La alianza entre Emmanuel Macron y Giorgia Meloni para solicitar el aplazamiento de la votación europea amenaza la firma del tratado de libre comercio programada para el 20 de diciembre en Brasil. El rechazo de ambos países, sumado a la oposición de Polonia, Hungría y Austria, podría conformar una minoría de bloqueo que requiere al menos cuatro Estados miembros representando el 35% de la población comunitaria para impedir la aprobación del pacto.
El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, negociado durante 25 años, enfrenta su momento más crítico tras la decisión de Francia e Italia de solicitar conjuntamente el aplazamiento de la votación prevista para esta semana en Bruselas. El presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni coincidieron en pedir a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que posponga el examen del tratado programado para el jueves 18 de diciembre, lo que podría impedir la firma ceremonial prevista para el sábado 20 en Foz de Iguazú, Brasil.
La alianza franco-italiana representa un golpe significativo para las aspiraciones de cerrar un pacto que crearía la mayor zona de libre comercio negociada por Bruselas, abarcando más de 700 millones de habitantes y un producto bruto conjunto superior a 22 billones de dólares. La oposición de estos dos países, que concentran un peso demográfico considerable dentro de la Unión, se suma a las posturas contrarias ya manifestadas por Polonia, Hungría y Austria, configurando un escenario de alta incertidumbre sobre el futuro del acuerdo.
Requisitos para bloquear el tratado
Para impedir la aprobación del acuerdo en el Consejo de la Unión Europea se requiere una minoría de bloqueo formada por al menos cuatro Estados miembros que representen el 35% de la población comunitaria. Francia y Polonia juntas no alcanzan ese umbral, según confirmó la secretaria de América Latina y Caribe de la Cancillería brasileña, Gisela Padovan, quien subrayó que la adhesión de Italia resulta determinante para consolidar un veto efectivo.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, declaró el domingo mediante un comunicado que no se dan las condiciones para que el Consejo de la Unión Europea vote sobre la autorización de firma del acuerdo. Lecornu reclamó posponer la fecha límite de diciembre para continuar el trabajo y obtener medidas de protección para la agricultura europea. El Gobierno francés ha mantenido históricamente su rechazo al pacto por considerar que representa una amenaza directa para su sector ganadero.
Italia, que hasta ahora había mantenido una posición ambigua, emerge como el actor decisivo capaz de inclinar la balanza definitivamente. Giorgia Meloni, aliada del presidente argentino Javier Milei, no se había pronunciado formalmente hasta su encuentro con Macron en Berlín. Italia es el segundo exportador de la Unión Europea al Mercosur, y el acceso al mercado que ofrece el acuerdo resulta valioso para su industria. Sin embargo, el ministro de Agricultura italiano, Francesco Lollobrigida, compañero de partido de Meloni, defendió en octubre a los agricultores italianos y abogó por fuertes salvaguardias, señalando la presión interna que enfrenta el Gobierno de Roma.
Protestas agrícolas intensifican la presión
La oposición política al acuerdo se alimenta de las intensas protestas del sector agrícola francés, que ha protagonizado bloqueos de carreteras y manifestaciones durante toda la semana. Agricultores galos bloquearon el lunes con tractores la carretera nacional 12 en dirección a París, amontonando papas, neumáticos y fardos de paja para construir barricadas. Algunos fueron incendiados, creando dramáticas imágenes televisivas que reflejan la furia rural contra el tratado.
Las protestas se intensificaron coincidiendo con el brote de dermatosis nodular bovina que afecta al ganado francés, crisis que ha obligado al Gobierno a ordenar el sacrificio de rebaños enteros. Los ganaderos temen que la competencia de carne procedente de América Latina, producida con estándares sanitarios menos estrictos que los europeos, agrave su situación económica. El diario económico Les Échos destacó que el freno francés busca evitar algunos socios europeos, especialmente Alemania y España, para los cuales el tratado representa una oportunidad de compensar la presión arancelaria estadounidense y reducir la dependencia de China.
Argumentos contrapuestos sobre el impacto agrícola
El sector agrícola europeo constituye el principal punto de fricción del acuerdo. Francia argumenta que productos más baratos procedentes de América Latina presionarían a la baja los precios europeos, afectando especialmente a sectores como el bovino, la avicultura, el arroz, la miel y el azúcar. El acuerdo prevé una cuota de 99.000 toneladas de carne de vacuno procedente de Mercosur con un arancel del 7,5%, volumen que representa aproximadamente el 1,5% de la producción total de vacuno de la Unión Europea. Además, contempla 180.000 toneladas de carne de ave libres de arancel, implantadas gradualmente en cinco años.
Los partidarios del tratado sostienen que estas cifras incluyen cláusulas de salvaguardia, controles sanitarios reforzados y mecanismos de corrección ante distorsiones de mercado. El Parlamento Europeo votará este martes medidas de salvaguardia más estrictas, incluidas cláusulas de reciprocidad para garantizar que los países del Mercosur cumplan las mismas normas de producción que los europeos. Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, declaró a Reuters que si Italia no se suma al acuerdo, este habría terminado, subrayando el papel determinante que juega Roma en el desenlace final.
Urgencia geopolítica y económica del pacto
Los defensores del acuerdo, encabezados por Alemania, España y los países nórdicos, enfatizan su importancia geopolítica en un contexto de creciente fragmentación del comercio mundial. Argumentan que el tratado permitirá a la Unión Europea diversificar socios comerciales, reducir la dependencia de China en minerales críticos y materias primas estratégicas, y compensar la pérdida de mercado estadounidense ante la amenaza de aranceles del presidente electo Donald Trump.
El pacto prevé la eliminación progresiva de aranceles en el 90% del comercio bilateral, impulsando exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras del Mercosur hacia Europa, mientras facilita el acceso europeo a mercados industriales sudamericanos. Brasil destaca en el procesamiento de niobio, utilizado en aceros especiales y tecnología avanzada, mientras que Argentina tiene peso relevante en el procesamiento de litio, fundamental para la fabricación de baterías.
Un alto diplomático de la Unión Europea advirtió a varios medios que si el acuerdo no se firma en los próximos días, estará definitivamente muerto. La advertencia refleja la frustración de quienes consideran que el rechazo dañaría gravemente la credibilidad internacional de Bruselas y complicaría futuras negociaciones comerciales en un momento en que Europa necesita reforzar su posición como actor global.
Impaciencia latinoamericana y plazos críticos
Desde el Mercosur, la paciencia se agota tras décadas de negociaciones. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha subrayado la importancia del acuerdo y su disposición a firmarlo este sábado durante la cumbre del bloque en Foz de Iguazú. La Cancillería brasileña considera que la presencia confirmada de Von der Leyen y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, constituye una señal positiva, aunque la firma queda supeditada a la decisión del Consejo.
Gisela Padovan, secretaria de América Latina y Caribe de la Cancillería brasileña, manifestó que la perspectiva sigue siendo positiva y que el Mercosur mantiene su voluntad de firmar. Sin embargo, diplomáticos sudamericanos advierten que si la ventana se cierra ahora, no se volverá a abrir pronto, ya que el bloque latinoamericano también mantiene negociaciones con otros socios como Japón, India y Canadá.
El desenlace de esta semana definirá no solo la relación comercial entre ambos bloques, sino también la capacidad de la Unión Europea para actuar de manera unificada en política comercial. La decisión de Italia, país que aún no ha revelado públicamente su posición definitiva, determinará si el mayor acuerdo comercial negociado por Bruselas se concreta o naufraga definitivamente en la recta final.