Un tribunal federal de apelaciones de Estados Unidos declaró ilegales la mayoría de los aranceles globales impuestos por Donald Trump, abriendo una batalla judicial que amenaza con redefinir los límites del poder presidencial en materia comercial.
El fallo, aprobado por siete votos contra cuatro, supone un duro golpe a la estrategia proteccionista de Trump. Desde que regresó a la Casa Blanca en enero, el republicano ha convertido los aranceles en una pieza central de su política económica: tasas que oscilan entre el 10% y el 50% aplicadas a aliados y rivales por igual, bajo la bandera de un nacionalismo económico que él mismo bautizó como “tarifas recíprocas”.
Los jueces, sin embargo, concluyeron que la ley de emergencias invocada por Trump —la IEEPA— no le concede la facultad explícita de imponer tributos de este alcance. La decisión suspende la ejecución hasta octubre, lo que da tiempo al gobierno para recurrir ante la Corte Suprema. Trump reaccionó de inmediato, acusando a la corte de actuar de manera “politizada” y prometiendo que el máximo tribunal corregirá el rumbo.
Más allá del enfrentamiento jurídico, el caso deja varias lecturas. La primera es institucional: el fallo marca un límite al uso expansivo de decretos ejecutivos en nombre de la seguridad nacional. En una época en la que el presidencialismo norteamericano se ha fortalecido de forma notable, la sentencia recuerda que los jueces aún pueden trazar fronteras al poder.
La segunda lectura es económica y geopolítica. Los aranceles de Trump han generado ingresos multimillonarios y se han usado como palanca de presión en acuerdos con la Unión Europea, Canadá o México. Si la Corte Suprema confirma la ilegalidad de estas medidas, miles de empresas podrían reclamar reembolsos y la política comercial estadounidense quedaría en entredicho justo cuando Washington busca sostener su influencia en la competencia global con China.
El tercer plano es político. Trump ha hecho del proteccionismo un eje de identidad frente a sus bases. Presentar la eliminación de los aranceles como una “catástrofe” forma parte de su estrategia de movilización, donde cada revés judicial alimenta la narrativa del líder acosado por élites hostiles.
Para América Latina, el fallo también tiene resonancia. Durante años, los países de la región han sufrido el vaivén de las medidas arancelarias de Washington. La decisión judicial abre la posibilidad de un escenario más previsible, aunque el horizonte dependerá de lo que decida la Corte Suprema.
Más que tarifas, lo que se discute es si Estados Unidos seguirá imponiendo su proteccionismo como norma o si deberá replegarse hacia un marco comercial multilateral. Entre el proteccionismo a ultranza y la defensa del multilateralismo, el camino que elijan sus instituciones marcará el tono de una década en la que el orden económico global sigue buscando equilibrio.