Cuando saber nadar vale más que saber griego

13 juillet 2025 - 16:29

Un hombre muy culto alquiló una barca para cruzar un caudaloso río. Al subir, saludó al barquero, que se expresó con frases sencillas, propias de quien no había pasado por la escuela.
—¿Nunca ha estudiado?, preguntó el pasajero.
—No, señor. No tuve esa suerte.
—Supongo que tampoco sabrá historia, ni geografía, ni aritmética…
—No, tampoco. Solo soy un barquero.

El erudito, condescendiente, sentenció entonces:
—Un hombre sin cultura es como si hubiera perdido la mitad de su vida.

Pero a mitad del trayecto, la barca se estrelló contra unas rocas. Ambos cayeron al agua. El barquero, sin perder la calma, preguntó:
—Señor, ¿sabe usted nadar?
—¡No! ¡No sé nadar!

—Entonces me temo que hoy va a perder no la mitad, sino toda su vida.

El barquero lo rescató sin decir más. El sabio, empapado y en silencio, entendió finalmente una lección que ningún libro le había enseñado:

“Nunca te creas superior a nadie, porque aquello de lo que presumes puede no servirte de nada en determinadas circunstancias, mientras que las habilidades que menosprecias en otros pueden salvarte de más de un apuro.”

Esta fábula tiene siglos, pero sigue vigente. Se puede aplicar en la vida diaria, en la política, en la universidad o en la calle. En un mundo obsesionado con los títulos, los diplomas y las apariencias, se olvida lo esencial: el respeto al otro, venga de donde venga.

Hoy muchos desprecian al que no domina idiomas, al que no ha viajado, al que no ha leído a Foucault. Pero si la barca se hunde, la erudición no siempre flota. Lo que flota es el sentido común, la experiencia, la humildad.

La enseñanza no es que estudiar no sirva. Sirve, y mucho. Pero no te hace mejor persona. Ni más útil. Ni más humano. Saber mucho no te da derecho a menospreciar a quien sabe distinto.

¿De qué sirve conocer todas las capitales del mundo si no sabes saludar con cortesía al que te abre la puerta? ¿Para qué sirve saber economía si no sabes compartir?

El barquero sabía lo que el sabio no: que hay saberes que salvan y otros que solo decoran. Aprender a distinguirlos es, tal vez, la lección más útil en tiempos de tanto ego inflado.

Hoy, más que nunca, conviene saber nadar.

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