Cultura destina 13,6 millones de euros a descolonizar los museos de América y Antropología

20 novembre 2025 - 19:23

El ministro Ernest Urtasun presenta el proyecto estrella de su legislatura para renovar ambas instituciones madrileñas con nuevos enfoques museográficos que cuestionan el eurocentrismo histórico y la mirada colonial. El Museo de América recibirá 9,2 millones de euros y el Nacional de Antropología 4,4 millones para transformaciones que estarán listas en el verano de 2028 y abordarán temas como el extractivismo, el esclavismo y la evangelización desde la perspectiva de las comunidades originarias.

El Ministerio de Cultura ha dado luz verde al proyecto más ambicioso de la legislatura del ministro Ernest Urtasun: la descolonización integral del Museo de América y del Museo Nacional de Antropología de Madrid mediante una inversión total de 13,6 millones de euros. La iniciativa, anunciada oficialmente esta semana tras más de un año de trabajo con comités de expertos, pretende transformar radicalmente el discurso y la museografía de estas dos instituciones emblemáticas, sustituyendo lo que el Ministerio califica como narrativas coloniales, eurocéntricas y obsoletas por enfoques decoloniales, antirracistas e interculturales que sitúen en el centro las voces de las comunidades representadas en sus colecciones.

El proyecto se enmarca en una tendencia internacional impulsada por el Consejo Internacional de Museos que busca corregir las injusticias históricas derivadas de la adquisición colonial de patrimonio cultural, fomentar representaciones más inclusivas de la diversidad y adaptar los museos a los estándares contemporáneos de respeto a las identidades culturales. La directora general de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, Ángeles Albert, subrayó durante la presentación que ambas instituciones padecen una visión eurocéntrica que históricamente ha marcado su concepción y discurso, situación que debe superarse mediante una renovación ética, epistemológica y cívica.

La licitación del nuevo proyecto museográfico del Nacional de Antropología se iniciará en diciembre de 2025, mientras que la del Museo de América arrancará en marzo de 2026. Ambas transformaciones culminarán previsiblemente en el verano de 2028, según el calendario presentado por el Ministerio. Los trabajos incluirán no solamente la reelaboración de los guiones expositivos y la selección de nuevas piezas, sino también la incorporación de recursos audiovisuales e interactivos, obras de arte contemporáneo y tecnologías digitales que permitan experiencias inmersivas y participativas para los visitantes.

El Museo Nacional de Antropología cuestiona sus orígenes coloniales 

El Museo Nacional de Antropología, fundado en 1875 como la primera institución española dedicada a esta disciplina científica, recibirá una inversión de 4,4 millones de euros para su transformación integral. El nuevo discurso museográfico, según explicó su director Fernando Sáez Lara, partirá de un cuestionamiento explícito de los orígenes de la antropología como ciencia vinculada al colonialismo decimonónico y a la construcción de jerarquías raciales que legitimaron la dominación europea sobre otros pueblos. La renovación pretende convertir el museo en un espacio de experimentación social y mediación cultural que trascienda la mera exhibición de objetos para generar diálogo y reflexión crítica.

La nueva exposición permanente se estructurará en tres secciones conceptuales. La primera, titulada «¿Cómo miramos?», explorará los orígenes históricos de la disciplina antropológica y su relación con el proyecto colonial, cuestionando la mirada eurocéntrica que situó a las sociedades no occidentales como objetos de estudio científico y las clasificó según criterios raciales y evolutivos hoy considerados pseudocientíficos. Esta sección incluirá referencias explícitas a cómo la antropología del siglo XIX proporcionó legitimación académica a estructuras de poder coloniales y contribuyó a naturalizar desigualdades entre pueblos y culturas.

La segunda parte abordará temas fundamentales del colonialismo histórico como el extractivismo —la expoliación sistemática de recursos naturales de los territorios colonizados—, el esclavismo, los procesos de evangelización forzosa y la generación de conocimiento científico al servicio de la dominación. La tercera sección se centrará en las comunidades contemporáneas, integrando sus narrativas sobre identidad, memoria y resistencia frente a los procesos históricos de colonización y sus consecuencias presentes. El museo aspira así a transitar de una institución científica tradicional a un espacio de mediación social que dé protagonismo a las voces históricamente silenciadas.

El Museo de América adopta perspectiva crítica desde las comunidades 

El Museo de América, cuya creación en los años cuarenta del siglo XX respondió a la exaltación nacionalista del pasado imperial español, experimentará una transformación aún más profunda con un presupuesto de 9,2 millones de euros. Su director, Andrés Gutiérrez Usillos, explicó que la renovación acometida en los años noventa omitió aspectos cruciales como la perspectiva de género, el impacto del esclavismo, la violencia de la conquista y la resistencia de los pueblos originarios, vacíos que el nuevo proyecto pretende subsanar colocando estas realidades en el centro del discurso museográfico.

El rediseño se organizará en cuatro grandes bloques temáticos que ofrecerán una lectura crítica de cómo Europa y específicamente España construyeron su imaginario sobre América. El primero, «Imaginarios», abordará cómo se forjó la imagen del continente americano a partir de las colecciones europeas y los relatos coloniales que lo presentaron alternativamente como paraíso edénico, territorio salvaje por civilizar o fuente inagotable de riquezas para la expoliación. Esta sección cuestionará los estereotipos y fantasías que aún perviven en el imaginario colectivo español sobre América Latina.

