La brecha salarial entre mujeres y hombres se sitúa en el 15,74% según datos de 2023, lo que supone una diferencia de 4.781 euros anuales. Aunque se trata del valor más bajo desde que existen registros, el estudio revela que las desigualdades retributivas se amplían con la edad y continúan vinculadas a la segregación laboral y al peso de las responsabilidades de cuidado que recaen sobre las mujeres.
Las mujeres españolas percibieron de media 25.591,31 euros anuales en 2023, frente a los 30.372,49 euros que ganaron los hombres, lo que representa una brecha salarial del 15,74%. Así lo indica el estudio «La brecha retributiva entre mujeres y hombres: causas, evolución y consecuencias», elaborado por Fundación Mujeres a partir de la Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística, publicada en 2025 con datos correspondientes al ejercicio 2023. La diferencia anual de 4.781,18 euros evidencia la persistencia de desigualdades retributivas sistemáticas entre ambos sexos en el mercado laboral español.
El valor del 15,74% constituye la brecha salarial más baja de toda la serie histórica disponible, superando el anterior mínimo y situándose significativamente por debajo del pico registrado en 2013, cuando alcanzó el 23,99%. El estudio atribuye este descenso directamente a la subida del Salario Mínimo Interprofesional implementada en septiembre de 2021, que ha experimentado un incremento acumulado del 61% desde 2018. Esta política de incremento del salario mínimo ha tenido un impacto particular en los sectores más feminizados, donde tradicionalmente se concentran las retribuciones más bajas.
A pesar de la reducción registrada, el análisis pone de manifiesto diferencias importantes en las retribuciones percibidas por mujeres y hombres de forma sistemática y persistente en todas las variables analizadas: edad, nivel de estudios, nacionalidad, tipos de jornada, sector de actividad, ocupación y comunidad autónoma. El ritmo de descenso de la brecha ha sido lento e irregular durante la última década, condicionado por la situación del mercado laboral y experimentando estancamientos en periodos de crisis económica, tanto durante la crisis financiera como durante la pandemia de COVID-19.
Descenso histórico vinculado al salario mínimo
La correlación entre el incremento del Salario Mínimo Interprofesional y la reducción de la brecha salarial responde a la concentración de mujeres en sectores y ocupaciones peor remuneradas. El aumento del 61% del SMI desde 2018 ha elevado el suelo salarial en actividades económicas tradicionalmente feminizadas, como los servicios de atención personal, limpieza, hostelería o comercio, donde las retribuciones históricamente se situaban en los niveles más bajos de la escala salarial.
El origen de estas diferencias retributivas se encuentra en la segregación formativa y la posterior segregación horizontal y vertical del mercado laboral. Esta dinámica sitúa a las mujeres en profesiones que ocupan la parte más baja de las escalas salariales y que en numerosos casos se asocian con roles tradicionalmente asignados a las mujeres. El estudio identifica una sistemática atribución de menor valor al trabajo femenino, considerándolo como secundario o de inferior utilidad, lo que se traduce en múltiples sesgos en la valoración del desempeño profesional de las mujeres.
Estos sesgos incluyen la percepción de que las profesiones más feminizadas no suponen esfuerzo físico o intelectual comparable al de otros sectores, así como la creencia generalizada de que las mujeres están menos cualificadas que los hombres para el desempeño de determinados puestos, especialmente aquellos que implican responsabilidad y toma de decisiones. Esta infravaloración económica afecta particularmente a profesiones vinculadas al cuidado, la educación infantil o la atención sociosanitaria, sectores donde la presencia femenina es mayoritaria.
La edad amplifica la desigualdad retributiva
El análisis por franjas de edad revela que la brecha salarial se incrementa progresivamente a lo largo del ciclo laboral, evidenciando una ampliación de las desigualdades retributivas conforme avanza la trayectoria profesional. En 2023, la brecha más reducida se registró en el grupo de 25 a 29 años, con un 6,91%, mientras que la más elevada correspondió a la franja de 55 a 59 años, alcanzando el 19,39%. Los tramos de edad comprendidos entre los 45 y los 59 años presentan sistemáticamente los valores más altos de desigualdad salarial.
Este patrón de incremento de la brecha con la edad refleja el impacto acumulativo de las interrupciones y flexibilizaciones laborales que las mujeres experimentan a lo largo de sus carreras profesionales, generalmente vinculadas a responsabilidades de cuidado familiar. Las consecuencias de estas pausas o reducciones de jornada se manifiestan en menores oportunidades de promoción, acceso más limitado a puestos de responsabilidad y pérdida de antigüedad efectiva, factores que se traducen en retribuciones progresivamente más bajas en comparación con sus coetáneos masculinos.
El análisis por nivel educativo muestra que la brecha retributiva más pronunciada, del 29,89%, se produce entre las personas con Formación Profesional de Grado Superior y estudios primarios. Esta elevada diferencia se atribuye a la segregación por sexo de las familias profesionales de FP y a la infravaloración económica en el mercado de las profesiones más feminizadas dentro de este ámbito formativo. En contraste, la brecha más reducida se localiza en estudios universitarios, particularmente en las diplomaturas, con un 16,69%, aunque incluso en los niveles educativos superiores persisten diferencias salariales significativas.
Los cuidados pesan sobre las carreras profesionales
A pesar de que desde mediados del siglo pasado las mujeres se han incorporado masivamente al trabajo remunerado, los hombres no han asumido en la misma medida las tareas domésticas y de cuidado de menores y mayores dependientes. Esta asimetría en la distribución de responsabilidades familiares provoca que las mujeres continúen asumiendo mayoritariamente dichas tareas y flexibilizando su participación laboral, con el correspondiente impacto negativo en sus carreras profesionales e ingresos presentes y futuros.
El impacto de las responsabilidades de cuidado se aprecia con particular claridad en los hogares monomarentales, donde las mujeres afrontan simultáneamente la provisión económica familiar y las tareas de cuidado sin posibilidad de compartir responsabilidades. Esta sobrecarga se traduce en mayores dificultades para mantener jornadas completas, acceder a formación continua o aceptar puestos que requieren disponibilidad horaria amplia o movilidad geográfica, limitando significativamente las oportunidades de desarrollo profesional y mejora salarial.
Las consecuencias de estas desigualdades retributivas acumuladas a lo largo de la vida laboral se reflejan posteriormente en el sistema de pensiones, donde las discriminaciones y diferencias en los ingresos y cotizaciones que las mujeres han experimentado se traducen en prestaciones de jubilación significativamente inferiores. Las pensiones femeninas reproducen y amplían las brechas salariales previas, situando a las mujeres mayores en un riesgo considerablemente superior de pobreza durante su vejez. Los hombres reciben de media 465 euros más de pensión que las mujeres, perpetuando la desigualdad económica más allá del periodo de actividad laboral.