La guerra en Oriente Medio entra en su cuarto día con un efecto inmediato sobre la economía global: el crudo se encarece con fuerza y las bolsas registran pérdidas generalizadas, en un clima marcado por el miedo a un nuevo ciclo inflacionario.
El epicentro de la tensión está en el estratégico Estrecho de Ormuz, paso obligado para cerca del 20% del petróleo mundial y del gas natural licuado (GNL). Aunque no existe un cierre formal, el tránsito se ha reducido drásticamente. Varias navieras han suspendido operaciones ante el aumento vertiginoso de las primas de seguro, lo que equivale, en la práctica, a un bloqueo parcial.
El crudo y el gas, en escalada
En este contexto, el barril de Brent del mar del Norte para entrega en mayo subía más de un 5% y se aproximaba a los 82 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense avanzaba en torno al 5%, superando los 75 dólares.
El gas natural también refleja la tensión. El contrato de referencia europeo TTF en Países Bajos se disparaba más de un 20%, tras conocerse que la empresa estatal QatarEnergy interrumpió parte de su producción de GNL a raíz de ataques iraníes contra instalaciones estratégicas. A ello se suma la suspensión parcial de operaciones en una gran refinería saudí.
La región concentra una parte sustancial de la oferta energética mundial. Cualquier interrupción —incluso temporal— altera el equilibrio entre oferta y demanda, presionando al alza los precios y alimentando expectativas de inflación.
Bolsas en rojo
Las plazas europeas reaccionaron con caídas superiores al 2% en París, Fráncfort y Londres, mientras Milán y Madrid registraban descensos aún más pronunciados. En Asia, la volatilidad fue más intensa: el índice Kospi de Seúl perdió más de un 7%, y el Nikkei de Tokio retrocedió en torno al 3%.
La dinámica recuerda episodios recientes en los que los mercados han reaccionado con brusquedad ante shocks geopolíticos. No obstante, algunos analistas subrayan que, por ahora, los movimientos no alcanzan la magnitud observada durante la crisis financiera de 2008, la pandemia o el inicio de la guerra en Ucrania.
Deuda bajo presión y oro en alza
El mercado de deuda tampoco escapa a la tensión. Los inversores reducen posiciones en bonos soberanos ante la posibilidad de que un petróleo caro prolongue la inflación y complique la política monetaria. La rentabilidad del bono alemán a diez años —referencia en la eurozona— repuntaba hasta el 2,78%.
Desde el Banco Central Europeo, su economista jefe, Philip Lane, advertía que el impacto dependerá de la duración y extensión del conflicto.
En paralelo, el oro —activo refugio por excelencia en contextos de incertidumbre— consolidaba posiciones por encima de los 2.300 dólares la onza, reflejo de una búsqueda de cobertura frente a riesgos geopolíticos y presiones inflacionarias.
Una economía en equilibrio precario
El conflicto introduce un nuevo factor de inestabilidad en una economía global que aún no ha absorbido completamente las consecuencias de las anteriores crisis energéticas. Si la escalada se prolonga o afecta de manera directa a infraestructuras clave, el encarecimiento del crudo podría trasladarse rápidamente a los precios de transporte, producción y consumo.
Más allá de los gráficos bursátiles, la pregunta que sobrevuela los mercados es clara: ¿se trata de un shock puntual o del inicio de un ciclo prolongado de tensión energética? La respuesta dependerá tanto del frente militar como de la capacidad diplomática para contener la crisis.