México mira al sur: De la Fuente, el CAF y un futuro compartido

07 juillet 2025 - 10:49

Juan Ramón de la Fuente, canciller mexicano, se reunió en Río de Janeiro con Sergio Díaz-Granados, presidente del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF). Fue un encuentro discreto, al margen de la cumbre BRICS, pero con implicaciones que van más allá de la foto oficial.

La conversación giró en torno al Plan México y a la Cumbre para el Bienestar Económico impulsada por Claudia Sheinbaum. Hablaron también de la incorporación de Guatemala al CAF, un paso que parece técnico, pero que abre un horizonte político: integrar financieramente Centroamérica y México en proyectos binacionales que fortalezcan el sur-sureste mexicano.

En tiempos donde BRICS concentra la atención global y reordena alianzas, México ensaya su propia geopolítica latinoamericana. No se trata solo de financiamiento para carreteras o líneas eléctricas. Se trata de tejer vínculos estratégicos para que el sur no sea una frontera abandonada, sino un motor económico. Guatemala, como primer vecino, representa también un primer reto: consolidar proyectos que no queden en promesas diplomáticas.

Mientras De la Fuente dialogaba en Río, BRICS mostraba su músculo: la mitad de la población mundial reunida en un solo foro, con China y Rusia como columnas y Brasil como anfitrión estratégico. México no es miembro, pero se mueve como invitado con voz propia. Su presencia allí, representada por un canciller con perfil de negociador calmo y académicamente sólido, proyecta una imagen de país que observa, evalúa y construye puentes sin renunciar a su autonomía.

La pregunta es si estos encuentros se traducirán en resultados tangibles para las comunidades del sur-sureste mexicano, donde la pobreza y la desigualdad persisten a pesar de los megaproyectos. El CAF ofrece financiamiento, pero el liderazgo y la ejecución deben ser nacionales y locales.

En un mundo que redefine bloques y rutas, México busca anclar su desarrollo en la cooperación latinoamericana. No es una mala idea. La región necesita menos promesas y más cables eléctricos, menos foros y más infraestructura, menos retórica y más empleo digno.

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