Italia abandona su resistencia al acuerdo UE-Mercosur tras las concesiones de Bruselas

09 janvier 2026 - 11:41

El giro de la primera ministra Giorgia Meloni allana el camino para la ratificación del tratado comercial tras más de 25 años de negociaciones. Las nuevas promesas de apoyo financiero al sector agrícola europeo parecen haber convencido a Roma, mientras el presidente francés Emmanuel Macron queda aislado en su oposición. Los estados miembros podrían votar la ratificación del pacto ya mañana con la mayoría cualificada necesaria.

Después de más de 25 años de negociaciones y tras varios sonados tropiezos en el camino, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur parece finalmente encaminado hacia su ratificación. El giro inesperado se produjo esta semana cuando Italia abandonó su posición de bloqueo después de que la presidenta del Consejo, Giorgia Meloni, aislara internamente a su ministro de Agricultura y decidiera alinearse con las presiones que forzaron en la última cumbre europea antes de Navidad a aplazar la firma del acuerdo inicialmente prevista para el 20 de diciembre.

El cambio de postura italiano constituye un avance decisivo para un tratado que lleva décadas en punto muerto. La nueva presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea, ostentada por Polonia, ha aprovechado este giro para someter el acuerdo a votación en una reunión de embajadores prevista para el mismo jueves. Si Italia finalmente se convierte en el país que desbloquea la ratificación junto a Francia y Alemania, el acuerdo podría estar rubricado antes de que termine el mandato de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea, cuyo mandato concluye en los próximos meses.

La decisión de Meloni no ha sido gratuita. Las autoridades italianas han confirmado que el giro responde a las nuevas promesas de apoyo financiero que Bruselas ha ofrecido al campo europeo para compensar el impacto de la apertura comercial con los países sudamericanos. Estas garantías económicas, que incluyen fondos estructurales para el sector agrícola y mecanismos de compensación por posibles distorsiones del mercado, parecen haber sido suficientes para que Roma abandone su anterior posición de rechazo y se sume al bloque de países favorables a la ratificación del tratado.

Los 45.000 millones que convencieron a Roma

El argumento económico ha resultado determinante en el cambio de posición italiana. La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa un paquete de ayudas específicas destinadas a los agricultores europeos que podrían verse afectados por la entrada de productos agrícolas procedentes del Mercosur. Según fuentes comunitarias, este paquete podría alcanzar los 45.000 millones de euros en fondos destinados a modernizar las explotaciones agrarias europeas y a compensar las eventuales pérdidas de competitividad frente a las importaciones sudamericanas.

Esta promesa de recursos económicos ha resultado clave para convencer a la primera ministra italiana. Meloni había mantenido hasta hace pocos días una posición crítica respecto al acuerdo, alineándose con las protestas del sector agrícola italiano que teme la competencia de productos brasileños, argentinos y uruguayos. Sin embargo, las garantías financieras ofrecidas por Bruselas, unidas a la presión política dentro de la Comisión Europea para cerrar finalmente este tratado histórico, han inclinado la balanza hacia la aceptación.

Ursula von der Leyen, cuyo mandato como presidenta de la Comisión finaliza en los próximos meses, ha convertido la ratificación del acuerdo UE-Mercosur en uno de los objetivos prioritarios de su legado político. La dirigente alemana ha propuesto acelerar la llegada de 45.000 millones de euros de fondos de la Política Agrícola Común para apoyar a los agricultores europeos en el desarrollo de zonas rurales en el próximo presupuesto comunitario. Esta propuesta, que Alemania y Francia también respaldan, implica suspender el arancel europeo aplicado al carbono de los fertilizantes químicos y mantener su precio estable, garantizando así un apoyo directo al sector agrícola más expuesto a la competencia sudamericana.

