La Ciudad de México conmemorará los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán con un programa que incluye videomapping en el Zócalo, una escenificación con más de 800 actores y homenajes a los pueblos originarios, entre el 11 y el 27 de julio.
Clara Brugada, jefa de Gobierno, presentó el programa junto a la presidenta Claudia Sheinbaum. La fecha central será el 26 de julio, pero cada noche se proyectará un videomapping sobre las fachadas del Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana. Contará el viaje de los mexicas desde Aztlán hasta el nacimiento de la ciudad.
La gran escenificación incluirá cuatro actos:
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Fundación de Tenochtitlán y la ceremonia del Fuego Nuevo.
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Lucha contra el yugo tepaneca y la Triple Alianza.
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Esplendor cultural, político y social de la ciudad.
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México contemporáneo, con reflexiones de mujeres indígenas sobre el legado y el futuro de sus pueblos.
Israel Severino Ruiz, coordinador de la escenificación, detalló que participarán 838 actores, entre ellos 300 mujeres y 50 niñas y niños. Para la arqueóloga Lorena Vásquez, del INAH, este aniversario es una oportunidad de reconocer la fuerza cultural de los pueblos originarios, a menudo invisibles en la narrativa oficial.
Diego Prieto, director del INAH, recordó que la Cuenca de México tiene más de 14 mil años de historia humana. Anunció que el 26 de julio se develará el monumento Tlalmanali en la esquina nororiente del Zócalo como símbolo del legado mexica.
El programa incluye además la ópera fílmica Cuauhtemoczin, exposiciones como el Códice Cósmico de México-Tenochtitlan y un sendero conmemorativo que irá desde La Nopalera hasta el Zócalo, pasando por Chapultepec, con referencias a la migración mexica. Habrá también actividades para infancias, como un libro para colorear basado en el Códice Tenochtitlan.
Brugada explicó que la conmemoración se enmarca en el Año de la Mujer Indígena 2025, con un cierre que resaltará su papel como portadoras de memoria y resistencia.
Claudia Sheinbaum subrayó que estos eventos buscan fortalecer la identidad y el orgullo de la capital y de México, pero la pregunta permanece: ¿hasta qué punto se traducirán en políticas públicas que garanticen derechos y dignidad a los pueblos originarios en la vida diaria, más allá de la memoria simbólica?