El encarecimiento de los carburantes provocado por la guerra contra Irán ha llevado la inflación a su nivel más alto desde febrero de 2023. El IPC aumentó siete décimas en agosto pese a las rebajas fiscales sobre los combustibles. El gasóleo cuesta un 30,3% más que hace un año y la gasolina un 16,9%, mientras Funcas y BBVA Research anticipan que la inflación podría acercarse al 5% en septiembre.
La guerra contra Irán impulsada por Donald Trump empieza a trasladar con fuerza sus consecuencias a los precios en España. La inflación alcanzó en agosto el 4,3% interanual, siete décimas más que en julio y la tasa más elevada desde febrero de 2023, según los datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El principal responsable es el encarecimiento de los carburantes provocado por un conflicto iniciado el 28 de febrero con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y que, más de seis meses después, continúa perturbando los mercados internacionales de la energía.
La evolución de los últimos meses muestra un claro cambio de tendencia. La inflación se había mantenido ligeramente por encima del 3% entre abril y junio, pero aumentó hasta el 3,6% en julio y ha escalado ahora al 4,3%. El deterioro coincide con las perturbaciones provocadas por la guerra en el suministro de petróleo y con las crecientes dificultades para mantener abiertas rutas alternativas al estrecho de Ormuz. El barril de Brent ha superado los 100 dólares y las tensiones energéticas amenazan con prolongar durante los próximos meses un episodio inflacionista que parecía estar remitiendo.
El gasóleo cuesta un 30% más
El impacto resulta especialmente visible en las estaciones de servicio. El gasóleo se ha encarecido un 30,3% en un año y la gasolina un 16,9%. La categoría de transporte incluida en el IPC aumentó hasta el 9,5% interanual. La subida se produjo pese a que durante agosto ambos combustibles disfrutaron de un descuento fiscal de diez céntimos por litro, una de las medidas adoptadas por el Gobierno para amortiguar sobre los consumidores las consecuencias económicas de la guerra.
Desde el 1 de septiembre, la rebaja aplicada al diésel ha aumentado hasta los 20 céntimos, mientras el descuento de la gasolina se mantiene en cinco céntimos. La evolución de los mercados plantea dudas sobre si estas medidas serán suficientes. El cierre del oleoducto que Arabia Saudí utilizaba como alternativa a Ormuz ha añadido nuevas tensiones a un mercado energético ya condicionado por meses de enfrentamientos y problemas en las principales rutas de transporte de crudo.
El Gobierno deberá decidir además si prolonga las rebajas fiscales, cuya vigencia termina este mes. El vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha asegurado que el Ejecutivo no dejará «de acompañar y de apoyar a las familias» ante el incremento de los precios. La decisión obliga a equilibrar el coste que las ayudas representan para las cuentas públicas con el riesgo de que retirarlas coincidiendo con un nuevo encarecimiento de la energía aumente todavía más la factura soportada por los hogares.
La inflación subyacente todavía resiste
El dato de agosto contiene, sin embargo, un elemento que permite delimitar el alcance del deterioro. La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos frescos por su mayor volatilidad, disminuyó una décima y quedó en el 2,9%. La evolución indica que el shock energético todavía no se ha trasladado con la misma intensidad al conjunto de los bienes y servicios, aunque continúa claramente por encima del objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo.
Los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una inflación del 2,3%, su nivel más elevado desde abril pero considerablemente inferior al índice general. Las diferencias entre productos son importantes. Las legumbres se encarecieron un 15,9%, los huevos un 12,5% y el pescado fresco y congelado un 7,8%. Los servicios presentan una evolución más preocupante, con una subida del 3,9%, que puede contribuir a mantener una inflación elevada incluso si posteriormente se modera la presión energética.
El riesgo reside ahora en que los mayores costes del combustible y el transporte acaben extendiéndose progresivamente a otras actividades. Las empresas que necesitan energía o trasladar mercancías soportan gastos superiores que pueden terminar incorporándose a sus precios. La reducción de la inflación subyacente muestra que esa transmisión generalizada todavía no se ha producido, pero la duración de la guerra aumenta las posibilidades de que las presiones energéticas terminen alcanzando más componentes de la cesta de consumo.
Septiembre puede acercar la inflación al 5%
Las previsiones para este mes anticipan un nuevo deterioro. Funcas calcula que la inflación podría alcanzar el 4,9% en septiembre y sitúa la media de 2026 en el 3,6%. BBVA Research maneja una estimación muy similar y espera una tasa del 4,8%, fundamentalmente por el componente energético. Ambas son previsiones sujetas a la evolución del conflicto y de los mercados internacionales, pero apuntan a que el máximo registrado en agosto podría quedar superado inmediatamente.
El escenario complica también la política monetaria europea. La persistencia de una inflación muy superior al objetivo del 2% reduce el margen para una relajación de las condiciones financieras y obliga al Banco Central Europeo a vigilar especialmente la posibilidad de que el encarecimiento de la energía se propague al resto de la economía. El problema ya no es únicamente cuánto ha subido el petróleo, sino durante cuánto tiempo permanecerá elevado y hasta dónde llegará su transmisión a precios y salarios.
La trayectoria dependerá en buena medida de una guerra cuya duración continúa siendo incierta. Estados Unidos e Israel iniciaron el ataque contra Irán el 28 de febrero y Trump ha defendido posteriormente su decisión de entrar en el conflicto. Más de seis meses después, las hostilidades siguen afectando a algunas de las principales rutas energéticas mundiales. En España, la primera consecuencia económica claramente visible aparece ya en el IPC: los carburantes han roto la tendencia de moderación y devuelto la inflación a niveles que el país no registraba desde hace más de tres años.