“Lo viejo funciona”: los cybercirujas reinventan tecnología y combaten la obsolescencia

28 août 2025 - 11:42

En Argentina, un colectivo de hacktivistas transforma basura electrónica en herramientas útiles, desafiando el consumismo y promoviendo la inclusión digital.

Cuando un ventilador se convierte en consola de videojuegos o una terminal de pago en una cámara fotográfica, ya no hablamos solo de reciclaje, sino de política tecnológica. Ese es el terreno donde se mueve Cybercirujas, un movimiento nacido en Argentina que rescata aparatos descartados para darles nueva vida y fortalecer la autonomía digital de comunidades marginadas.

Con el seudónimo de Uctumi, Esteban Palladino encarna ese espíritu: “Refuncionalizamos aquello que muchos desecharían”, afirma. El resultado no es solo práctico, sino profundamente simbólico. En sus encuentros comunitarios —llamados ollas populares de hardware— se intercambian piezas obsoletas, se comparten conocimientos de reparación y se celebra el acceso colectivo a la tecnología libre.

La Argentina genera más de 500 000 toneladas de basura electrónica al año. Frente a esa avalancha, los cybercirujas proponen algo radical en un mundo que celebra lo nuevo: lo viejo sí sirve. Su consigna, “Lo viejo funciona”, aparece pintada en el “Ventilastation”, una consola hecha con un ventilador industrial.

Más allá de lo funcional, su alcance es ideológico. Se organizan en “células” provinciales, estructuran manifiestos como los de la izquierda clásica y reivindican el derecho a reparar como forma de resistencia frente al mercado tecnológico voraz. También abren espacios inclusivos: “reparatones” solo para mujeres, o kits de robótica hechos con desechos informáticos para enseñar en escuelas rurales.

En tiempos donde la novedad se convierte en basura al poco de estrenarse, los cybercirujas plantean una rebelión silenciosa pero cargada de sentido. Alargar la vida de un aparato, resignificar su uso, compartirlo con otros, equivale a cuestionar un modelo económico que confunde innovación con descarte. Su consigna —que lo viejo funciona— es una propuesta política: reapropiarse de la tecnología frente a los intereses del mercado. En cada ventilador convertido en consola o en cada chip rescatado, late la convicción de que otro vínculo con lo digital es posible, uno menos sumiso y más libre.

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