Robbie Williams y Laura Pausini encabezan el show musical de la final del Mundial de Clubes

13 juillet 2025 - 15:50

La FIFA no solo organiza torneos: también compone himnos, produce conciertos y elige embajadores del espectáculo global. La final del Mundial de Clubes 2025, entre el PSG y el Chelsea, será un evento de fútbol con coreografía pop, donde la pelota compartirá escena con Desire, la nueva canción oficial interpretada por Robbie Williams y Laura Pausini. Todo esto, bajo la mirada atenta de Gianni Infantino y… Donald Trump.

Sí, el expresidente de Estados Unidos, figura polarizante y showman político, ha sido anunciado como invitado de honor a esta final que se jugará en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. A su manera, Trump también es parte del montaje. Como si el fútbol fuese ahora un episodio de The Apprentice con estadio lleno.

Mientras tanto, en la previa del encuentro, Williams —icono británico de los noventa— y Pausini —voz sentimental del pop italiano— aportarán glamour nostálgico al evento. La canción Desire busca convertirse en nuevo símbolo sonoro de la FIFA, entre luces LED, fuegos artificiales y coreografías milimétricas. En el entretiempo, J Balvin, Doja Cat, Tems y Emmanuel Kelly tomarán la posta en un espectáculo supervisado por Chris Martin (Coldplay), en colaboración con Global Citizen. Una alineación que mezcla géneros, procedencias y causas globales.

La FIFA lleva años entendiendo que el fútbol no se juega solo en la cancha. Se disputa en la industria del entretenimiento, en la diplomacia cultural, en el mercado de los símbolos. Y por eso llama a estrellas pop, pone a bailar al mundo y construye sus relatos más allá del balón. En la reciente Copa América, Colombia brilló: Feid en la apertura, Shakira en la final. Hoy, toca Europa.

Pero detrás del show hay otras melodías. ¿Qué se canta cuando se canta para la FIFA? ¿Es solo música o es una forma de domesticación estética, de espectáculo coreografiado al servicio de un orden global donde las pasiones son gestionadas por marcas y presidentes?

La pelota rodará. Las voces sonarán. Y el deseo —ese desire que da título a la canción— ya no parece un impulso espontáneo, sino un producto más del algoritmo planetario que define cómo se celebra, qué se escucha y a quién se aplaude. Aunque sea Trump.

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