España reduce su desigualdad en una década y se sitúa por debajo de Alemania, Francia y Reino Unido

10 décembre 2025 - 08:02

El nuevo informe del Laboratorio de las Desigualdades Mundiales muestra que España ha logrado contener sus brechas internas y que su posición relativa en Europa es más favorable de lo que suele percibirse.

La desigualdad en España evoluciona de forma más moderada de lo que suele transmitir el debate público. El informe anual del Laboratorio de las Desigualdades Mundiales revela una ligera mejora en la distribución de ingresos y patrimonio durante la última década. También señala que España mantiene un nivel de desigualdad medio dentro del contexto europeo, con cifras inferiores a las de Alemania, Francia y Reino Unido, aunque todavía alejadas de los modelos nórdicos.

El 10 por ciento de mayores ingresos concentra un tercio de la renta nacional y algo más de la mitad de la riqueza. La mitad inferior de la población reúne en cambio una cuarta parte de los ingresos y una fracción muy reducida del patrimonio total. El reparto no deja de ser desigual, pero la distancia se acorta respecto a 2014. La brecha entre el decil superior y la mitad más pobre se reduce de dieciséis veces a catorce. Es un avance discreto, aunque suficiente para modificar la lectura de estancamiento que acompañó a los años posteriores a la crisis financiera.

La comparación europea introduce matices que ayudan a dimensionar la situación. Italia registra valores próximos a los españoles, aunque con una proporción menor de riqueza en manos del 50 por ciento más vulnerable. Alemania y Francia presentan brechas mayores, mientras que Reino Unido se mantiene en niveles similares. Los países nórdicos continúan como excepción con distribuciones más equilibradas gracias a sus sistemas fiscales y políticas redistributivas de larga trayectoria.

El contraste con América Latina vuelve a ser radical. Colombia, México y Brasil muestran distancias entre sus estratos más ricos y más pobres que multiplican por varias veces las europeas. España se mantiene lejos de esos extremos y encaja en un patrón propio de economías avanzadas, con desigualdades persistentes pero sin fracturas desbordadas.

El informe también describe el desplazamiento global de la riqueza. Asia Oriental, impulsada sobre todo por China, gana peso de forma continuada. Europa retrocede en proporción debido a un crecimiento más lento y a la debilidad demográfica. América Latina avanza con timidez y continúa lastrada por sus desequilibrios internos. El escenario confirma que España ocupa una posición intermedia tanto en renta como en patrimonio. No destaca por igualdad ejemplar y tampoco se acerca a los niveles más agudos de concentración.

Los resultados del WIL apuntan a una tendencia clara. Los países que mejoran en distribución combinan crecimiento económico, políticas estables y un esfuerzo sostenido por reforzar la movilidad social. España avanza en esa dirección desde hace una década. El margen de mejora, sin embargo, sigue siendo amplio y dependerá de la capacidad para sostener políticas de cohesión en un contexto económico cambiante.

La fotografía final es menos dramática de lo que sugiere la conversación cotidiana. España no se sitúa entre los referentes europeos, pero tampoco figura entre los casos más problemáticos. Los próximos años determinarán si este avance pausado se consolida o si vuelve a quedar atrapado en ciclos de desigualdad más amplios.

Compartir el artículo