América Latina y España: Disonancia de civilizaciones y diálogo de culturas Capítulo I – El eco del primer encuentro

10 août 2025 - 10:02
Representación artística del primer encuentro entre exploradores ibéricos y líderes indígenas en América, simbolizando el choque y diálogo inicial entre dos mundos y tradiciones civilizatorias.

Representación artística del primer encuentro entre exploradores ibéricos y líderes indígenas en América, simbolizando el choque y diálogo inicial entre dos mundos y tradiciones civilizatorias.



América Latina y España: disonancia de civilizaciones y diálogo de culturas es una serie de columnas culturales firmadas por el escritor y ensayista  Juan Miranda. A lo largo de varias entregas, el autor examina los momentos clave de la relación histórica entre ambas orillas del Atlántico, desde el primer contacto en el siglo XVI hasta los desafíos culturales, políticos y sociales del presente. Con un enfoque que combina historia, análisis civilizatorio y reflexión humanista, la serie propone una lectura crítica de los encuentros, desencuentros y persistencias que han marcado medio milenio de vínculos.


El primer capítulo, El eco del primer encuentro, nos traslada al momento fundacional: el choque entre las civilizaciones originarias de América y la tradición mediterránea llevada por los descubridores ibéricos. Juan Miranda recorre los contrastes políticos, sociales y culturales de aquel contacto inicial, y plantea una pregunta de fondo: ¿hubo verdadera fusión de mundos o solo coexistencia de líneas paralelas que rara vez se cruzaron?

Hablar de la civilización de América y del grado de su interacción con la civilización ibérica nos obliga a definir primero la naturaleza de dicha civilización. ¿Se trata de una sola civilización compacta, que comenzó a formarse con la llegada de los descubridores a inicios del siglo XVI, donde lo autóctono se fusionó con lo importado, como sostiene Carlos Fuentes, quien considera que la civilización latinoamericana se compone de la herencia indígena mezclada con las civilizaciones europeas? ¿O más bien nunca se alcanzó una fusión plena, debido a la existencia de líneas civilizatorias paralelas que no llegaron a encontrarse?

Responder a esta pregunta exige estudiar el tema desde su dimensión histórica, adoptando también el concepto de “tiempo civilizatorio de lento cambio”, según la tesis de Fernand Braudel.

Por ello, hemos dividido el tema de esta serie en tres etapas. La primera se refiere al primer encuentro entre los pobladores originarios y los descubridores, que dio lugar a la etapa colonial; la segunda abarca el período de la posindependencia; y la tercera comprende la etapa que va desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días. Como herramientas de análisis, hemos adoptado elementos que consideramos fundamentales para comprender cualquier fenómeno civilizatorio, entre ellos: la economía, la política, la sociedad, el arte y la lengua.

Cabe señalar que el primer encuentro fue un choque entre dos civilizaciones incomparables. La primera, de carácter mediterráneo, se había impregnado de las más importantes civilizaciones de la región, especialmente la griega, la romana y posteriormente la árabe-islámica, con la cual los descubridores ibéricos convivieron durante ocho siglos en Al-Ándalus. La segunda, la civilización india, hasta ese momento no había tenido contacto con otras, aunque poseía un cierto grado de sofisticación, lejos de la imagen simplificada que transmitieron muchos documentos históricos ibéricos. Prueba de ello es la civilización maya, que surgió en Guatemala, Honduras y parte del actual México, y que ya contaba con un desarrollo intelectual y cultural considerable cuando llegaron los ibéricos. Tenían un sistema de escritura jeroglífica que aún no ha sido completamente descifrado, conocimientos avanzados de cronología y un calendario que fijaba el año en 365 días. Lo mismo puede decirse de la civilización azteca, que floreció en lo que hoy es México y estableció un sistema político federal basado en ciudades-estado cuyo único vínculo con el emperador era el pago de tributos.

Los documentos dejados por los primeros ibéricos que llegaron a América describen a estos pueblos como bárbaros, pero también registran que la llegada de los ibéricos provocó el colapso de sistemas políticos consolidados y la eliminación de sus representantes. Así, los españoles, por ejemplo, durante los cuatro años que duró la conquista de Cuba (1511–1514), acabaron con prácticamente toda la población indígena de la isla, según las crónicas de la época. Hernán Cortés, quien llegó a México en 1519, tras ejecutar al emperador azteca Moctezuma II, llevó a cabo matanzas documentadas de indígenas, con estimaciones que hablan de más de cincuenta mil muertos en apenas tres meses. Pizarro hizo lo mismo en el Perú, aprovechando la disputa sucesoria entre los hijos del emperador inca para acabar con el imperio e iniciar una campaña contra todo aquel que intentara defender la continuidad de la civilización incaica. Cabe recordar que las armas de fuego y los caballos utilizados por los ibéricos fueron factores decisivos en la destrucción de estas civilizaciones.

El modelo político que impusieron los ibéricos era completamente ajeno a los pueblos indígenas. América Latina pasó a estar subordinada a las coronas española y portuguesa bajo un sistema administrativo dominado por instituciones representativas de la metrópoli ibérica, como los virreinatos, las capitanías generales, los cabildos y los consejos judiciales. Para proteger estas instituciones, los ibéricos establecieron estructuras militares, algunas dependientes del Estado —de las cuales se componía el ejército regular— y otras controladas por particulares, conocidas como milicias.

Continuará.

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