FMI y Banco Mundial cierran sus reuniones de primavera bajo la sombra económica de la guerra contra Irán

18 avril 2026 - 09:16

Washington – Las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial concluyen este viernes en Washington con una advertencia insistente: la guerra contra Irán ya está provocando daños económicos globales y podría desencadenar una crisis mucho más profunda si el conflicto se prolonga.

Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial coinciden en que el impacto ya se percibe en la inflación, el precio de la energía, la deuda soberana y la desaceleración del crecimiento mundial.

El FMI redujo su previsión de crecimiento global al 3,1 % para 2026 y al 3,2 % para 2027, alertando de que la guerra en Oriente Medio amenaza tanto la recuperación económica como el proceso de desinflación. El principal foco de preocupación sigue siendo el estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita una parte esencial del comercio mundial de petróleo y gas. Si la tensión persiste, el precio del crudo podría superar los 100 dólares por barril, con riesgo real de recesión global.

Las economías emergentes aparecen como las más vulnerables. El Banco Mundial estima que su crecimiento podría caer de forma considerable si el conflicto se agrava, mientras millones de personas podrían verse empujadas a una mayor inseguridad alimentaria por el alza de los precios de los alimentos y los combustibles. América Latina ya figura entre las regiones bajo mayor vigilancia por su fragilidad fiscal y su dependencia energética.

En Europa, el FMI ha advertido contra la tentación de repetir los errores de la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania. Rechaza subsidios generalizados y topes indiscriminados a los combustibles, recomendando en cambio ayudas focalizadas y temporales para los sectores más vulnerables.

Mientras tanto, el Banco Mundial y el FMI preparan paquetes de financiación de emergencia para amortiguar el impacto en los países más expuestos, aunque los expertos insisten en que la liquidez no bastará sin reformas estructurales y alivio real de la deuda.

Más allá de las cifras, el mensaje político es claro: la guerra contra Irán ya no se percibe como una crisis regional, sino como un factor de desestabilización sistémica. Washington cierra así sus reuniones no con optimismo financiero, sino con la conciencia de que una prolongación del conflicto puede transformar una crisis temporal en una fractura económica duradera.

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