no se reforman los sistemas comercial y legal del país, una postura que Trump calificó como «jugar demasiado astutos». El presidente estadounidense llegó incluso a advertir que está «inclinado» a dejar a ExxonMobil fuera de Venezuela por su escepticismo.
La infraestructura petrolera venezolana está tan deteriorada que la estatal PDVSA ha llegado a desmantelar oleoductos para vender el metal como chatarra, según han documentado diversos informes. La producción del país ha caído por debajo del millón de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que alcanzaba antes del colapso económico. Reconstruir esta capacidad productiva requeriría inversiones masivas y un plazo de ejecución que algunos analistas sitúan en décadas. Para Repsol, la decisión implica elegir entre hundir miles de millones de euros en reconstruir una infraestructura fósil en un mundo que avanza hacia la transición energética, o perder posiciones en un país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta.