El Banco Central Europeo (BCE) publicó esta semana un estudio que revela un cambio estructural en la red comercial de la Unión Europea. Según sus datos, los socios comerciales de Europa son hoy menos democráticos que hace 25 años, debido a dos factores clave: el auge de China como proveedor y el deterioro democrático en varios países exportadores.
Para medir esta tendencia, el BCE creó un indicador llamado índice de comercio ponderado por democracia (DWTI), que evalúa la calidad democrática de los países con los que Europa comercia. Entre 1985 y finales de los 90, este índice creció de manera sostenida, hasta alcanzar un máximo histórico de 0,59 puntos en 1999 sobre un valor máximo de 1.
Sin embargo, desde entonces la trayectoria se invirtió. Entre 1999 y 2022, el DWTI retrocedió un tercio, hasta alcanzar su mínimo histórico de 0,41. El informe explica que esta caída responde principalmente al crecimiento del comercio con China, país que ocupa el puesto 172 de 179 en el índice global de democracia. Desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, uno de cada cinco productos importados por Europa proviene de allí.
El BCE recalculó el índice excluyendo a China para analizar su efecto distorsionador. Aun así, el retroceso sigue presente: de 0,629 en 1999 a 0,499 en 2022. Es decir, incluso sin considerar a China, la calidad democrática de los socios comerciales de la UE ha disminuido. El estudio identifica dos razones: la relocalización de industrias europeas en países con menor calidad democrática y el retroceso de la democracia en Estados que antes eran considerados democracias plenas.
Los autores no emiten juicios de valor sobre la política exterior europea, pero señalan que este nuevo patrón implica riesgos, tanto de dependencia estratégica como de vulnerabilidad política. Según el BCE, estas cifras reflejan un cambio global que afecta a todas las economías avanzadas, pues la manufactura y los recursos energéticos están cada vez más concentrados en naciones autoritarias o en vías de retroceso democrático.
El informe destaca que, aunque en 2023 el índice mejoró ligeramente debido a la disminución del comercio con Rusia tras las sanciones, el nivel general sigue muy por debajo del alcanzado a finales del siglo pasado.
Para los lectores latinoamericanos, este estudio muestra un panorama revelador: mientras Europa promueve estándares democráticos en la esfera política y diplomática, su realidad comercial depende cada vez más de proveedores con modelos opuestos de gobernanza. Un dato que invita a repensar la inserción latinoamericana en un mercado donde las cadenas de suministro y la geopolítica ya no responden solo a valores compartidos, sino a la competitividad y al acceso preferencial.
Todas estas conclusiones provienen exclusivamente del estudio del Banco Central Europeo, que no incluye análisis geopolíticos sobre América Latina, pero deja en claro que la democracia ya no es el factor decisivo para los flujos de comercio globales.