Diálogo de culturas y miradas cruzadas entre mundos lejanos (XIV)

05 août 2025 - 19:57
Fernando Nadra uno de los líderes del Partido Comunista Argentino con Che Guevara, La Habana, mayo 1960.

Fernando Nadra uno de los líderes del Partido Comunista Argentino con Che Guevara, La Habana, mayo 1960.


La presencia de dirigentes de origen árabe en los partidos de izquierda de América Latina desafía los estereotipos arraigados. Lejos de limitarse al comercio o a los partidos conservadores, muchas de estas figuras fueron protagonistas de luchas obreras y revoluciones populares.

Los políticos de ascendencia árabe en los partidos de izquierda en América Latina rompen la imagen generalizada sobre el prototipo del político árabe en el continente, asociada a la figura de un hombre adinerado vinculado a partidos conservadores. El ciudadano medio latinoamericano rara vez asocia al árabe con partidos de izquierda, y mucho menos con movimientos sindicales, pues históricamente los inmigrantes árabes no formaron parte de la clase obrera, ya que su principal actividad económica fue el comercio.

Sin embargo, la realidad desmiente ese prejuicio. Los descendientes de árabes han tenido una presencia destacada en la izquierda latinoamericana y en las centrales obreras. Desde los años cuarenta del siglo XX, numerosas figuras de origen árabe se comprometieron con la lucha contra las dictaduras militares en distintos países del continente. Muchos de ellos sufrieron represión, exilio o desaparición.

Socialmente, estos militantes solían pertenecer a la clase media y su compromiso político comenzaba en la universidad, en las organizaciones estudiantiles, antes de militar en partidos o sindicatos. Algunos ejemplos son especialmente representativos.

Hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, el panorama político latinoamericano estaba dominado por el liberalismo y el conservadurismo. A partir de entonces, con la llegada de nuevas olas migratorias —especialmente de Europa— surgieron también corrientes fascistas y comunistas. La primera encontró adeptos entre las élites oligárquicas y sectores militares, mientras que la segunda se arraigó en las universidades y la clase obrera. Así nacieron los primeros partidos comunistas: Argentina, Brasil, Bolivia (1921), Chile, México (1922), Cuba (1925) y Ecuador (1928).

Desde la década de 1940, la militancia árabe en los partidos comunistas fue significativa. En 1941, el joven Fernando Nadra, de solo 21 años, fue elegido secretario general de la Federación Estudiantil Argentina. Graduado en la Universidad de Córdoba, se afilió al Partido Comunista, donde alcanzó posiciones de liderazgo hasta su fallecimiento en 1995.

En Bolivia, donde la comunidad árabe no era cuantitativamente significativa, destaca la figura de Juan Lechín, quien comenzó como minero en los años treinta y se convirtió en un influyente líder sindical. En 1944 fundó la Federación Sindical de Trabajadores Mineros y luego la Central Obrera Boliviana (COB). Con otros dirigentes de izquierda, fue cofundador del Movimiento Nacional Revolucionario, que lideró la Revolución Nacional de 1952. Lechín, lejos de optar por la presidencia, prefirió el Ministerio de Minas y Petróleo, desde donde impulsó importantes reformas.

Su tendencia radical lo enfrentó con otros miembros del gobierno. En 1960 fue designado vicepresidente, pero las tensiones internas derivaron en una guerra civil. Los militares aprovecharon la crisis para interrumpir el proceso democrático con un golpe de Estado. Lechín fue arrestado y luego expulsado del país, aunque su popularidad entre los trabajadores mineros bolivianos se mantuvo incluso en el exilio.

En 1971 regresó y fue elegido presidente de la Asamblea Popular, órgano revolucionario impulsado por el general reformista Juan José Torres. Intentó establecer un gobierno paralelo basado en sindicatos, lo que provocó otro golpe militar. Volvió en 1978 con el retorno a la democracia para presidir la COB, y en 1980 fue candidato presidencial del Partido Revolucionario de Izquierda Nacionalista. La repetición del ciclo golpista lo obligó a exiliarse por tercera vez.

La historia de Lechín y de otros militantes árabes en la izquierda latinoamericana desmiente simplificaciones étnicas o ideológicas. Lejos de ser figuras marginales, protagonizaron episodios cruciales de la historia política y social del continente.

 

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