Funcas alerta de que la coyuntura que da récords de ingresos tributarios se agota y el país necesita un trabajador inmigrante más por cada nueva pensión de jubilación para sostener el sistema. La pensión media de los nuevos jubilados está muy próxima al salario medio de un inmigrante, lo que evidencia el desafío demográfico que enfrenta el país. El informe destaca que la mejora del sistema de pensiones es por un mayor número de ocupados y el alza de los salarios, pero advierte que la progresividad en frío reduce el poder adquisitivo de los contribuyentes.
Justo el día después de que el Gobierno anunciara que los ingresos tributarios van a seguir creciendo un 10 por ciento este año, la Fundación de Cajas de Ahorros lanza un aviso contundente: la coyuntura que da récords de recaudación está a punto de agotarse y reducir el déficit y la deuda pública será cada vez más difícil a partir de la próxima década. El informe Dinámica de los ingresos públicos, incidencia popa en inviertidumbre por el envejecimiento, elaborado por el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos e investigador de Funcas Desiderio Romero-Jordán y publicado ayer, advierte que el problema de fondo no es coyuntural sino estructural y demográfico: España precisa incorporar un trabajador inmigrante por cada alta de jubilación para mantener la recaudación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones.
El problema que los sueldos de los inmigrantes, que son los que más se incorporan al mercado laboral, son más bajos que los de la media de trabajadores, especialmente tomando de los nativos. Esta situación provoca que la pensión media bruta de los nuevos jubilados en euros brutos esté muy próxima al salario medio bruto de un inmigrante, según detalla el informe de Funcas. Esta coincidencia plantea un desafío matemático: el país necesita aproximadamente un trabajador inmigrante más por cada nueva pensión de jubilación para mantener la inercia de los ingresos tributarios en niveles similares a los actuales. De ahí que el informe calcule que es necesario aproximadamente ese ratio para preservar el equilibrio fiscal del sistema en las próximas décadas.
Pensión media de los nuevos jubilados
El otro efecto de la llegada de inmigrantes para el sistema de pensiones, del que no se pueden aún analizar las consecuencias, es que ha frenado el aumento de la edad de jubilación de los foráneos. Según los datos del informe, resulta visible que una parte relevante de esos 3,5 millones de inmigrantes que llegaron antes del 2010 hayan generado derechos para recibir una pensión de jubilación contributiva en las próximas décadas. En el caso del IRPF, el crecimiento de la recaudación estuvo motivado por un mayor número de trabajadores, el alza de los salarios nominales y el fuerte efecto de la progresividad en frío, concepto técnico que hace referencia a cómo la inflación eleva los ingresos nominales sin que se ajusten los tramos impositivos, empujando a los contribuyentes hacia escalas superiores de tributación.
Este concepto de progresividad en frío es la subida de impuestos silenciosa que se produce en España cuando no se actualizan las tarifas del IRPF: cuando un trabajador ve subir su sueldo para compensar la inflación, este incremento nominal puede situarlo en un tramo impositivo superior, haciendo que pague más impuestos incluso aunque su poder adquisitivo real no haya aumentado. El economista Desiderio Romero-Jordán, citando datos de la Agencia Tributaria que se detallan en el informe, señala que la tasa de generosidad de nuestro sistema de pensiones es del 66 por ciento, lo que significa que la pensión media es equivalente a dos tercios del último salario medio. Precisamente, en otro artículo publicado en este informe, Funcas recalca que el gasto asociado a las pensiones ha crecido más rápido que el PIB español, lo que pone el foco en que el envejecimiento va a suponer uno de los mayores retos fiscales que deberá afrontar el país en los próximos años.
La mejora del IRPF es por un mayor número de ocupados, el alza de los salarios y la progresividad en frío. Esta última, sin embargo, representa un problema de equidad fiscal: los contribuyentes están pagando más impuestos no porque sus ingresos reales hayan aumentado, sino porque la inflación les empuja hacia tramos superiores de tributación sin que el sistema fiscal se haya ajustado para compensar esta pérdida de poder adquisitivo. Funcas insiste en que, más allá del ciclo de cada año, lo decisivo es el diferencial entre tipos de interés y PIB, y la solidez de las instituciones fiscales, así como las reformas que garanticen el acceso al crédito fácil en estímulos temporales que reduzcan niveles de deuda más altos a menor coste, factores que determinarán la capacidad del Estado para mantener sus compromisos sociales en el largo plazo.
Crecimiento por la demanda interna
Es incuestionable que la economía española atraviesa un momento favorable, con Funcas pronosticando un crecimiento de casi el 3 por ciento este año, cifra que más que duplica la media europea y que aparentemente seguirá impulsado por los buenos datos macroeconómicos que Funcas presenta en su informe. Sin embargo, ese ciclo expansivo se ha quedado sin el empuje de la demanda externa, lo que da al crecimiento un carácter sustentado solo por la demanda interna. El informe rescata que el PIB presentó un fuerte consumo de las familias, que explica nada menos que dos tercios del avance del PIB registrado en lo que va de año, mientras que la demanda pública y el comercio exterior restan impulso al crecimiento económico.
La razón por la cual la demanda interna explica la mayor parte del dinamismo económico, según divisan los economistas de Funcas, es que la llegada de trabajadores extranjeros al mercado laboral se ve constreñida por la escasez de vivienda disponible y asequible. El último factor mencionado por Funcas es el déficit de inversión privada, que anotó un retroceso de 5 por ciento en términos reales del 5 por ciento con respecto al nivel prepandemia. Esta trayectoria se explica, según Funcas, por la una preocupación de la falta de solidez de ciertos sectores del tejido empresarial que solo ciertas ayudas públicas de digitalización, de carácter temporal, han permitido contrarrestar. Aun así, las previsiones de crecimiento para 2026-2027 muestran que España logrará un avance del 2,9 por ciento el próximo ejercicio, impulsado principalmente por la desaceleración del turismo, de la inversión pública y del consumo privado.
Gobierno y Comisión Europea, sin embargo, son más optimistas que Funcas y esperan un avance superior al 2,9 por ciento para el próximo ejercicio. Según su informe, Funcas reclama la necesidad de que el modelo de crecimiento económico sea más equilibrado entre la demanda interna y la demanda externa, para evitar dependencias excesivas del consumo doméstico y garantizar la competitividad internacional de la economía española. Funcas detalla que el gasto asociado a envejecimiento aumentará más de cinco puntos del PIB de España hasta 2050, mientras que el crecimiento potencial del país solo sumará algo más de un punto porcentaje en ese mismo periodo. Esta brecha demográfica y económica solo podrá cubrirse mediante una mayor incorporación de población activa, especialmente de origen inmigrante, y reformas estructurales que mejoren la productividad y la competitividad de la economía española en el escenario global.