Los 194 Estados miembros de la UNESCO acordaron en Mondiacult 2025 impulsar la cultura como objetivo independiente en la nueva agenda de desarrollo de Naciones Unidas. La declaración final reivindica los derechos culturales como derechos humanos y subraya que la cultura constituye un bien público mundial y un pilar estratégico para la paz, la prosperidad y el multilateralismo. Ernest Urtasun y Audrey Azoulay clausuraron la conferencia celebrando un consenso histórico que sitúa la cultura en el centro de las políticas públicas globales frente a desafíos como la inteligencia artificial, el cambio climático y los conflictos internacionales.
La Declaración de Barcelona marca un punto de inflexión en la consideración internacional de la cultura como motor de desarrollo sostenible. La Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible, Mondiacult 2025, concluyó el pasado martes con la aprobación unánime de un documento que compromete a los 194 Estados miembros de la UNESCO a integrar la cultura como objetivo independiente en la agenda de desarrollo post-2030. El ministro español de Cultura, Ernest Urtasun, presidente de la mesa de la conferencia, celebró que por primera vez todos los ministros reunidos en un acontecimiento de estas características acordaron que la cultura sea un objetivo de desarrollo sostenible por derecho propio. La cumbre, celebrada del 29 de septiembre al 1 de octubre en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, reunió a más de 2.500 participantes de 163 países, incluyendo 120 ministros de Cultura.
La directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, ofreció un discurso que resonó por su contundencia al describir el contexto global. La responsable de la organización afirmó que en un mundo donde se acumulan razones para perder la esperanza, con guerras que persisten irresolublemente, un planeta que se empobrece por el cambio climático y tecnologías que transforman todo, los participantes de Mondiacult vinieron a decir de forma colectiva que todavía pueden estar juntos y que los consensos siguen siendo posibles. Azoulay subrayó que quizá solo a través de la cultura sea posible hoy alcanzar esos consensos, describiendo la cultura no como un adorno del presente sino como la columna vertebral de las sociedades. Los compromisos de Barcelona marcan con claridad la dirección, reafirmando que la cultura es un bien público mundial, una forma de resistencia y un lenguaje común para reconstruir la confianza entre pueblos.
Un combate por los derechos culturales
Ernest Urtasun defendió durante la clausura que la cultura no es un bien secundario sino un pilar estratégico de la gobernanza global que debe preservarse, apoyarse y situarse en el centro del multilateralismo. El ministro español insistió en que la cultura resulta esencial para la paz y la prosperidad mundiales, advirtiendo que las conclusiones de Mondiacult 2025 resonarán en las próximas grandes citas internacionales como la COP30 de Belém. Urtasun prometió llevar la voz de la cultura allí donde se decidan los futuros de la humanidad, porque no habrá transición ecológica justa ni paz duradera ni democracia sólida sin una dimensión cultural que las sostenga. El documento final de nueve puntos, que nace tras un proceso inclusivo y multilateral, destaca que la cultura constituye una herramienta vital para la reconciliación, la memoria colectiva, la curación y la construcción de la paz.
La declaración establece seis áreas prioritarias de acción que los Estados miembros se comprometen a fortalecer en sus políticas públicas. Estas áreas incluyen los derechos culturales como derechos humanos fundamentales, las tecnologías digitales y la inteligencia artificial aplicadas al sector cultural, la cultura y la educación como binomio indisociable, la economía cultural como motor de desarrollo, la cultura y la acción climática, y la protección de la cultura, el patrimonio y su papel en situaciones de crisis. El texto subraya que entre Mondiacult 2022 celebrada en México y Mondiacult 2025 las discusiones han puesto de relieve que la cultura es tanto un motor indispensable como un facilitador del desarrollo sostenible. Este mensaje cuenta con el respaldo de instituciones, profesionales, comunidades y sociedad civil alrededor del mundo, concluyendo que no hay futuro sin cultura.
