Transcurre la década de 1940, cuando Mathilde, una joven alsaciana, se enamora de Amín Belhach, un combatiente marroquí que sirve en el Ejército francés durante la II Guerra Mundial. Al término de la guerra, ambos se instalan en Meknés, ciudad marroquí que formaba parte del protectorado francés. En los siguientes diez años, Amín intentará, por todos los medios, hacer de esa tierra heredada e inservible algo productivo.
Mathilde es una extraña en un país ajeno, marcada por privaciones económicas y las durezas de la vida marital, aliviadas de forma intermitente por la intimidad con su marido, en una complicidad silenciosa donde el deseo actúa como catalizador de comunicación y desahogo emocional. Se sabe intrusa en esa tierra. El rigor del campo termina moldeando su carácter. Trata de adaptarse y, venciéndose a sí misma, opta por criar a sus hijos y sostener su hogar. Un sacrificio para el que nunca termina de sentirse preparada, aunque lo asume como puede, y termina haciendo más de lo que había imaginado cuando era apenas una joven aburrida por la guerra, deseosa de aventuras y sin mayores preocupaciones en su Alsacia natal. Mientras tanto, las tensiones crecen en su país de acogida, entre quienes buscan la independencia y quienes se resisten a marcharse. La violencia se expande y arrebata vidas.
El país de los otros, novela de 435 páginas escrita por Leila Slimani y primera parte de una trilogía inspirada en Marruecos, fue publicada en español en 2021 por Cabaret Voltaire, en traducción de Malika Embarek.
Como suele ocurrir con autores capaces de sacudir a los lectores con la fuerza de su escritura, Slimani atrapa desde la primera página. Leí la novela en menos de una semana. Su prosa es sutil, prolija, delicada y sensual, pero también violenta y brutal. Un lector puede conmoverse ante la ternura de una escena y, pocas páginas después, sentirse horrorizado por las tensiones, las mutaciones de los personajes y las relaciones de dominación, sumisión y resistencia que se entretejen en la trama.
La autora despliega una versatilidad sorprendente. Lo último que había leído de ella era Canción dulce, de tono y contexto muy distintos. El salto temporal y espacial en El país de los otros confirma lo que los críticos repiten y lo que se percibe desde sus primeros libros: estamos ante una escritora de gran talento, transgresora y brillante.
La novela exige, además, una sólida documentación histórica. Slimani recrea con detalle el periodo previo a la independencia de Marruecos y lo transforma en literatura viva. El lector se sumerge en paisajes áridos, en tierras poco fértiles —las mejores apropiadas por colonos— y en un clima político efervescente donde las relaciones mixtas entre franceses y marroquíes se viven con recelo y pudor, mientras crece el clamor por la salida de los extranjeros.
Los personajes, atrapados en la dureza rural y en sus sueños rotos, encarnan contradicciones entre el anhelo de libertad colectiva y la frustración individual. El machismo y la dominación masculina aparecen como norma cultural, mostrados sin edulcorantes. Son hombres generosos y honrados, pero también crueles en sus formas cotidianas, guiados por un concepto de masculinidad que legitima la violencia y el control sobre mujeres consideradas inferiores.
Las protagonistas femeninas desafían y resisten de múltiples maneras, aunque el peso de la fuerza masculina logre imponerse en muchas ocasiones. En ese escenario, mientras los campos arden y la independencia se acerca como conquista ineludible, Slimani recuerda que la libertad nacional y la libertad individual rara vez avanzan al mismo ritmo.

