¿Estamos ad-portas de una crisis económica y financiera global?

11 novembre 2025 - 17:25

El Dr. Ricardo Chica, investigador, profesor y columnista, analiza la confluencia de múltiples factores que advierten la inminencia de una crisis económica y financiera global. Desde la burbuja financiera, la política comercial de Estados Unidos, la competencia con China, el desgaste y pérdida de credibilidad del dólar, el endeudamiento mundial y la tensión geopolítica, todos configuran la posible tormenta global.

El auge bursátil prolongado, situado muy por encima del crecimiento real de la economía, advierte o anuncia una “corrección severa”. Ricardo Chica abunda en su planteamiento al señalar que el índice de Buffett (el valor total de las acciones dividido por el PIB) está en niveles extremos, “los mismos que llevaron al propio Buffett a salir del mercado”. Y, en ese sentido: “Cuando la riqueza financiera se separa de la riqueza material, la corrección no es una probabilidad: es una consecuencia”, observa el economista y filósofo.

Desde 2022 los bonos de corto plazo pagan más que los de largo plazo y eso significa que los inversionistas consideran que el riesgo inmediato es mayor que el riesgo futuro. “Cuando predomina la expectativa de deterioro, las decisiones de inversión y gasto se retraen. En economía, las expectativas son autorrealizables: el temor induce decisiones defensivas que adelantan la caída”, analiza el experto.

Además, el retorno al mercantilismo y el efecto de la política actual de la Casa Blanca también tendrá consecuencias, es decir, la política comercial de Donald Trump que intenta corregir el déficit externo con la imposición de aranceles está omitiendo otras realidades, como que el déficit externo estadounidense refleja el déficit fiscal y un nivel de consumo mayor que el ahorro interno, dice el economista. “Volver al mercantilismo no soluciona ese problema”.

A lo anterior se añade que la propuesta de reindustrializar Estados Unidos se enfrenta a un obstáculo mayor: “la industria no se trae de regreso por decreto”. Los sistemas productivos complejos requieren décadas de acumulación tecnológica, redes de proveedores estables y formación de capacidades. Por tanto, la presión para revertir las cadenas de valor está rompiendo estructuras productivas que tardaron generaciones en consolidarse, como las de la industria automotriz integrada con México y Canadá. “El resultado es incertidumbre, un entorno donde la inversión se retrae. Sin inversión no hay innovación, y sin innovación el crecimiento se reduce. La política económica, cuando se basa en impulsos de corto plazo, termina erosionando la misma base que dice proteger”.

El capítulo con China y la guerra económica con el gigante asiático cuyo ascenso se ha erigido en amenaza existencial ha llevado a implementar estrategias que tienen el efecto contrario al deseado. El experto lo explica a partir de tres casos concretos: En primer lugar, el caso Huawei. Las sanciones obligaron a esa empresa a desarrollar sistemas operativos y semiconductores avanzados que la colocaron en la frontera tecnológica. Es decir: “La exclusión se convirtió en ventaja”. Un segundo ejemplo tiene que ver con la industria de vehículos eléctricos que pone de relieve la superioridad y capacidad tecnológica china (en particular en baterías y sistemas de control) que ya supera a la de muchos fabricantes en Occidente. “Firmas europeas como Volkswagen han buscado alianzas con empresas chinas para no quedar rezagadas. La disputa no es por mano de obra barata, sino por ingeniería”, sostiene Chica. El tercer caso es el decomiso de Nexperia, por parte de Países Bajos, y que mostró una subestimación grave porque la respuesta china, al suspender exportaciones de componentes críticos, paralizó segmentos completos de la industria automotriz europea. “Quedó claro que China no ocupa ya un papel periférico, sino central, en la producción mundial”.

Por otra parte, si bien el dólar ha sostenido durante casi un siglo, ocho décadas, el sistema financiero global, su posición preeminente se está debilitando. “El déficit acumulado de 38 billones de dólares y el pago de 1 billón anual en intereses son cifras insostenibles”. Aunque el gasto militar mantiene sectores internos, deteriora la credibilidad de la moneda como reserva internacional. Adicionalmente, la congelación de activos rusos, iraníes y venezolanos ha generado un cambio profundo: “varios países dejaron de ver al dólar como un refugio seguro y comenzaron a trasladar reservas hacia el oro. Paralelamente, los países del grupo BRICS han extendido el uso de monedas nacionales en el comercio mutuo”. Y si a lo anterior se suma que Arabia Saudita y Qatar podrían consolidar el uso del yuan para las transacciones energéticas, entonces, “el sistema del petrodólar, que ha sostenido la hegemonía del dólar desde los años setenta, quedará seriamente comprometido”. Todo ello no significa que deje de ser dominante, pero sí que será cuestionable.

Tras la crisis financiera global de 2008 y la crisis desatada por la pandemia, los bancos centrales expandieron la liquidez hasta niveles extraordinarios. Lo anterior evitó colapsos inmediatos, pero produjo un endeudamiento masivo de gobiernos, empresas y hogares. Sin embargo, esta situación “no es sostenible en un contexto de tasas de interés elevadas”, dice Chica. “Además, la desregulación financiera posterior a la crisis de 2008 ha permitido el regreso de instrumentos complejos diseñados para ocultar el riesgo mediante cadenas de titulización. La estructura recuerda la antesala de 2008, solo que ahora en escala mayor”.

Por último, la tensión geopolítica y el riesgo de guerras regionales e incluso involucrando actores globales, plantea enorme preocupación sobre el futuro próximo. Chica no ve únicamente a Ucrania y a la OTAN como los focos de tensión más peligrosos, añade la convulsa situación entre Israel e Irán. “Un ataque directo de una de las partes puede desencadenar una respuesta en cadena que involucre a actores regionales y potencias globales. Si Irán bloquea el estrecho de Ormuz, el flujo mundial de petróleo se interrumpirá. Eso provocaría un shock petrolero comparable al de los años setenta, pero sobre una economía global más interdependiente, endeudada y financieramente frágil. El efecto sería inmediato sobre precios, comercio y actividad productiva”, precisa.

En suma, la combinación de fragilidad financiera, pugnas por la hegemonía tecnológica, así como la reconfiguración monetaria y las tensiones militares con repercusiones globales, hacen que la crisis no sea una hipótesis, sino la consecuencia previsible de procesos en curso, puntualiza el experto.

 

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