La ministra de Cultura de Letonia, Agnese Lāce, intervino en el plenario final destacando el papel de la cultura en contextos de conflicto y posguerra. Lāce defendió que la cultura ofrece un extraordinario potencial para sociedades que enfrentan múltiples retos y amenazas, actuando como elemento cohesionador y sanador. La conferencia presentó además el primer informe mundial sobre el estado de la cultura, fruto de tres años de trabajo coordinado por la UNESCO, que analiza el impacto de las políticas culturales en 194 países y establece indicadores para medir el acceso a los bienes culturales, la diversidad de expresiones artísticas y la protección del patrimonio material e inmaterial. El documento evidencia que muchas regiones del mundo carecen de marcos legislativos adecuados para garantizar los derechos culturales de sus ciudadanos.
Las voces jóvenes reclaman su espacio en las decisiones
Mondiacult 2025 incorporó como novedad la celebración paralela de Mondiayouth, una conferencia integrada por casi 50 jóvenes de más de 40 países que debatieron durante los tres días sobre los desafíos culturales del siglo XXI. Los participantes del encuentro juvenil elaboraron su propia declaración que fue leída en el plenario ministerial de clausura, afirmando que la cultura constituye uno de los mayores pilares de la humanidad y que pese a múltiples retos y amenazas ofrece un extraordinario potencial. Los jóvenes subrayaron que construyen iniciativas culturales que promueven el diálogo intercultural y la participación cívica, facilitan la innovación cultural e integran el conocimiento indígena y las prácticas tradicionales. La declaración juvenil incluyó una petición que llamó la atención de los ministros presentes: reclamaron participar en el futuro en los mismos foros y salas donde los responsables políticos toman decisiones sobre cultura.
El foro ciudadano Ágora Cívica, impulsado conjuntamente por el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya, la Diputación de Barcelona y el Ministerio de Cultura, se clausuró tras reunir más de 8.200 participantes en más de 120 actividades. Las conclusiones de este espacio de participación ciudadana destacaron igualmente la necesidad de contar con un objetivo centrado en la cultura en la agenda global de desarrollo sostenible. Los participantes del foro demandaron que los derechos culturales no sean solo una declaración retórica sino que se traduzcan en medidas prácticas y concretas, incluyendo presupuestos adecuados, legislaciones protectoras y mecanismos de acceso efectivo a la cultura para todas las personas sin discriminación. Las conclusiones enfatizaron la importancia de proteger la diversidad cultural y lingüística frente a los procesos de homogeneización cultural.
Mondiacult 2025 incluyó un programa cultural que reflejó la diversidad artística española e internacional. El acto inaugural contó con las intervenciones de Frederic Amat, Maria Arnal, Tarta Relena y Miguel Poveda con Yerbabuena, mientras que el martes se celebró en el Palau de la Música un concierto por la paz y el diálogo dirigido por Jordi Savall. El director de orquesta presentó un repertorio diverso en cuanto a procedencia y época, acompañado de músicos procedentes de todo el mundo, simbolizando el mensaje central de la conferencia sobre el poder unificador de la cultura. La elección de Barcelona como sede de Mondiacult 2025 representa la tercera edición de esta conferencia mundial, tras las celebradas en México en 1982 y 2022, consolidando a España como referente en políticas culturales internacionales.
El desafío inmediato tras la Declaración de Barcelona consiste en traducir los compromisos adquiridos en acciones concretas y medibles. Los Estados miembros deberán incorporar en sus legislaciones nacionales los principios acordados, destinar recursos presupuestarios adecuados y establecer indicadores que permitan evaluar el cumplimiento de los objetivos. La UNESCO ha anunciado que realizará un seguimiento periódico de los avances mediante informes bienales que medirán el progreso en las seis áreas prioritarias establecidas. La declaración subraya que solo mediante acciones colectivas coherentes y eficaces podrán forjarse futuros más resilientes e inclusivos, reconociendo que la cultura ofrece un poder transformador que despierta conciencias, inspira acción y siembra la semilla de las grandes transformaciones colectivas. El legado de Mondiacult 2025 será recordado como el momento en que la comunidad internacional reconoció de forma inequívoca que sin cultura no hay desarrollo sostenible posible.