La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alertó este miércoles de que la guerra en Oriente Medio está agravando las perspectivas económicas mundiales. El encarecimiento de la energía, las tensiones en las cadenas de suministro y el aumento de la inflación han llevado al organismo a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para 2026.
La economía mundial afronta un horizonte más incierto del previsto hace apenas unos meses. En su último informe de perspectivas económicas, la OCDE advirtió de que la prolongación del conflicto en Oriente Medio amenaza con ralentizar la actividad económica global y reavivar las presiones inflacionistas en numerosos países.
El organismo, con sede en París, rebajó las previsiones que había presentado en marzo y planteó dos escenarios distintos en función de la evolución del conflicto y de sus consecuencias sobre los mercados energéticos y el comercio internacional.
Según su escenario principal, el crecimiento mundial se desacelerará del 3,4 % registrado en 2025 al 2,8 % en 2026. Sin embargo, si las perturbaciones derivadas de la guerra se prolongan hasta 2027, la expansión económica podría reducirse hasta el 2,1 %, acercando a algunas economías al riesgo de recesión.
El informe atribuye este deterioro al impacto de la guerra que enfrenta a Estados Unidos, Israel e Irán, así como a las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo para el transporte de petróleo y gas.
“El choque energético derivado del conflicto en Oriente Medio es real y grave. Está generando un aumento de los costes y de la incertidumbre para hogares y empresas en todo el mundo”, afirmó el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, durante la presentación del informe.
La organización considera que las consecuencias económicas del conflicto podrían prolongarse incluso después del cese de las hostilidades debido a la reconstrucción de infraestructuras dañadas, la reorganización de las cadenas logísticas y la persistencia de la incertidumbre geopolítica.
Las economías asiáticas figuran entre las más expuestas por su dependencia de las importaciones energéticas procedentes de Oriente Medio. No obstante, la OCDE subraya que el impacto tendrá alcance global debido a la fuerte integración de los mercados energéticos y de las cadenas de suministro internacionales.
En este contexto, la economía estadounidense crecería un 2 % en 2026, mientras que China avanzaría un 4,5 % e India mantendría el mayor ritmo de crecimiento entre las grandes economías, con un 6,3 %.
La zona euro registraría una expansión mucho más moderada, del 0,8 %. España volvería a situarse entre las economías más dinámicas del bloque con un crecimiento estimado del 2,2 %, por delante de Alemania y Francia, ambas con una previsión del 0,7 %.
En América Latina, la OCDE mejoró ligeramente su previsión para Brasil, hasta el 1,6 %, mantuvo sin cambios la de Argentina en el 2,8 % y rebajó la de México al 1,3 %.
La organización prevé además un repunte de la inflación en los países del G20, que pasaría del 3,4 % en 2025 al 4 % en 2026, antes de moderarse nuevamente en 2027 a medida que se estabilicen los precios de la energía y de los alimentos.
Ante este escenario, la OCDE insta a los gobiernos a reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados, diversificar las fuentes de energía y acelerar las inversiones en tecnologías energéticas alternativas. También recomienda a los bancos centrales mantener una vigilancia estrecha sobre la evolución de los precios y actuar con flexibilidad para evitar que el nuevo choque energético termine afectando de forma permanente al crecimiento económico.
El informe advierte igualmente de que sectores estratégicos de alto consumo energético, como la inteligencia artificial y los centros de datos, podrían verse afectados si persisten las dificultades de abastecimiento y la volatilidad de los mercados energéticos.