Macron pierde su principal aliado europeo

El cambio de posición italiana deja al presidente francés Emmanuel Macron en una situación de creciente aislamiento dentro del Consejo Europeo. Francia ha sido el país más beligerante contra el acuerdo UE-Mercosur, argumentando que la apertura comercial perjudicaría gravemente a los agricultores franceses y comprometería los estándares ambientales y sanitarios europeos. Macron ha defendido sistemáticamente que el tratado representa una amenaza para el modelo agrícola europeo y ha exigido modificaciones sustanciales antes de dar su respaldo.

Sin embargo, la postura francesa ha ido perdiendo apoyos en el seno de la Unión. Polonia y Hungría, dos países que inicialmente mostraban reticencias al acuerdo, han terminado respaldándolo ante las garantías económicas ofrecidas por Bruselas y la presión de las grandes economías exportadoras europeas, especialmente Alemania, que ven en el Mercosur una oportunidad estratégica para sus sectores industriales. El giro italiano supone un golpe adicional para la estrategia de bloqueo francesa, que ahora carece de aliados suficientes para impedir la ratificación del tratado mediante mayoría cualificada.

Lo que parecía un frente común entre Italia y Francia contra el acuerdo se ha desmoronado en cuestión de días. La decisión de Meloni de aislar a su ministro de Agricultura, Antonio Tajani, quien había manifestado públicamente su oposición firme al tratado, evidencia la prevalencia de los intereses políticos y económicos más amplios sobre las reivindicaciones sectoriales. El líder conservador italiano declaró recientemente que el acuerdo «presenta grandísimos beneficios y potencialidades», un cambio radical respecto a su postura anterior que destacaba los riesgos para el sector agrícola europeo.

La votación inminente con mayoría cualificada

Con Italia sumándose al bloque favorable, el acuerdo UE-Mercosur dispone ya de la mayoría cualificada necesaria para su ratificación en el Consejo de la Unión Europea. Veintisiete estados miembros se reunieron de forma extraordinaria en Bruselas con el objetivo de abordar la ratificación del acuerdo, y el representante español, Luis Planas, confirmó que podría votarse el tratado ya esta misma semana. La presidencia polaca del Consejo ha convocado la reunión de embajadores con carácter urgente, interpretando que el cambio de posición italiano ofrece una ventana de oportunidad que no debe desperdiciarse.

La mecánica de votación por mayoría cualificada requiere el respaldo de al menos el 55% de los estados miembros que representen al menos el 65% de la población europea. Con el apoyo confirmado de Alemania, Italia, España, Portugal y la mayoría de los países de Europa del Este y del Norte, el umbral está ampliamente superado. Francia podrá mantener su veto simbólico, pero este no será suficiente para bloquear un acuerdo que cuenta con respaldo mayoritario en términos de población y de estados miembros.

Meloni convenció finalmente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva de que Italia solo necesitaba tiempo para cerrar el acuerdo, no una oposición frontal al mismo. Lula aceptó tener paciencia a cambio de una condición: que el acuerdo se rubrique lo antes posible, a poder ser antes de que termine la presidencia brasileña del Mercosur el próximo 15 de enero. Este bloque de países, formado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, ha esperado durante décadas la ratificación de este tratado, y los embajadores de estos estados terminaron aprobando el acuerdo el pasado 6 de diciembre, fijando como nueva fecha de cierre definitiva el 12 de enero en Paraguay.

En la recta final de este proceso, los ministros de Agricultura europeos se reunirán para evaluar las compensaciones prometidas y los mecanismos de salvaguarda que Bruselas activará para proteger a los sectores más vulnerables. La Comisión se ha comprometido a reforzar la autonomía estratégica y la soberanía económica de Italia mediante apoyos específicos, tal como declaró públicamente el ministro italiano de Exteriores. Este paquete de medidas ha sido interpretado en Roma como un beneficio directo que se espera materializar en los próximos meses, justificando así el cambio de postura gubernamental. La Unión Europea necesita avanzar rápidamente en la ratificación antes de que cambien las circunstancias políticas o surjan nuevos obstáculos que puedan retrasar indefinidamente un acuerdo comercial que lleva un cuarto de siglo en negociación.

 

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