La patronal Aecoc, que agrupa a más de 35.000 empresas de la industria y la distribución, alertó ayer en Barcelona de que el sector ya no podrá seguir absorbiendo el encarecimiento energético derivado de la guerra de Irán sin trasladarlo al precio de los alimentos. Su presidente, Ignacio González, advirtió de que la situación «no se podrá mantener durante mucho tiempo», mientras el 78,4% de las compañías del sector anticipa una caída del consumo privado.
Fabricantes de alimentos y cadenas de distribución han comenzado a reconocer en público lo que llevan meses gestionando en privado: el margen para seguir conteniendo los precios se está agotando. La patronal Aecoc, que agrupa a más de 35.000 compañías de la industria y la distribución españolas, lanzó ayer esa advertencia en su asamblea general celebrada en Barcelona, en un sector que representa cerca del 25% del Producto Interior Bruto (PIB) nacional y emplea a más de cuatro millones de personas.
Ignacio González, presidente de Aecoc, defendió que la cadena del gran consumo ha actuado durante meses como amortiguador del choque energético provocado por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. «Nuestro sector en muchos casos retarda o contrae la inflación», afirmó. Esa función tiene un límite y, según González, se está aproximando: la situación «no se podrá mantener durante mucho tiempo», admitió. El Índice de Precios de Consumo (IPC) repuntó en marzo hasta el 3,4%, con el componente alimentario entre los principales impulsores del alza.
Márgenes al límite tras meses de contención
Las cifras internas que maneja Aecoc revelan el deterioro acumulado. La mayoría de las empresas mejoró sus resultados en 2025 y arrancó 2026 con signo positivo, pero el 36% ha revisado ya a la baja sus previsiones para este ejercicio y casi la mitad identifica el aumento de costes como el principal riesgo. El encarecimiento del combustible y de las materias primas, incluidos los fertilizantes que afectan directamente al campo, constituye el primer eslabón de una cadena que termina en la cesta de la compra.
Los fabricantes y distribuidores han recurrido a planes de eficiencia interna y a la restricción de márgenes para evitar que el choque llegara al consumidor. Esa estrategia ha funcionado mientras el conflicto se mantenía en una fase relativamente contenida, pero la prolongación de la guerra está erosionando su efectividad. Un informe elaborado a partir de la opinión de más de 200 directivos del sector advierte de que la resistencia tiene límites claros y que, de persistir las tensiones actuales, el traslado a los precios finales se volverá ineludible.
El consumidor, factor determinante
González situó al comprador en el centro del diagnóstico con una formulación que condensa la psicología de los ciclos económicos. «Las crisis empiezan y terminan cuando el consumidor piensa que empiezan y terminan», afirmó el presidente de Aecoc. Los primeros signos de agotamiento ya son visibles: el comportamiento del comprador se vuelve más prudente, con mayor tendencia al ahorro y a la búsqueda de alternativas más baratas. El 78,4% de las compañías consultadas considera que sus clientes recortarán las compras y preferirán quedarse en casa para ahorrar.
Las estimaciones del sector sitúan el IPC medio de 2026 en torno al 3,6%, una cifra que refleja las presiones energéticas del conflicto y supera el nivel de confort que las empresas necesitan para planificar con certeza. A esta presión exterior se suman señales internas de desgaste: la caída del gasto privado podría intensificarse en los próximos meses si la guerra persiste, en un contexto en el que España cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%, superior al de la media europea en el último trimestre, aunque las previsiones apuntan ya a una desaceleración.
Lo que el sector pide al Gobierno
Frente a este escenario, los empresarios consultados por Aecoc reclaman margen fiscal adicional. La demanda es doble: que el Gobierno deflacte el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) para los tramos bajos y medios, y que rebaje el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) aplicado a los alimentos, de modo que los hogares dispongan de mayor capacidad de gasto. Ambas medidas fueron descartadas por el Ejecutivo al convalidar el decreto anticrisis la semana pasada, que concentró las rebajas en el IVA de los carburantes y la energía.
La asamblea contó también con la presencia de Carlos Díaz-Rosillo, ex subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional en el Pentágono entre 2017 y 2021, invitado para ofrecer al sector una lectura del comportamiento de la Administración Trump. Díaz-Rosillo sostuvo que el presidente estadounidense «no odia Europa, al contrario, la admira», y argumentó que el verdadero adversario de Washington en el tablero global no es el continente europeo sino China, en un mensaje orientado a reducir la percepción de amenaza entre los directivos presentes.
La variable que el sector considera determinante para todos sus cálculos es la duración del conflicto. Si la guerra se prolonga, el equilibrio actual difícilmente podrá sostenerse y el traslado de costes al precio final se volvería prácticamente inevitable. Si se resuelve en un plazo razonable, la capacidad de absorción de la cadena podría recuperarse sin un impacto grave sobre el poder adquisitivo de los hogares. Las previsiones actuales no apuntan, de momento, a ninguna de las dos resoluciones con certeza suficiente.