Estados Unidos endurece el tono, pero deja abierta la vía del acuerdo con México y la UE

14 juillet 2025 - 09:53

En plena escalada de tensiones comerciales, la Casa Blanca confirmó que los aranceles del 30 % anunciados por el presidente Donald Trump son “reales” y podrían entrar en vigor el próximo 1 de agosto si no se alcanzan acuerdos satisfactorios con México y la Unión Europea. Sin embargo, al mismo tiempo, Washington abre una ventana para negociaciones aceleradas, a pocos días del plazo fatal.

“Los aranceles son reales, si el presidente no obtiene un acuerdo que considere lo suficientemente bueno”, declaró Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, en una entrevista televisiva. La señal es clara: la presión es concreta, pero no irreversible. La vía diplomática sigue viva, aunque condicionada.

Las cartas enviadas por Trump el sábado a Claudia Sheinbaum y Ursula von der Leyen, presidentas de México y la Comisión Europea, formalizan la notificación de la medida, que afecta principalmente a exportaciones de acero, aluminio, cobre y productos farmacéuticos. No es la primera vez que Trump recurre a esta estrategia de presión comercial, pero su retorno a la Casa Blanca ha reactivado la lógica de “aranceles por objetivos”, con el fentanilo, la migración y el déficit comercial como excusas prioritarias.

En el caso de México, el comercio bilateral supera los 500.000 millones de dólares anuales, y gran parte del empleo en el norte del país —y en estados como Texas— depende de cadenas de valor integradas. De ahí que incluso el congresista republicano Tony Gonzales, representante de ese estado fronterizo, reconociera que los aranceles “podrían dañar nuestra región”, aunque apostó por una solución negociada “en las próximas dos semanas”.

También desde Europa hubo reacciones de contención. Von der Leyen anunció que la UE aplazará sus represalias comerciales —previstas para este lunes— hasta principios de agosto, dando margen para el diálogo. Italia fue más directa: la primera ministra Giorgia Meloni advirtió que una “guerra comercial dentro de Occidente” solo debilitaría a sus protagonistas frente a desafíos globales comunes.

Por otra parte, en Estados Unidos, voces del Congreso alertan sobre los efectos colaterales. La senadora demócrata Maria Cantwell advirtió que el flujo en los puertos ha caído un 20 % y acusó a la administración de conducir al país a “un verano interminable de guerra comercial, aranceles y caos”.

Del lado mexicano, Sheinbaum ha respondido con cautela. Su gobierno mantiene activa una ronda de conversaciones liderada por el canciller Marcelo Ebrard, quien busca construir un “acuerdo general” que enlace migración, seguridad y comercio. El desafío está en lograr un entendimiento que evite la aplicación de medidas unilaterales sin ceder soberanía ni aceptar condiciones desiguales.

Con la fecha del 1 de agosto en el horizonte, lo que está en juego no es solo el destino de algunos productos exportables, sino la arquitectura misma del comercio transatlántico y continental. La pregunta de fondo es si Trump usará los aranceles como moneda de cambio o como mecanismo de ruptura.

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