La moneda única ha llegado a cotizar este lunes a 1,116 dólares, su nivel más bajo desde mayo de 2025. La fortaleza del billete verde explica parte del movimiento, pero la creciente preocupación por las finanzas públicas francesas está añadiendo una presión considerable sobre el euro. Con el bono francés a diez años rozando el 5% y un ajuste presupuestario de 54.000 millones de euros sobre la mesa, los mercados comienzan a preguntarse hasta qué punto las tensiones de París pueden extenderse al resto de la zona euro.
El euro comienza la semana bajo una presión que va mucho más allá de una simple fluctuación entre divisas. La moneda europea perdió alrededor de un 0,7% frente al dólar durante las primeras horas de este lunes y llegó a intercambiarse por 1,1161 dólares, acumulando cuatro semanas consecutivas de retrocesos y situándose en su nivel más bajo en diecisiete meses.
El dólar se beneficia de su condición de activo refugio y de unos rendimientos estadounidenses todavía elevados. Pero esta vez una parte importante de la debilidad del euro procede de Europa y tiene un nombre propio: Francia.
La deuda francesa entra en la ecuación del euro
La tensión se observa con mayor claridad en el mercado de deuda. El rendimiento de los bonos franceses a diez años ha llegado prácticamente al 5%, mientras los inversores exigen una prima cada vez mayor para mantener deuda francesa en lugar de títulos alemanes.
El diferencial entre ambos bonos terminó la semana pasada alrededor de los 140 puntos básicos después de aumentar 34 puntos en apenas cinco sesiones, su mayor incremento semanal en diecisiete años. Este lunes continúa moviéndose en niveles excepcionalmente elevados.
El movimiento revela algo más profundo que una jornada de nerviosismo financiero. Los inversores cuestionan la capacidad de Francia para reconducir unas cuentas públicas sometidas simultáneamente al peso de la deuda, el incremento de los intereses y las dificultades políticas para aprobar ajustes presupuestarios de gran magnitud.
Esa percepción está empezando a contaminar el mercado de divisas. Cuando aumenta la desconfianza sobre la segunda economía de la zona euro, el problema deja de ser exclusivamente francés y comienza a incorporarse a la valoración internacional de la moneda común.
Un ajuste de 54.000 millones
El proyecto presupuestario francés para 2027 pretende reducir el déficit público desde el 5,4% previsto para 2026 hasta el 5% del PIB. Para conseguirlo, el Gobierno plantea un esfuerzo de 54.000 millones de euros, de los que 43.000 millones corresponden a nuevas medidas y otros 11.000 millones a disposiciones ya adoptadas que tendrán efectos el próximo año.
El dato más delicado quizá sea otro: la carga de intereses de la deuda francesa pasaría de 79.200 millones de euros en 2026 a 91.200 millones en 2027, doce mil millones adicionales en apenas un año.
Eso reduce considerablemente el margen presupuestario del Estado. Francia necesita contener el déficit precisamente cuando el coste de financiar su propia deuda absorbe una proporción creciente de los recursos públicos.
El Gobierno prevé un crecimiento de apenas el 1% para 2027 y pretende concentrar aproximadamente el 60% del esfuerzo presupuestario en el control del gasto. Pero la fragmentación parlamentaria hace especialmente complejo transformar esas cifras en medidas políticamente asumibles.
De problema francés a preocupación europea
La cuestión central para los mercados es ahora determinar si las tensiones permanecerán circunscritas a Francia.
Por el momento, no existe una crisis de deuda comparable a la que sacudió la zona euro hace más de una década. Sin embargo, el aumento de las primas de riesgo y la venta de deuda soberana en varios mercados europeos han despertado nuevamente la preocupación por un posible contagio.
La situación plantea además un dilema al Banco Central Europeo. Una política monetaria más restrictiva puede ayudar a combatir las presiones inflacionistas, pero unos tipos elevados encarecen simultáneamente la financiación de los Estados más endeudados. Las turbulencias francesas complican, por tanto, el equilibrio que debe mantener Fráncfort.
El euro está comenzando a reflejar esa incertidumbre.
El dólar recupera su papel de refugio
Al otro lado del Atlántico, la situación tampoco está exenta de riesgos. Los últimos datos de empleo estadounidenses han sido más débiles de lo previsto y han reducido las expectativas de una subida inmediata de los tipos de interés de la Reserva Federal.
En circunstancias normales, ese cambio podría haber debilitado al dólar. Ha sucedido lo contrario.
La preocupación por la deuda pública mundial y, particularmente, por Francia ha favorecido la búsqueda de activos denominados en dólares. El billete verde se beneficia así simultáneamente de los elevados rendimientos de la deuda estadounidense y de su tradicional condición de refugio durante los periodos de incertidumbre.
La caída del euro hasta niveles desconocidos desde mayo de 2025 constituye por ello algo más que una fotografía del mercado de divisas. Es también una señal de que los desequilibrios presupuestarios franceses han dejado de ser observados únicamente desde París.
Cuando las dudas sobre la deuda de la segunda economía de la zona euro empiezan a reflejarse en el precio de la moneda compartida por veinte países, la frontera entre un problema nacional y una preocupación europea se vuelve inevitablemente más estrecha.