Arte latinoamericano en Baltimore: un museo que nos recuerda

27 juin 2025 - 17:04

El Walters Art Museum de Baltimore inauguró sus nuevas galerías de arte latinoamericano. Más de 200 piezas de 40 culturas precolombinas y contemporáneas ocupan ahora un espacio permanente. El museo presenta cerámicas, tejidos, orfebrería y esculturas. Son cuatro mil años de historia reunidos bajo un mismo techo.

En la entrada, la obra de Kukuli Velarde, artista peruana, da la bienvenida. Su instalación “Wak’a del Agua” son cinco cerámicas apiladas como piedras sagradas incas. Cada una muestra un motivo diferente: escritura abstracta inspirada en textiles antiguos, retratos realistas, figuras estilizadas en colores neón. Velarde recuerda que toda cultura se construye sobre su pasado, pero sigue viva en el presente.

En un recorrido dividido por regiones (Mesoamérica, Centroamérica y el Caribe, Andes) se ven urnas funerarias mayas, textiles nazcas con colores intactos, joyas de oro y jade que representan animales, plantas y deidades. Un incensario se muestra al lado de un metate, como recordando que el arte y lo cotidiano iban juntos.

Entre las piezas más llamativas está una urna funeraria maya (600-850 d.C.) pintada con azul maya. Más de mil años después, el color sigue brillante. También una túnica nazca del año 400, con rojos y negros aún vivos gracias al desierto peruano.

El museo evita lecciones históricas extensas. Colonialismo apenas se menciona. El énfasis está en la continuidad cultural y la vigencia de los pueblos que crearon estas obras. “No son objetos muertos. Son culturas vivas”, dijo la curadora Patricia Lagarde.

Por eso incluyeron artistas contemporáneos como Joiri Minaya, dominicana. Su fotografía “Encubrimiento” muestra la estatua de Colón en Santo Domingo envuelta en un textil con plantas usadas por los taínos y afrocaribeños para resistir el poder colonial. La tela reproduce venenos y medicinas de la resistencia. Es arte que devuelve memoria.

Las salas huelen a copal. Hay textos en inglés y español. Se puede tocar la reproducción de glifos mayas que dicen “brotar” y “cacao”. El museo busca que niños y adultos se acerquen sin miedo.

El recorrido termina con cuatro piezas grandes en el patio: un aro de piedra usado en el juego de pelota mesoamericano y una máscara afro-puertorriqueña de vejigante miran de frente a esculturas renacentistas. Sin jerarquías. El Walters dice que todas valen lo mismo. Y ese gesto, hoy, vale mucho.

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