El impuesto a las remesas de Trump: cuando la migración paga el precio de la política

07 juillet 2025 - 10:43

Donald Trump acaba de firmar una ley que impone un impuesto del 1% a todas las remesas enviadas desde Estados Unidos. La medida busca, según sus promotores, “reforzar la seguridad económica y fronteriza”. Sin embargo, penaliza directamente a los migrantes, sean documentados o no, y contradice la lógica de cualquier economía sana.

Los datos son simples. Según el Banco Mundial, Estados Unidos es el mayor emisor de remesas en el mundo, con más de 650.000 millones de dólares enviados en 2023. México, India, China, Filipinas y Centroamérica aparecen entre los principales destinos. Con esta ley, un millón y medio de dólares menos llegarán cada año a México, por ejemplo. Y aunque la cifra parezca menor en términos de PIB, su impacto se sentirá en las familias que dependen de ese dinero para comer, educar a sus hijos o pagar un médico.

El discurso republicano insiste en que los migrantes representan una carga fiscal. La paradoja es que este impuesto afecta justamente a quienes contribuyen silenciosamente a sostener economías completas. Las remesas no son “dinero fácil” ni fondos ilícitos. Son horas trabajadas limpiando casas, cosechando, cuidando ancianos o construyendo carreteras.

Además, el impuesto va contra los compromisos internacionales de reducir los costos de envío de remesas. Tanto los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU como el Pacto Mundial para la Migración Segura piden lo contrario: abaratar las transferencias. Pero en la lógica electoral de Trump, sumar impuestos a los migrantes es un mensaje potente, aunque resulte ineficaz.

Expertos advierten que el efecto será inverso al deseado. Al reducir los ingresos de las familias en países pobres, se estimulará la migración irregular. Si un hijo se queda sin matrícula, si la comida no alcanza, si no hay medicinas, la gente se moverá. También crecerán las vías informales de envío de dinero, con el riesgo de fraudes y redes ilegales.

Este impuesto no es solo un golpe a los bolsillos de los migrantes. Es un castigo moral. Es recordarle al migrante su lugar en la escala política de Trump: el último eslabón, el que no vota, el que no importa, pero que paga. Todo para recaudar 10.000 millones en diez años, apenas un suspiro en el presupuesto federal.

La migración siempre será un tema incómodo para los gobiernos que la miran como amenaza y no como realidad. Este impuesto no frenará el flujo humano que busca un salario digno. Solo hará más costosa la vida de quienes ya pagan con trabajo, silencio y distancia su derecho a existir.

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