España lidera la creación de empleo en la UE con cuatro de cada diez nuevos puestos

19 mars 2026 - 09:18

La economía española generó 526.000 empleos en el último año, el 41% del total registrado en los 27 países de la Unión Europea según los datos del cuarto trimestre de 2025 publicados por Eurostat. El dato convierte a España en el motor laboral del continente en un periodo marcado por la recesión industrial alemana, aunque el país mantiene la segunda tasa de desempleo más elevada del bloque comunitario.

España vuelve a ocupar un papel central en el mapa laboral europeo. Los datos publicados por Eurostat —la agencia estadística de la Unión Europea (UE)— correspondientes al cuarto trimestre de 2025 revelan que la economía española generó 526.000 nuevos empleos en el periodo anual, lo que equivale al 41% del total de puestos de trabajo creados en el conjunto de los 27 estados miembros. En términos absolutos, el bloque comunitario sumó 1,3 millones de ocupados adicionales durante ese ejercicio, y más de cuatro de cada diez procedieron del mercado laboral español.

Este rendimiento resulta especialmente significativo si se compara con los ciclos anteriores de expansión económica. En 2018, el año de mayor creación de empleo entre la Gran Recesión y la crisis sanitaria, España sumó 523.000 nuevos ocupados, cifra que entonces representó el 31% de los puestos generados en la UE, diez puntos porcentuales por debajo de la proporción actual. En 2023, en plena recuperación pospandémica, el país ganó 734.000 empleos, en línea con los 866.000 registrados en 2021, ejercicios en los que la aportación española al total comunitario se situó entre el 36,5% y el 19%, respectivamente.

El contexto macroeconómico refuerza la singularidad del dato. El Producto Interior Bruto (PIB) español avanzó un 2,8% en 2025, y el Banco de España proyecta un crecimiento del 2,2% para 2026. El Fondo Monetario Internacional (FMI) eleva esa previsión hasta el 2,3%, situando a España entre las economías avanzadas de mayor dinamismo en el entorno europeo. Esta trayectoria contrasta con el estancamiento de las principales potencias industriales del continente, en particular de Alemania, cuya crisis de modelo ha ampliado el diferencial de comportamiento con la economía española.

El peso de España en el balance comunitario

Raymond Torres, director de Macroeconomía y Análisis Internacional de Funcas —la fundación de investigación económica vinculada a las antiguas cajas de ahorros—, señala el contraste entre la situación española y la de los países del centro del continente. Según Torres, «la economía española sigue tirando» mientras socios como Alemania atraviesan «una situación muy distinta». La menor dependencia del tejido productivo español del modelo industrial germano y una base exportadora más diversificada figuran entre los factores que los analistas identifican para explicar la brecha en el balance de empleo.

Los datos de Eurostat cuantifican ese contraste. Alemania perdió 327.000 empleos en 2025, arrastrada por la crisis de su industria manufacturera. Junto a ella, otros nueve países de la UE cerraron el ejercicio con un menor número de ocupados que en 2024, entre ellos Hungría y Rumanía. La pérdida conjunta de los diez países afectados ascendió a 504.000 puestos, magnitud que el dinamismo del mercado laboral español contribuyó de manera sustancial a compensar en el balance global del bloque, evidenciando la creciente relevancia de la economía española en el conjunto del mercado de trabajo comunitario.

La paradoja del desempleo

La coexistencia de una capacidad generadora de empleo sin precedentes con una tasa de paro sin equivalente en el entorno occidental constituye la principal contradicción del mercado laboral español. Los últimos registros disponibles, correspondientes a enero de 2026, sitúan el desempleo en el 9,8%, la primera vez desde 2008 que el indicador cae por debajo del 10%. Sin embargo, España sigue siendo el segundo país de la UE con mayor paro, en tanto la media comunitaria se ubica en el 5,8% y economías como Polonia y Alemania registran tasas del 3,1% y el 4%, respectivamente.

Torres señala que los fundamentos de la economía española «son relativamente sanos» y descarta tanto un déficit estructural de competitividad como la formación de una burbuja inmobiliaria equiparable a la de principios de siglo. El analista de Funcas sostiene que el empleo español se genera «por razones más sostenibles» que en etapas anteriores, subrayando el contraste con los ciclos de crecimiento previos, en los que la generación de ocupación estaba concentrada en sectores de baja cualificación y elevada exposición a los ciclos económicos.

Tras 39 meses encabezando la clasificación de estados miembros con mayor desempleo ajustado estacionalmente, España fue relevada en noviembre por un país escandinavo —cuya tasa supera la española en dos décimas— en lo que los analistas interpretan como un indicador de mejora relativa. A pesar de ello, la persistencia de una tasa de paro casi cuatro puntos por encima de la media comunitaria pone de manifiesto la magnitud del ajuste pendiente, independientemente del ritmo de creación de empleo registrado en los últimos ejercicios.

Claves del modelo de crecimiento

Oriol Carreras, economista sénior de CaixaBank Research, identifica dos fases en el patrón de crecimiento reciente. El buen desempeño de la economía española se apoyó inicialmente, según Carreras, «en el avance del sector exterior y el gasto público». A partir de 2025, ese protagonismo cedió paso a la demanda interna, «caracterizada por el avance del consumo privado y la inversión», lo que apunta a una maduración del ciclo con una base de crecimiento más equilibrada y menos dependiente de los estímulos exteriores.

El papel de la inmigración se perfila como otro vector explicativo del dinamismo laboral español. Carreras señala que el aumento de la población inmigrante «provee de mano de obra al mercado laboral» e impulsa al mismo tiempo el avance de la actividad económica. En un continente marcado por el envejecimiento demográfico y la contracción de la población activa en varios estados miembros, España ha convertido los flujos migratorios en un factor de dinamismo, aunque el fenómeno alimenta también el debate sobre la integración y las condiciones laborales de los trabajadores recién llegados.

El balance de 2025 sitúa a España en una posición sin precedentes dentro de la serie histórica de Eurostat, iniciada en 2008. La combinación de crecimiento económico sostenido, expansión del consumo interno e incremento de los flujos migratorios apuntala ese liderazgo en la generación de empleo. El reto pendiente es traducir esa dinámica en una reducción más acelerada del desempleo estructural, cerrando la brecha que aún separa a la economía española de los estándares laborales del centro y el norte del continente.

 

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