Los negociadores del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea alcanzaron en la madrugada del miércoles un acuerdo sobre el texto definitivo del pacto comercial con Estados Unidos, diez meses después del encuentro de Turnberry entre Donald Trump y Ursula von der Leyen. El marco elimina los aranceles a los productos industriales estadounidenses a cambio de un tope del 15% sobre las exportaciones europeas. El acuerdo debe ser ratificado en el pleno del Parlamento previsto entre el 15 y el 19 de junio.
Los negociadores del Parlamento Europeo, el Consejo de la Unión Europea (UE) y la Comisión Europea cerraron en la madrugada del miércoles, tras cinco horas de negociación, el texto definitivo del pacto comercial con Estados Unidos (EE.UU.) que lleva diez meses pendiente de tramitación legislativa. El acuerdo fue anunciado por Chipre, que ostenta este semestre la presidencia rotatoria del Consejo, y abre el camino para que la UE cumpla su parte del compromiso alcanzado en julio de 2025 en el complejo de golf de Turnberry, en Escocia, antes de la fecha límite del 4 de julio impuesta por el presidente estadounidense Donald Trump. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró el resultado con una frase que resume la posición del Ejecutivo comunitario: «Un acuerdo es un acuerdo, y la UE honra sus compromisos».
El marco comercial acordado establece la eliminación de los impuestos a un número amplio de productos industriales estadounidenses y otorga acceso preferente a determinados bienes agrícolas que entran al mercado comunitario. A cambio, Washington aplica un arancel del 15% a la mayoría de las exportaciones europeas. El texto todavía debe superar dos trámites antes de convertirse en norma aplicable: la validación por la comisión de Comercio Internacional de la Eurocámara en una reunión extraordinaria, y la votación del pleno entre el 15 y el 19 de junio. Tras ese paso, los Estados miembros deberán dar el visto bueno final en el Consejo.
Diez meses de negociaciones con frenazos
El camino hasta el acuerdo de la madrugada del miércoles ha sido considerablemente accidentado. Desde el apretón de manos entre Trump y Von der Leyen en Turnberry en julio de 2025, el proceso de ratificación se fue retrasando por las reticencias del Parlamento Europeo, que a comienzos de año bloqueó la tramitación durante un par de meses. El detonante fue la actitud de Trump: sus amenazas anexionistas sobre Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa, y sus ataques a los países europeos que participaron en maniobras militares de apoyo a la isla ártica generaron un clima de desconfianza que la Eurocámara trasladó al proceso de ratificación.
La urgencia para cerrar el acuerdo se intensificó a comienzos de mayo, cuando Trump acusó a la UE de dar largas a la ratificación y amenazó con imponer aranceles del 25% a los coches y camiones europeos si el bloque no cumplía su parte antes del 4 de julio. Alemania, cuya industria del automóvil es la más expuesta a esa amenaza, presionó para acelerar el proceso junto a otros Estados miembros que reclamaban un cierre rápido. Una llamada telefónica entre Von der Leyen y Trump permitió ganar tiempo suficiente para que los negociadores de Parlamento y Consejo retomaran las conversaciones. El resultado llegó al filo de las dos de la madrugada del miércoles.
Lo que el Parlamento ganó y lo que cedió
El texto final incorpora varias de las cláusulas de salvaguarda que el Parlamento Europeo había reclamado como condición para su respaldo. La más relevante es una cláusula de caducidad: el acuerdo expirará a finales de 2029, a menos que ambas partes acuerden una prórroga, fecha que coincide con el final del segundo mandato de Trump. Además, el texto permite a la Comisión suspender el pacto si Washington sube repentinamente los aranceles o si EE.UU. no reduce los gravámenes sobre el acero y el aluminio antes de que concluya el año. Un mecanismo de salvaguarda adicional protege a sectores como la agricultura en caso de distorsiones de mercado derivadas de las ventajas concedidas a las importaciones estadounidenses.
A cambio, los negociadores del Parlamento tuvieron que renunciar a dos exigencias de partida. La primera fue la llamada «cláusula del amanecer», que condicionaba la eliminación de los aranceles europeos a que EE.UU. levantara previamente los suyos sobre el acero y el aluminio. La segunda fue la petición de no aplicar el acuerdo hasta que Washington cumpliera completamente sus compromisos. El jefe negociador parlamentario, el socialdemócrata alemán Bernd Lange, valoró el resultado como un avance neto: «Hemos mejorado significativamente la propuesta de la Comisión Europea al garantizar mayores salvaguardas para la economía de Europa».
Los flecos que quedan sobre la mesa
El acuerdo político no disipa todos los interrogantes. El pacto de Turnberry fue declarado ilegal por el Tribunal Supremo de EE.UU., que consideró que los aranceles masivos aplicados por Trump superaban su competencia ejecutiva. Para esquivar ese fallo, la Casa Blanca recurrió a una norma temporal que mantiene el tope del 15% a la espera de que el Congreso apruebe una regulación definitiva. Esa incertidumbre jurídica en el lado estadounidense es uno de los elementos que más preocupan a los socios europeos, ya que la solidez del acuerdo depende en parte de una arquitectura normativa que Washington todavía no ha consolidado.
El capítulo del acero y el aluminio sigue sin resolverse. Trump elevó los aranceles sobre esos productos al 50% semanas antes del acuerdo de Turnberry, y ese gravamen no está cubierto por el pacto. La Eurocámara no logró incluir en el texto final ningún mecanismo automático que vincule la aplicación del acuerdo europeo a la reducción de esas tasas. La ratificación formal del pleno en junio despejaría la última incógnita institucional del lado comunitario, pero el margen real de la UE para responder si Trump decide incumplir su parte sigue siendo más estrecho de lo que los negociadores parlamentarios habrían deseado.