Los datos de Aena confirman a España como destino refugio en un verano marcado por la guerra en Irán y el encarecimiento del queroseno, que las aerolíneas absorben recortando márgenes en lugar de trasladar a los billetes.
Los aeropuertos españoles registraron en julio un nuevo máximo histórico de tráfico de pasajeros. Según los datos publicados ayer por Aena, 34,4 millones de personas transitaron por las terminales españolas durante el mes pasado, un 5% más que en el mismo periodo del año anterior. En los siete primeros meses del año, la cifra acumulada asciende a 190 millones, un 4% más que en el ejercicio precedente. Son nuevos récords que anticipan un cierre anual también por encima de 2025 y que disipan la inquietud que había generado el encarecimiento del combustible de aviación tras la escalada bélica en Irán.
El contexto global en el que se produce este crecimiento es relevante. La guerra en Irán ha ocasionado un fuerte encarecimiento del queroseno, pero las aerolíneas no están trasladando esa presión al precio de los billetes con la misma intensidad con que lo sufrieron en sus cuentas. Lo han podido hacer en parte porque disponen de contratos a largo plazo para la compra de combustible y en parte porque temen que una subida agresiva de tarifas provoque una caída de la demanda que agravaría aún más sus márgenes, que se encontraban en máximos históricos. El resultado es que España ha salido reforzada de ese escenario adverso: su posición geográfica, sus infraestructuras de refino y su condición de destino alternativo a otros puntos turísticos europeos afectados por las olas de calor la han convertido en lo que las propias aerolíneas denominan un «país refugio».
España como destino refugio
La categoría de «país refugio» no es un eufemismo de marketing: refleja un cambio real en los flujos turísticos europeos. Mientras el calor extremo en el norte del continente reduce la propensión al gasto turístico local, y mientras destinos mediterráneos competidores sufren sus propias tensiones de masificación, España recibe el desbordamiento. Las empresas del sector turístico agrupadas en Exceltur han elevado su previsión de llegada de turistas para este año al 2,7%, lo que situaría la cifra final cerca de los 100 millones. Booking, por su parte, advertía esta semana en un comunicado de que cada vez más turistas europeos optan por no salir de su país ante el aumento de las temperaturas, lo que paradójicamente beneficia a España como destino cálido-pero-accesible frente a otros aún más afectados.
Los pasajeros internacionales, que viajan en aparatos más grandes y generan mayor ingreso por operación, son los que más crecen. En el aeropuerto de El Prat, el incremento de viajeros internacionales alcanzó el 7,6% en julio, frente al 0,6% de los nacionales. El dato indica que el tirón de España como destino no proviene principalmente del turismo interior, sino de la demanda extranjera, lo que aporta mayor valor económico al conjunto del sector y a la balanza de pagos.
El Prat al límite de su capacidad
El caso más llamativo de los datos de julio es el aeropuerto de Barcelona-El Prat. Con 5,8 millones de pasajeros en el mes, creció un 6%, un porcentaje superior al de Barajas —4,8%, con 6,4 millones— y al de Palma, el tercer mayor aeródromo español, con 4,6 millones y un aumento del 2,2%. El dato es especialmente significativo porque El Prat lleva tiempo operando en su techo técnico de capacidad. Desde Aena insisten en que «que haya alcanzado la capacidad máxima técnica no significa que no se pueda incrementar el tráfico» y explican que están aprovechando las horas valle y que los aviones viajan más llenos. También ganan peso las aeronaves de mayor tamaño.
La congestión obliga a Aena a mantener reuniones intensivas con las aerolíneas en el llamado «comité de slots», en el que se negocia cómo extraer el máximo rendimiento de las infraestructuras existentes. El gestor aeroportuario se ha comprometido a informar de manera más detallada de los pasajeros por terminal y tipo de tráfico. Las aerolíneas, mientras tanto, no dejan de buscar hueco: ya han programado 150 millones de asientos entre julio y octubre, un 6,5% más que el año anterior. En el fondo de esa negociación late una pugna entre Aena y las compañías sobre las tarifas aeroportuarias: las aerolíneas argumentan que el incremento de la demanda demuestra que no es necesario subir las tasas; el gestor aeroportuario necesita financiar sus grandes inversiones de infraestructura.
Ryanair gana, Iberia frena
El reparto del mercado entre las grandes aerolíneas que operan en España ofrece un retrato fiel del momento del sector. Ryanair sigue siendo la aerolínea que más pasajeros transporta en España —7,1 millones en julio, frente a los 7,09 millones del año anterior— y lo hace pese a su repliegue en los aeropuertos regionales, compensado con su apuesta por Madrid y Barcelona. Vueling ocupa el segundo puesto con 5,4 millones de pasajeros, con un crecimiento del 10% en el último año. Iberia, en cambio, avanza más despacio: de 3,9 millones de pasajeros en julio de 2025 a cuatro millones este año, un incremento modesto que contrasta con el dinamismo de sus competidoras de bajo coste.
Las aerolíneas calculan que el tráfico total en España podría alcanzar este año los 334 millones de pasajeros, la cifra que Aena tenía prevista para 2028. Si esa proyección se confirma, el sector habrá quemado casi tres años de previsiones de crecimiento en un solo ejercicio. La presión sobre las infraestructuras existentes será, en consecuencia, cada vez mayor. Y el debate sobre la ampliación de El Prat —políticamente bloqueado desde hace años— volverá a la actualidad con más urgencia que nunca.