La guerra en Oriente Medio empieza a sentirse con fuerza en los mercados internacionales. El precio del petróleo se disparó este lunes hasta rozar los 100 dólares por barril, un nivel que no se veía desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, mientras las bolsas globales reaccionaban con caídas ante el temor de una nueva ola inflacionaria.
El encarecimiento del crudo se produce en un contexto de escalada militar entre Irán, Israel y Estados Unidos, que amenaza directamente las infraestructuras energéticas del Golfo Pérsico, la región que concentra buena parte de la producción mundial de hidrocarburos.
Durante la sesión asiática, el petróleo llegó a subir cerca de un 30 %, reflejo del nerviosismo que domina a los mercados desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero.
Al cierre de la tarde en Europa, el West Texas Intermediate (WTI) se situaba en 95,6 dólares por barril, con una subida del 5,3 %, mientras que el Brent del mar del Norte, referencia en Europa, alcanzaba 99,7 dólares, tras avanzar un 7,6 %.
Infraestructuras energéticas bajo presión
La subida de los precios se explica en gran medida por el temor a interrupciones en el suministro mundial. Desde el inicio del conflicto, Irán ha respondido a los bombardeos israelíes y estadounidenses con ataques contra instalaciones petroleras en varios países del Golfo.
A esto se suma la situación en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. El tráfico marítimo en este punto estratégico ha quedado casi paralizado por razones de seguridad.
En paralelo, ataques contra campos petrolíferos en el sur de Irak y en la región autónoma kurda han obligado a reducir la producción, mientras que países como Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han adoptado medidas preventivas que también afectan al suministro.
La combinación de estos factores ha provocado uno de los movimientos más bruscos del mercado petrolero en los últimos años.
Reacción de los mercados financieros
La tensión energética golpeó rápidamente a los mercados bursátiles. Las principales plazas europeas abrieron con fuertes pérdidas, aunque moderaron parcialmente la caída a lo largo del día.
La Bolsa de París cerró con una bajada del 0,98 %, Fráncfort perdió 0,77 %, Madrid 0,89 %, Milán 0,29 % y Londres 0,34 %.
En Estados Unidos, Wall Street siguió la misma tendencia: el Dow Jones caía cerca de 0,8 %, mientras que el S&P 500 retrocedía alrededor de 0,3 %. El Nasdaq logró mantenerse prácticamente estable.
En Asia, la reacción fue aún más contundente. La Bolsa de Seúl se desplomó 5,96 %, y Tokio perdió más de 5 %, arrastradas por el nerviosismo de los inversores.
El temor a una nueva inflación global
El principal temor de los mercados es que el encarecimiento de la energía reactive la inflación en las grandes economías.
Un aumento prolongado del precio del petróleo tiene efectos directos sobre el transporte, la producción industrial y los costes energéticos, lo que acaba trasladándose al consumidor.
Para Lee Hardman, analista del banco MUFG, la situación podría desembocar en un escenario complejo:
“El encarecimiento del petróleo aumenta significativamente el riesgo de estanflación en la economía mundial”.
La estanflación —una combinación de inflación elevada y crecimiento económico débil— es uno de los escenarios más temidos por los bancos centrales, ya que obliga a subir los tipos de interés, lo que frena aún más la actividad económica.
El G7 estudia liberar reservas estratégicas
Ante la volatilidad de los mercados, los ministros de Finanzas del G7 anunciaron que están preparados para recurrir a las reservas estratégicas de petróleo si la situación se agrava.
Por el momento, consideran que el mercado todavía no ha alcanzado ese punto crítico, pero la posibilidad de una intervención coordinada busca tranquilizar a los inversores.
Mientras tanto, desde Washington, el presidente Donald Trump restó importancia al alza del petróleo y aseguró que el encarecimiento del crudo es un “precio pequeño a pagar” por neutralizar lo que considera la amenaza nuclear iraní.
Pero para los mercados, el mensaje es claro: si el conflicto se prolonga, la economía mundial podría enfrentarse a un nuevo choque energético.