Cuando escuché el dato, me quedé pensando: un déficit comercial de 1 352 millones de dólares solo en abril es demasiado alto. Y más si se compara con el mismo mes del año pasado: el DANE reporta que las importaciones fueron 5 474 millones y las exportaciones 4 121 millones, con una caída del 6,5 % en estos últimos años ¿Dónde está el problema? .
Eso significa que el déficit subió un 20 % en un solo mes. Y en lo que va de año, ya suma 4 710 millones, un incremento del 30 % frente al mismo periodo del 2024.
¿Cómo se explica? Las importaciones bajaron apenas 1 %,pero las exportaciones cayeron más de 6 %. Los productos colombianos no están encontrando mercado, y las entradas de capital por ventas al exterior van en picada.
Las consecuencias son claras. Para el país es un golpe al crecimiento. Si sigue entrando más de lo que sale, el peso pierde valor, sube la inflación y cuesta más financiarse. El déficit persistente no es solo un número: es presión económica real para la gente y para el gobierno.
La deuda pública y el déficit fiscal ya son temas preocupantes. La banca internacional monitorea estos datos de cerca y advierte que hay riesgos para el rating país. Cada vez será más caro pedir prestado si no reducimos el rojo comercial .
La solución no es sencilla. Colombia necesita vender más al exterior, diversificar el destino de exportaciones y fortalecer los sectores productivos. No basta con recortar gastos. Se requiere reactivar la industria, mejorar la logística y buscar mercados más allá de los tradicionales.
Este déficit no es un dato técnico. Es señal de que el motor económico va a medio gas. Si no actuamos, los efectos llegarán al bolsillo de todos. Y en un año electoral, decisiones pausadas no son opción.