América Latina y España: Disonancia de civilizaciones y diálogo de culturas Capítulo II – Del alivio al reemplazo: la controvertida solución de Las Casas

14 août 2025 - 21:48

La economía colonial desmanteló los sistemas productivos indígenas y abrió el camino a formas extremas de explotación. Bartolomé de las Casas, crítico de los abusos contra los pueblos originarios, propuso una alternativa que marcaría otro capítulo oscuro: sustituirlos por esclavos africanos.

El sistema de Encomienda y otros modelos económicos impuestos por los ibéricos en América Latina fueron la causa de la desaparición del modelo económico indígena, que tenía una gran importancia. Prueba de ello es que el Imperio maya, antes de la llegada de los colonizadores, había destacado en el campo de la producción agrícola —especialmente en el cultivo del maíz— y en el comercio exterior con otros imperios vecinos. Durante la misma etapa, el Imperio inca conoció un sistema económico basado en la autosuficiencia, en muchos aspectos semejante a un sistema socialista, ya que las tierras eran propiedad de la comunidad, la cual asignaba a cada familia la parcela que podía explotar. Este imperio también desarrolló una actividad industrial representada por el uso del cobre y la fundición del oro y la plata con métodos complejos. Sin embargo, los españoles desmantelaron todo aquello, justificándolo como defensa de la propiedad privada frente a quienes no la conocían y de un modo de producción “desarrollado” frente a quienes, según ellos, carecían de cualquier modelo.

El factor económico, como sabemos, es más que cualquier otro elemento causa de los choques que surgen entre civilizaciones. Conviene recordar que la idea de llegar a América, en su origen, estuvo motivada por razones económicas. Cristóbal Colón, cuando emprendió su primer viaje, tenía como objetivo llegar a la India por el oeste, con el fin de obtener especias, seda y otros productos orientales sin necesidad de recurrir a los intermediarios árabes. Al llegar al Nuevo Mundo y descubrir la existencia de oro, impuso a los indígenas un tributo en metales preciosos, lo que provocó una relación de hostilidad que se consolidó con el inicio de la colonización, tras la etapa de conquista.

Esto se agravó al descubrir los ibéricos que las riquezas de América no se limitaban al oro y la plata, sino que incluían también la fertilidad de sus tierras agrícolas. La noticia llegó a la península ibérica y despertó la avidez de aventureros y buscadores de enriquecimiento rápido, así como de la clase de los hidalgos, muchos de los cuales comprendieron que ya no era posible obtener nuevas tierras —como había ocurrido durante las guerras de la Reconquista de al-Ándalus— salvo marchando a América. Más aún, la Corona española, propietaria legal de los territorios descubiertos, los cedía a los jefes de ejércitos privados que contribuían a someter tierras aún controladas por los indígenas.

La política de concesión de tierras a los colonos permitió, además de la Encomienda, la aparición de lo que se conoció como la Mita: grandes explotaciones agrícolas donde el trabajo de los indígenas comenzaba al amanecer y terminaba al anochecer, por salarios ínfimos que les obligaban a endeudarse con el propietario. Esto los convertía en esclavos incapaces de abandonar la Mita salvo si encontraban a alguien que los sustituyera. Tanto en la Mita como en la Encomienda, la explotación intensiva de los indígenas condujo a la exterminación de la mayoría de ellos, especialmente por la propagación de enfermedades contagiosas traídas por los colonos y desconocidas para los pueblos originarios.

El fraile Bartolomé de las Casas advirtió sobre esta explotación intensiva de los indígenas y pidió aliviar su sufrimiento, pero su propuesta no satisfacía a los terratenientes hasta que ofreció una alternativa: reemplazarlos por negros africanos, quienes, según él, tenían mayor fortaleza física y resistencia para los trabajos más duros.

La sugerencia de Las Casas, concebida inicialmente como una medida de alivio para los pueblos originarios, abrió, sin embargo, un nuevo ciclo de tragedia. El traslado forzoso de millones de africanos al continente americano transformó la composición demográfica de las colonias e instauró un sistema esclavista profundamente arraigado en la economía y en la cultura.  Con ello, la historia de América Latina incorporó otra herida de larga duración: la de comunidades enteras arrancadas de su tierra, sometidas a trabajos inhumanos y relegadas a los márgenes sociales durante siglos. Lo que nació como una “solución” terminó consolidando una de las mayores estructuras de explotación de la historia moderna.

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