Introducción a la serie:
Con esta entrega iniciamos en Hoy24 una serie de artículos firmados por Juan Miranda, en los que se explorará el legado de Al-Ándalus y su proyección en el presente. El objetivo no es solo revisitar un pasado cargado de símbolos, sino también interrogar la vigencia de ese horizonte cultural en los debates actuales sobre memoria, convivencia e identidad. La serie está pensada para lectores latinoamericanos y españoles, y busca tender puentes entre dos orillas que comparten raíces comunes en la historia mediterránea e ibérica.
El primer capítulo abre la reflexión situando a Al-Ándalus como un concepto político y civilizatorio que, lejos de quedar enterrado en el siglo XV, sigue proyectando preguntas incómodas y fértiles en el presente. De la experiencia andalusí a la “Alianza de Civilizaciones” de 2004, la memoria se entrelaza con la política y el derecho en un debate que trasciende fronteras.
1. Al-Ándalus: entre la política y la civilización
Al-Ándalus es un concepto político y civilizatorio al mismo tiempo. Como concepto político, Al-Ándalus terminó a finales del siglo XV; sin embargo, como concepto civilizatorio sigue existiendo hasta hoy. Para los países islámicos, así como para España, Al-Ándalus como noción civilizatoria está presente en la cultura, en la vida cotidiana, en la memoria colectiva, en las representaciones mentales, en los modos de pensar y en la identidad. En tanto que concepto civilizatorio, continúa suscitando debates entre quienes creen en el diálogo de civilizaciones y quienes sostienen la tesis del choque.
2. Convivencia andalusí: memoria y actualidad
La cuestión de la convivencia en Al-Ándalus es uno de los temas que más debate genera hoy, tanto en su dimensión histórica como en la contemporánea. La experiencia andalusí de convivencia se estudia como fenómeno social del que pueden inspirarse las sociedades con pluralidad étnica y cultural, y como referencia civilizatoria útil para rechazar el choque entre culturas. Este trasfondo estuvo presente cuando se fundó el Foro de la Alianza de Civilizaciones, que evocó en varias ocasiones la experiencia andalusí.
3. El nacimiento de la Alianza de Civilizaciones (2004)
En septiembre de 2004, el entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció un discurso en la ONU en el que habló de algo que denominó “Alianza de Civilizaciones”. El discurso generó gran interés porque, en ese encuentro anual, los discursos de jefes de Estado suelen tener un carácter político o económico, no de naturaleza civilizatoria. También llamó la atención porque empleó un concepto novedoso, hasta entonces casi exclusivo de especialistas, que preferían la dualidad dialéctica diálogo/choque de civilizaciones.
El proyecto de Zapatero fue adoptado por la ONU, que lo convirtió en un foro con un Alto Representante y una estructura específica para organizar sus encuentros. La Alianza de Civilizaciones supone un nivel superior al diálogo: dialogar implica posibilidad de acuerdo o de discrepancia; al aliarnos, en cambio, nos situamos en un mismo frente contra un enemigo común, más cultural que político.
El anuncio llegó pocos meses después de los atentados de Madrid, la acción terrorista más grave vivida en Europa, con cerca de 200 muertos. Aquellos atentados fueron objeto de una guerra ideológica y civilizatoria vinculada a Al-Ándalus. Unos actores fueron los terroristas que los ejecutaron; otros, ciertos líderes de la derecha española. Lo común entre ambos fue relacionar el 11-M con Al-Ándalus desde la óptica del choque.
4. Ibn Jaldún como referente civilizatorio
Otro aspecto llamativo es que Zapatero fundamentó su proyecto en Ibn Jaldún, al que denominó “el gran historiador andalusí”. Citó un pasaje de la Muqaddima donde Ibn Jaldún habla de la conciencia del historiador respecto de las civilizaciones y la legitimidad de la diversidad entre naciones y culturas.
Al analizar el texto, llama la atención el lenguaje del siglo XIV, con términos hoy en desuso. Cuando Ibn Jaldún emplea “estado”, a veces significa lo que entendemos hoy por Estado, pero en otras ocasiones se refiere a civilización. Para él, la civilización es la forma más elevada del “umrán” (urbanización humana).
5. Al-Ándalus en el marco legal español contemporáneo
Finalmente, la relación entre Al-Ándalus y la Alianza de Civilizaciones también puede abordarse desde una perspectiva legal. Un ejemplo es el acuerdo que el Rey de España firmó en 1992 con la Comisión Islámica. El texto se basó en una ley previa que reconocía que “el islam es una religión con raíces en España”. La fecha se eligió para conmemorar el quinto centenario del Tratado de Granada de 1492.
6. El islam en la identidad cultural de España
Desde el punto de vista legislativo, dicho acuerdo fue muy avanzado: ningún país europeo había reconocido entonces derechos semejantes a los musulmanes. Entre ellos, el derecho a interrumpir la jornada laboral el viernes para acudir a la oración, o a disfrutar de las festividades islámicas como días no laborables.
En el plano civilizatorio, el acuerdo afirma que el islam forma parte de la identidad cultural española. Mansur Escudero, presidente de la Comisión Islámica en aquel momento, lo consideró una corrección histórica frente a la regresión que siguió al Tratado de 1492, con decretos que entre los siglos XVI y XVII acabaron por arrancar la identidad islámica de España y culminaron en la expulsión de los moriscos.
Los musulmanes españoles de hoy, herederos de aquel legado, se identifican a la vez con la civilización andalusí y con España como nación. Para ellos, “España es Al-Ándalus y Al-Ándalus es España”.
7. La Mezquita de Córdoba: memoria, fe y tensiones jurídicas
Algunas de sus reivindicaciones culturales generan tensiones, como en el caso de la Mezquita de Córdoba. Los musulmanes consideran legítimo rezar en ella, al igual que los cristianos lo hacen en la iglesia anexa. No obstante, los tribunales dictaminaron que no tienen ese derecho, ya que el edificio es propiedad de la Iglesia, que lo niega.
El fallo judicial evidenció que el asunto se abordó con criterios jurídicos y no civilizatorios. Sin embargo, rezar en la Mezquita de Córdoba para los musulmanes españoles es un acto de memoria y pertenencia a una de las obras más significativas de la civilización islámica.
Conclusión
El papel del Foro de la Alianza de Civilizaciones se vuelve crucial. Su intervención podría ofrecer un enfoque civilizatorio a discrepancias como las de la Mezquita de Córdoba, transformando tensiones jurídicas en oportunidades de diálogo, memoria compartida e integración cultural, esenciales para una convivencia pacífica.
Continuará