La economía española cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%, confirmando una senda de expansión claramente superior a la media de la eurozona y afianzando su posición como una de las economías más dinámicas del continente. Así lo refleja la primera estimación publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que atribuye este desempeño al tirón de las exportaciones, al consumo interno y, de manera decisiva, al empuje del sector turístico.
Aunque la cifra queda levemente por debajo del 2,9% anticipado por el Gobierno, supone más del doble del crecimiento esperado para el conjunto de la eurozona en 2025 y confirma la resiliencia de la cuarta economía del área del euro en un contexto internacional marcado por la desaceleración y la incertidumbre geopolítica. Tras el fuerte avance de 2024 (+3,5%), la moderación era previsible, pero no ha impedido que España mantenga un diferencial positivo frente a sus socios europeos.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, celebró los datos subrayando que España “crece al doble del ritmo de la zona euro”, un mensaje que el Ejecutivo ha convertido en eje central de su relato económico. Más allá del discurso político, los indicadores respaldan la idea de una expansión relativamente equilibrada, con aportaciones tanto del sector exterior como de la demanda interna.
Uno de los pilares de este crecimiento ha sido el turismo. En 2025, España recibió 97 millones de visitantes extranjeros, una cifra récord que ha tenido un efecto arrastre sobre el empleo, el consumo y la recaudación fiscal. A ello se suma la inversión empresarial, especialmente en grandes áreas urbanas como Madrid, donde el capital extranjero ha seguido fluyendo, atraído por la estabilidad macroeconómica y las oportunidades en sectores como los servicios avanzados y la tecnología.
El cierre del año también dejó señales positivas en el tramo final: en el cuarto trimestre, el PIB avanzó un 0,8%, según el INE. Este dato se encuadra en una semana especialmente favorable para la economía española, con la confirmación de que el desempleo cayó por debajo del 10% por primera vez desde 2008 y de que la inflación se moderó en enero hasta el 2,4% interanual.
La combinación de crecimiento, creación de empleo y contención de precios ha tenido un impacto directo sobre los hogares. El propio Ministerio de Economía destaca que en 2025 los salarios crecieron alrededor de 1,5 puntos por encima de la inflación, lo que se tradujo en una mejora del poder adquisitivo tras años de tensión inflacionaria. Este factor explica en parte la solidez del consumo privado, uno de los motores de la actividad.
En este contexto, el Gobierno de Pedro Sánchez prepara un plan de regularización extraordinaria de inmigrantes en situación irregular que podría beneficiar a cerca de 500.000 personas, en su mayoría procedentes de América Latina. El Ejecutivo defiende la medida como una respuesta económica y demográfica al envejecimiento de la población activa, en contraste con la línea más restrictiva adoptada por otros países europeos.
Las perspectivas para 2026 apuntan a una cierta desaceleración, pero sin ruptura del ciclo expansivo. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco de España prevén un crecimiento en torno al 2,2–2,3%, cifras que seguirían situando a España por encima de la media europea. Todo ello, pese a la ausencia de nuevos Presupuestos Generales del Estado desde 2023, un bloqueo político que, por ahora, no parece haber frenado la dinámica económica.
Con estos datos, 2025 se consolida como un año de normalización y fortaleza para la economía española: menos exuberante que la salida inmediata de la pandemia, pero más sostenible, con fundamentos que explican por qué España sigue destacando en el panorama europeo.