El segundo bloque, «Personas y seres», pondrá el foco en cómo fueron representados los habitantes del continente desde una visión colonizadora que los deshumanizó, “inferiorizó” o “exotizó” según las necesidades del proyecto imperial. Se incluirán análisis sobre las categorías raciales impuestas durante la colonia —indios, mestizos, mulatos, negros— y cómo estas taxonomías legitimaron sistemas de explotación y exclusión. El tercer apartado abordará los procesos de resistencia, adaptación y supervivencia cultural de las comunidades indígenas y afrodescendientes frente a la colonización. El cuarto bloque estará dedicado a las relaciones contemporáneas entre España y América, incluyendo temas como la migración, los vínculos culturales actuales y los debates sobre memoria histórica y reparación.

 Controversia política y ausencia de devoluciones patrimoniales

El proyecto ha generado reacciones encontradas en el ámbito político y cultural español. Mientras que los sectores progresistas lo celebran como una actualización necesaria y tardía que equipara a España con los estándares museográficos europeos más avanzados, las formaciones conservadoras lo critican como imposición ideológica que sacrifica el rigor científico en aras del activismo político. El Partido Popular y Vox han cuestionado que el Ministerio priorice criterios decoloniales sobre enfoques académicos tradicionales, argumentando que los museos deben centrarse en el conocimiento histórico objetivo sin subordinarse a agendas políticas contemporáneas.

La directora general Ángeles Albert ha defendido que todos estos planteamientos museográficos responden a la responsabilidad social que tienen las instituciones culturales en la contemporaneidad, coincidiendo con los gestores de algunos de los principales museos europeos que han emprendido procesos similares. Albert subrayó que la renovación no implica ocultar la historia sino presentarla desde múltiples perspectivas, incorporando las voces de quienes fueron objetos pasivos de la narrativa colonial para convertirlos en sujetos activos de su propia representación cultural e histórica.

Un aspecto significativo del proyecto es que, por el momento, no contempla la devolución de piezas patrimoniales a sus países de origen, una demanda que varias naciones latinoamericanas y organizaciones de pueblos originarios han planteado en años recientes. El caso más emblemático es el del Tesoro de los Quimbayas, conjunto de 121 piezas doradas de origen colombiano que se encuentran en el Museo de América desde finales del siglo XIX, cuando fueron regaladas por el presidente colombiano a la reina María Cristina. Colombia ha reclamado formalmente su devolución, criticando el silencio absoluto de la Administración española, pero hasta ahora la petición no ha prosperado.

Precedentes internacionales y debate sobre la identidad museística 

La descolonización de museos constituye un fenómeno global que ha cobrado especial intensidad en la última década, impulsado por movimientos sociales como Black Lives Matter, las reivindicaciones de pueblos originarios y el cuestionamiento académico del legado colonial en las sociedades occidentales. Instituciones prestigiosas como el Museo Británico, el Museo Real de África Central en Bélgica, el Museo del Quai Branly en Francia o diversos museos estatales alemanes han iniciado procesos de revisión crítica de sus colecciones, reescritura de cartelas explicativas y, en algunos casos, restitución de piezas a sus países de procedencia.

Sin embargo, estos procesos han generado también intensos debates sobre los límites de la revisión histórica, el papel de los museos como instituciones científicas frente a su función como espacios de construcción de identidades colectivas, y el riesgo de presentismo —juzgar el pasado con los valores morales del presente—. Algunos expertos advierten que la descolonización puede derivar en simplificación maniquea de realidades históricas complejas, sustituyendo unas narrativas hegemónicas por otras igualmente parciales, mientras que sus defensores argumentan que se trata precisamente de superar las visiones unilaterales para incorporar la pluralidad de experiencias y memorias.

En Estados Unidos, donde el movimiento descolonizador alcanzó su apogeo durante la administración Biden, varios museos están reconsiderando algunos de sus planteamientos más radicales tras enfrentarse a críticas de visitantes y académicos que cuestionan el equilibrio entre compromiso social y rigor científico. Esta experiencia genera interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo de transformaciones museográficas muy marcadas ideológicamente, especialmente cuando los contextos políticos cambian. Los responsables del proyecto español han manifestado ser conscientes de estos debates, aunque mantienen su convicción sobre la necesidad y oportunidad de emprender este proceso de renovación.

Participación comunitaria y horizontes de transformación 

Uno de los elementos distintivos del proyecto español es el énfasis puesto en la participación de representantes de las comunidades originarias y afrodescendientes en el proceso de diseño de los nuevos discursos museográficos. Los comités de expertos creados en 2024 han incluido no solamente académicos especializados en antropología, historia y museología, sino también activistas, artistas y portavoces de comunidades indígenas y afrodescendientes de diversos países latinoamericanos, así como de la diáspora residente en España.

Esta metodología participativa busca garantizar que las nuevas narrativas no reproduzcan, bajo formas actualizadas, las dinámicas de apropiación cultural y silenciamiento que caracterizaron el colonialismo histórico. Sin embargo, la gestión de expectativas diversas y a veces contradictorias entre distintos grupos comunitarios, académicos con sensibilidades diferentes y los equipos técnicos de los propios museos plantea desafíos logísticos y conceptuales considerables. La pregunta sobre quién tiene autoridad para representar identidades colectivas heterogéneas y atravesadas por múltiples diferencias internas constituye uno de los nudos problemáticos del proyecto.

Los directores de ambos museos han subrayado que la transformación no concluirá en 2028 con la inauguración de las nuevas exposiciones permanentes, sino que dará inicio a un proceso continuo de revisión, actualización y diálogo con las comunidades representadas. Se proyecta establecer protocolos estables de consulta, colaboración en la programación de actividades temporales y participación de representantes comunitarios en órganos de asesoramiento permanente. El objetivo declarado es transitar de museos que hablan sobre culturas otras a instituciones que facilitan que esas culturas hablen por sí mismas, aunque la viabilidad práctica de esta ambición permanece por demostrar en la implementación concreta del proyecto durante los próximos años.

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