La penúltima etapa de la Vuelta en España se vio envuelta en una polémica ajena al deporte, cuando un grupo de manifestantes con banderas palestinas intentaron recortar el último recorrido cuando quedaban 18 kilómetros a la meta. Los organizadores decidieron no pasar por Cercedilla para evitar pasar por la zona de las manifestaciones.
El desarrollo de la etapa, interrumpido a 18 kilómetros de la meta
La jornada 20 de la ronda española atravesaba varias localidades de la Comunidad de Madrid, entre ellas el municipio de Cercedilla, punto clave por su ubicación estratégica en la subida final y su relevancia en el diseño de bonificaciones para los líderes de la general.
Sin embargo, cuando restaban 18 kilómetros para la meta, un grupo de aproximadamente 50 manifestantes propalestinos intentó interrumpir la carrera ocupando parcialmente la calzada en la carretera entre Cercedilla y Becerril de la Sierra. Algunos portaban pancartas y banderas palestinas, mientras coreaban consignas en contra de la participación del equipo Israel–Premier Tech, cuya presencia ha sido foco de controversia durante toda la competición.
La tensión creció cuando los ciclistas de cabeza, al no tener confirmación inmediata del cierre, continuaron la marcha rodeando a los manifestantes. Mientras tanto, varios de los vehículos de apoyo se vieron bloqueados momentáneamente por la protesta, aunque no se reportaron enfrentamientos físicos ni incidentes mayores.
Cambio de ruta y cancelación del esprint bonificado en Cercedilla
Para evitar una posible escalada de la situación, los organizadores de la Vuelta decidieron modificar la ruta planificada de forma urgente, eliminando el paso por el centro urbano de Cercedilla y desviando la carrera por la carretera de Los Molinos. Esta modificación supuso también la cancelación del esprint bonificado previsto en ese punto, que otorgaba 6, 4 y 2 segundos, y que podía haber tenido un impacto directo en la clasificación general.
El director de carrera, Javier Guillén, explicó posteriormente que “la seguridad de los corredores y del público es siempre la prioridad número uno”. Añadió que, aunque la manifestación fue pacífica en su mayoría, “no podíamos garantizar el control total del entorno urbano de Cercedilla”.
Reacciones del pelotón y del público
Las reacciones en el pelotón fueron mixtas. Algunos corredores, como el líder de la general hasta ese momento, el esloveno Tadej Pogačar, consideraron que la decisión fue acertada: “No podíamos distraernos pensando en lo que podía pasar más adelante. Fue correcto mantener la seguridad”.
Otros ciclistas, especialmente aquellos en lucha por segundos en la general o por el maillot de puntos, se mostraron frustrados por la pérdida del esprint bonificado, que podría haber cambiado las posiciones de cara a la última jornada en Madrid.
El público en Cercedilla, que se había congregado desde temprano para ver pasar a los ciclistas, expresó su decepción por no poder presenciar el paso de la carrera. Algunos vecinos señalaron que la protesta, más allá de sus fines políticos, “perjudicó a los aficionados y a la propia imagen de la localidad”.
Presencia política en la manifestación
La protesta no fue espontánea. Entre los manifestantes se encontraban figuras reconocidas de la política española, como Ione Belarra e Irene Montero, exministras del partido Podemos, quienes criticaron abiertamente la participación del equipo Israel–Premier Tech. Ambas figuras compartieron imágenes de la protesta en redes sociales, acompañadas de mensajes denunciando el “blanqueamiento deportivo” del gobierno israelí mediante equipos patrocinados por capital público o privado israelí.
Un precedente inquietante para las grandes vueltas
Este nuevo episodio se suma a otros incidentes ocurridos durante la presente edición de la Vuelta, donde ya se habían registrado acortamientos de etapas y protestas en Bilbao y en otras localidades del norte de España. La presión sobre los organizadores aumenta, y también la preocupación sobre el futuro de eventos internacionales de gran escala en contextos geopolíticos sensibles.
La dirección de la Vuelta, aunque condenó la instrumentalización política del deporte, descartó suspender etapas futuras. “Terminaremos en Madrid como estaba previsto”, afirmó Guillén.
Conclusión: más que una carrera
Lo ocurrido en Cercedilla es reflejo del poder simbólico del deporte, donde cada evento puede convertirse en escenario de expresión política. La Vuelta a España, más allá de la lucha por la clasificación general, ha sido también este año una plataforma de tensiones globales, que han dejado huella tanto en el recorrido como en la memoria de corredores y aficionados.
A falta de una etapa, la emoción deportiva sigue viva. Pero el recuerdo de esta jornada quedará marcado no solo por los vatios de potencia en la subida, sino por los gritos de protesta que resonaron entre las montañas madrileñas.