La Comisión Europea considera que la actual escalada militar en Oriente Medio no amenaza por ahora la seguridad de suministro energético de la Unión Europea, aunque sí existe una creciente inquietud por el impacto que el conflicto podría tener en los precios del gas y del petróleo si la crisis se prolonga.
Fuentes comunitarias explicaron en Bruselas que el bloque europeo importa relativamente pocos hidrocarburos directamente de la región, lo que reduce el riesgo de interrupciones inmediatas en el abastecimiento. No obstante, advierten de que el mercado energético es global y cualquier perturbación en zonas clave puede repercutir rápidamente en los precios.
Para evaluar la situación, la Comisión reunió esta semana a los grupos de coordinación de gas y petróleo de la UE, en encuentros que contaron con representantes de varios Estados miembros y de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Dependencia limitada del gas de Oriente Medio
Según datos recientes de Eurostat, el gas natural licuado procedente de Catar representa alrededor del 6 % del suministro total de gas que llega al mercado europeo. En contraste, Estados Unidos se ha consolidado como el principal proveedor de GNL para la UE, con casi el 60 % de las importaciones, seguido a distancia por Rusia, Argelia y Nigeria.
Este mayor grado de diversificación es, según Bruselas, uno de los principales cambios respecto a la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. Desde entonces, la Unión ha acelerado la búsqueda de proveedores alternativos y la expansión de infraestructuras de GNL.
El analista energético Georg Zachmann, del centro de estudios Bruegel, coincide en que el riesgo inmediato de escasez es limitado, pero advierte de que los precios podrían reaccionar con fuerza si la tensión geopolítica se agrava.
Actualmente, los contratos de futuros del gas en Europa se sitúan en torno a 49 euros por megavatio hora, mientras que los mercados prevén una moderación hacia finales de la década.
Un invierno con reservas más ajustadas
Otro factor que observan los expertos es el nivel de almacenamiento de gas en la UE, que ronda el 29 % de capacidad, el nivel más bajo al final del invierno en los últimos cuatro años.
Aunque estas reservas permiten cubrir la demanda inmediata, algunos analistas temen que una reposición tardía durante el verano pueda generar tensiones en el mercado si persiste la incertidumbre internacional.
El estrecho de Ormuz, punto sensible del petróleo
En el caso del petróleo, uno de los principales focos de atención es el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del crudo mundial.
La exposición directa de la UE es relativamente moderada —en torno al 9 % del petróleo que consume pasa por esta ruta—, pero una eventual interrupción del tráfico marítimo tendría efectos globales sobre los precios.
Actualmente, los principales proveedores de petróleo para Europa son Noruega, Estados Unidos y Kazajistán, seguidos por países como Libia, Arabia Saudí, Nigeria e Irak.
Un impacto más económico que físico
Para Anna Crawford, especialista del Centro de Política Europea, la seguridad energética del bloque no parece comprometida a corto plazo, pero el riesgo real se encuentra en la volatilidad de los precios, que podría afectar a la competitividad industrial europea.
“La energía sigue siendo uno de los puntos vulnerables de la economía europea, incluso en tiempos de estabilidad”, señala.
Ante este escenario, Bruselas prevé nuevas reuniones de coordinación energética en las próximas semanas, con el objetivo de seguir de cerca la evolución de los mercados y preparar posibles respuestas si la crisis se prolonga.