Lucas, Del Toro y el museo que busca contar historias de todos

28 juillet 2025 - 12:51

Mientras Hollywood aún repite fórmulas, George Lucas se entrega a su proyecto más íntimo: un museo para los narradores del mundo. A su lado, Guillermo del Toro celebra la imaginación como patrimonio de la humanidad.


En el corazón de Exposition Park, al sur de Los Ángeles, se alza una nave que parece flotar entre la utopía y la arquitectura futurista. Allí, con el sol californiano como telón de fondo, George Lucas reapareció en julio para supervisar los últimos avances del Lucas Museum of Narrative Art, acompañado por su amigo Guillermo del Toro. La imagen hablaba por sí sola: dos autores que cultivan el arte como se cultiva una necesidad, con compromiso y ternura.

El museo —cuyo diseño evoca una nave interestelar posada sobre la ciudad— lleva años gestándose como el sueño más personal del creador de Star Wars. Pero no será un templo al ego, sino un santuario para las historias que han dado forma al imaginario colectivo. Cómics, bocetos, esculturas, pinturas y arte digital: todo lo que pueda contarse y conmover estará allí. Del Toro, con la emoción de quien ve cumplirse una promesa, declaró: “Este lugar será un refugio para la imaginación”.

En tiempos donde la industria cultural parece dominada por algoritmos, el museo de Lucas se rebela con una tesis sencilla y potente: las historias importan. No solo las que triunfan en taquilla, sino también las que nacen en los márgenes, en libretas escolares, en sueños infantiles. En la curaduría del museo no predominan las jerarquías canónicas, sino la fuerza narrativa. Hay espacio para Norman Rockwell, pero también para Moebius, para ilustradores anónimos y diseñadores de videojuegos.

En América Latina, donde aún se discute si el arte “sirve para algo”, esta apuesta resuena como un llamado de atención. El museo, que abrirá sus puertas en 2026, no será solo un edificio, sino una declaración: el arte narrativo también forma parte del patrimonio humano. No por casualidad Del Toro —quien en sus filmes ha defendido a monstruos, huérfanos y bibliotecas— se ha sumado como embajador de este proyecto. Su presencia legitima una visión inclusiva de la cultura.

Lucas, que podría haber optado por el retiro dorado, ha decidido invertir su legado en una obra de acceso público, en una pedagogía de la imaginación. Porque educar no es solo alfabetizar: es también enseñar a imaginar otros mundos posibles. Y en este punto, el museo se ofrece como espacio para que las futuras generaciones comprendan que detrás de cada personaje, cada máscara, cada criatura fantástica, hay una historia que alguien se atrevió a contar.

Tal vez por eso la imagen de Lucas y Del Toro en medio de esa estructura aún inconclusa resulta tan elocuente. No celebran un estreno, sino un proceso. No posan como ídolos, sino como artesanos de la narración. A fin de cuentas, un museo que honra la narrativa no es solo un lugar para conservar el pasado, sino un punto de partida para los relatos que aún no hemos escrito.

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