Uno de los objetos más emblemáticos vinculados a Napoleón Bonaparte vuelve a ver la luz. El último sombrero que utilizó el emperador francés durante su exilio en la isla de Santa Elena se exhibe desde este sábado en el castillo de Chantilly, al norte de París, por primera vez desde comienzos del siglo XX. La pieza encabeza una exposición que explora el legado artístico y político de Carolina Murat, hermana de Napoleón y una de las grandes mecenas de la Europa napoleónica.
La historia de Napoleón Bonaparte sigue fascinando a Francia y al resto de Europa más de dos siglos después de su caída. Esta vez, el protagonista es uno de los símbolos más reconocibles de su figura: el bicornio negro que acompañó al emperador en los últimos años de su vida y que conservó durante su destierro en la remota isla atlántica de Santa Elena.
La pieza estrella forma parte de la exposición «De Naples à Chantilly. Les collections de la reine Caroline Murat», inaugurada este fin de semana en el Museo Condé, ubicado en el prestigioso castillo de Chantilly.
Según explicó el director del museo, Mathieu Deldicque, el sombrero permanecía almacenado desde su última exhibición pública en 1904. Un trabajo de investigación reciente permitió confirmar definitivamente su autenticidad y reconstruir el recorrido que lo llevó a formar parte de las colecciones reunidas por Carolina Murat, reina de Nápoles y hermana menor de Napoleón.
Carolina Murat, la gran mecenas olvidada
La exposición pone el foco en una figura menos conocida del universo napoleónico: Carolina Bonaparte Murat (1782-1839), esposa del mariscal Joachim Murat y reina de Nápoles entre 1808 y 1815.
Considerada una de las mayores protectoras de las artes de su tiempo, Carolina reunió una extraordinaria colección de pinturas, esculturas, antigüedades y objetos decorativos que contribuyeron a transformar Nápoles en uno de los principales centros culturales de la Europa del siglo XIX.
Los visitantes podrán contemplar más de un centenar de piezas inéditas, muchas de ellas procedentes de instituciones italianas que colaboran por primera vez con Chantilly en una exposición de esta envergadura.
Canova, Ingres y los grandes nombres del neoclasicismo
Entre las obras expuestas figuran creaciones de algunos de los artistas más influyentes de la época napoleónica.
Antonio Canova, maestro de la escultura neoclásica; Jean-Auguste-Dominique Ingres, figura esencial de la pintura francesa; y François Gérard, retratista de las cortes europeas, forman parte de una selección excepcional que ilustra el refinamiento cultural impulsado por Carolina Murat.
El recorrido también incorpora paisajes napolitanos históricos, procedentes de museos italianos como Capodimonte y el Palacio Real de Nápoles, muchos de los cuales nunca habían sido mostrados en Francia.
Napoleón, entre la historia y el mito
La muestra principal se complementa con una segunda exposición titulada «Napoléon à Chantilly», dedicada exclusivamente al emperador.
Entre los documentos exhibidos destacan una carta de amor dirigida a Josefina, manuscritos de la campaña de Egipto y diversos objetos personales, incluida una pistola atribuida al propio Napoleón.
Más allá del valor histórico de estas piezas, la exposición refleja la persistencia del fenómeno napoleónico en la memoria europea. Dos siglos después de Waterloo, Napoleón continúa ocupando un lugar singular entre la historia, la leyenda y el imaginario colectivo francés.
La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 4 de octubre.