España entra en un nuevo ciclo de gasto militar

21 août 2026 - 10:46

El aumento de la inversión española en defensa ha dejado de concentrarse en grandes programas puntuales para extenderse a sistemas de armas, capacidades aéreas, infraestructuras, ciberdefensa, investigación y logística. BBVA Research identifica un cambio estructural en la política de defensa que refuerza el peso de la industria nacional y obliga a mantener durante los próximos años un esfuerzo presupuestario muy superior al registrado antes de la invasión rusa de Ucrania.

España ha entrado en una nueva etapa de gasto militar. Las decisiones relacionadas con defensa aprobadas por el Consejo de Ministros alcanzaron en 2025 una media anual de 4.750 millones de euros, frente a los 730 millones registrados como promedio entre 2013 y 2024. El aumento, superior al 550%, refleja una aceleración que BBVA Research considera suficientemente amplia como para hablar de un cambio estructural. No se trata del gasto total español en defensa, sino de los importes asociados a decisiones gubernamentales que permiten seguir la evolución de las prioridades inversoras.

El cambio comenzó a acelerarse después de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y se intensificó durante 2025. España, tradicionalmente situada entre los socios de la OTAN con menor esfuerzo presupuestario en defensa, alcanzó ese año el objetivo del 2% del producto interior bruto (PIB) según el criterio de la Alianza. El salto responde al Plan de Seguridad y Defensa aprobado por el Gobierno, pero mantener ese nivel exigirá continuidad presupuestaria. La cuestión ha dejado de ser únicamente cuánto aumenta el gasto en un ejercicio para convertirse en qué parte de ese esfuerzo permanecerá durante los próximos años.

De los grandes programas a una modernización más amplia

El elemento más significativo es la composición de las inversiones. Durante años, buena parte de los incrementos estaba vinculada a programas extraordinarios de adquisición de grandes sistemas. Ahora el gasto se distribuye entre prácticamente todas las áreas relevantes para las Fuerzas Armadas. Sistemas de armas, capacidades terrestres y aéreas, infraestructuras, defensa digital, investigación y desarrollo, logística, comunicaciones y munición aparecen dentro de un proceso que apunta a una modernización mucho más extensa.

Esa diversificación responde a una transformación de las necesidades militares europeas. La guerra de Ucrania ha obligado a reconsiderar existencias, capacidad industrial, mantenimiento y preparación para escenarios de alta intensidad que habían perdido peso durante décadas. La defensa ya no se limita a comprar plataformas avanzadas. Requiere asegurar cadenas logísticas, comunicaciones, munición suficiente y sistemas capaces de operar en ámbitos como el ciberespacio. El nuevo ciclo inversor español se inserta, por tanto, en un movimiento europeo más amplio hacia el fortalecimiento de las capacidades militares y una mayor autonomía estratégica.

Una industria concentrada en grandes grupos

El aumento del gasto está teniendo además consecuencias industriales. Las 15 mayores empresas adjudicatarias concentraron el 43% del importe contratado en 2025, lo que refleja el peso de un número reducido de grandes compañías capaces de participar en programas tecnológicamente complejos. Madrid, Sevilla, Albacete y Asturias figuran entre los principales polos donde se concentran actividades de diseño, fabricación e integración. La industria española tiene una presencia especialmente relevante en capacidades terrestres y navales, mientras el sector aeronáutico presenta un grado mayor de cooperación internacional.

La concentración no implica que el efecto económico termine en esas grandes empresas. Los programas de defensa movilizan cadenas de proveedores, ingeniería, electrónica, software, mantenimiento y servicios especializados. Su carácter plurianual puede ofrecer además mayor estabilidad a determinadas inversiones industriales. Pero cuanto más dependiente sea el sector de contratos públicos prolongados, mayor será también la importancia de una planificación presupuestaria estable. Un ciclo expansivo seguido de una caída abrupta del gasto dificultaría consolidar capacidades productivas que requieren inversiones y personal especializado durante largos periodos.

El 2% no cierra el debate presupuestario

El cumplimiento del objetivo del 2% del PIB supone un cambio significativo respecto a la posición que España había mantenido dentro de la OTAN. Sin embargo, alcanzar ese porcentaje en un ejercicio no garantiza su consolidación. BBVA Research advierte de que mantener el esfuerzo exigirá una senda sostenida de gasto, precisamente porque muchos programas de modernización comprometen recursos durante varios años. La política de defensa empieza así a competir de manera más visible por espacio presupuestario con otras prioridades públicas.

Ese debate crecerá si la tendencia europea continúa. El deterioro del entorno estratégico ha modificado las prioridades de los gobiernos y la Unión Europea impulsa instrumentos dirigidos a reforzar la capacidad industrial y reducir dependencias exteriores. Para España, esa transformación puede generar actividad, empleo cualificado y oportunidades para empresas integradas en programas europeos, pero también supone asumir compromisos financieros que trascienden un presupuesto anual y que deberán convivir con las necesidades de inversión social, productiva y territorial.

El alcance económico del nuevo ciclo dependerá también de cuánto gasto se traduzca en capacidades industriales propias. La presencia de empresas españolas en los ámbitos terrestre y naval ofrece una base importante, mientras la cooperación europea resulta especialmente relevante en los programas aeronáuticos y tecnológicos más complejos. El aumento de la demanda europea puede favorecer igualmente las exportaciones de la industria española, especialmente hacia otros socios de la Unión, reforzando un sector que durante los próximos años tendrá previsiblemente un peso mayor dentro de la política industrial.

España ha pasado así de discutir cómo acercarse al objetivo aliado a afrontar las consecuencias de haber alcanzado un nivel de gasto considerablemente superior al de la década anterior. El cambio no consiste únicamente en comprar más equipamiento. Supone desarrollar capacidades, sostener una industria y comprometer recursos durante años en un escenario internacional que ha convertido la defensa en una prioridad estructural. La incógnita ya no es si el gasto militar ha aumentado. Es cuánto de ese aumento ha llegado para quedarse.

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