Los días 17 y 18 de abril, Barcelona acogerá la Global Progressive Mobilisation, la primera cumbre de la plataforma internacional impulsada por Pedro Sánchez como secretario general de la Internacional Socialista. Lula, Sheinbaum, Petro, Ramaphosa y Orsi se sientan junto al presidente español para articular una respuesta colectiva al avance de la ultraderecha global y a la agenda de Donald Trump.
La convocatoria lleva meses fraguándose en conversaciones entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el Partido de los Socialistas Europeos (PES) y la red Alianza Progresista. El lanzamiento formal tuvo lugar en el congreso del PES en Ámsterdam, con el respaldo explícito del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Ahora, con la guerra de Irán como telón de fondo y las elecciones andaluzas a un mes vista, la cita adquiere una doble dimensión: proyecto de largo alcance y operación de imagen para un Gobierno que busca proyectar liderazgo internacional en un momento de máxima tensión con Washington.
«Es el momento de que actuemos juntos, no podemos esperar», apremia Sánchez en su convocatoria. La afirmación resume el espíritu de una plataforma que nació en 2024, cuando Trump regresó a la Casa Blanca, y que se presenta como «una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha» con el objetivo de hacer que «las soluciones progresistas sean visibles y creíbles». Estas son las cinco claves para entender lo que ocurrirá en Barcelona este fin de semana.
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Qué es la Global Progressive Mobilisation y por qué Barcelona
La Global Progressive Mobilisation (GPM) no es una cumbre de gobierno sino una plataforma de coordinación política entre fuerzas progresistas de distintos continentes. La distingue de otros foros similares su anclaje institucional: Sánchez la impulsa en su condición de secretario general de la Internacional Socialista, organismo que agrupa a partidos socialdemócratas y laboristas de más de 140 países. La sede del encuentro será la Fira de Barcelona, en el recinto de Gran Via, y el sábado se celebrará también en ese espacio la IV Reunión en Defensa de la Democracia, el foro que Sánchez y Lula pusieron en marcha en Nueva York en 2024.
Barcelona no es una elección casual. La ciudad es la capital política del socialismo catalán, gobernada por el alcalde Jaume Collboni, y escenario de la primera visita bilateral entre España y Brasil presidida por Lula y Sánchez, que tendrá lugar el viernes 17 en el Palau de Pedralbes. La elección de una ciudad catalana —y no Madrid— tiene también una lectura interna: el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, participará en los actos y su presencia refuerza la imagen de un socialismo catalán integrado en el proyecto nacional e internacional del PSOE.
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Quiénes acuden y quién falta
El elenco de líderes confirmados convierte la cita en la mayor concentración de jefes de Estado y de Gobierno progresistas celebrada en España en décadas. Junto a Sánchez estarán Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), Yamandú Orsi (Uruguay) y Claudia Sheinbaum (México). Por parte de las instituciones europeas asistirán el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera. Los vicecancilleres de Alemania y Austria, la primera ministra de Eslovenia y el vicepresidente de Botsuana completan una representación de cuatro continentes.
La ausencia más llamativa es la de México bajo López Obrador, aunque ese capítulo ya está cerrado: Sheinbaum representa la normalización de unas relaciones que su antecesor deterioró con la carta en la que reclamaba disculpas al Rey por la Conquista. También está ausente cualquier representación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano, que abandonó la Internacional Socialista con críticas al liderazgo de Sánchez. Entre los líderes europeos participan además figuras como Olivier Faure (Francia), Elly Schlein (Italia) y Rahul Gandhi, líder de la oposición en India.
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El deshielo con México: la visita de Sheinbaum
La presencia de Claudia Sheinbaum es la más cargada de simbolismo diplomático. Es la primera visita de un presidente mexicano en activo a España en ocho años, desde la gira de Enrique Peña Nieto en 2018. El período de distancia fue largo y tuvo un detonante preciso: la carta que Andrés Manuel López Obrador envió al Rey Felipe VI en marzo de 2019, en la que reclamaba disculpas formales por los desmanes de la Conquista. De mutuo acuerdo con el Gobierno, el Rey no contestó, y López Obrador interpretó el silencio como una ofensa. España respondió sin estar representada en la toma de posesión de Sheinbaum en 2024.
Las primeras señales de acercamiento llegaron por vía cultural. El Rey reconoció «mucho abuso» y «controversias éticas» en la colonización durante su visita a la exposición La mitad del mundo en Ciudad de México el 16 de marzo. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, había señalado ya que en la colonización de América hubo «dolor e injusticia hacia los pueblos originarios». Sheinbaum anunció el viaje con una sonrisa: «Voy a ir a una reunión de un grupo de Gobiernos progresistas», explicó, dejando en segundo plano el componente bilateral para subrayar el multilateral.
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La agenda de dos días y los ejes del debate
El programa se articula en dos jornadas con perfiles diferenciados. El jueves 17 concentrará talleres y seminarios sobre cinco ejes: defensa de la democracia, acción climática, transición digital, gobernanza económica justa y políticas migratorias. Participarán sindicatos, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y el Center for American Progress, centro de pensamiento progresista con sede en Washington. El viernes 18 reunirá los paneles de alto nivel y las sesiones plenarias con los líderes de Estado y de Gobierno confirmados.
Los debates girarán en torno a la respuesta colectiva al avance de la derecha radical y a la agenda del presidente estadounidense Donald Trump. «La democracia está en juego y las fuerzas reaccionarias amenazan los derechos arduamente adquiridos durante el último siglo», alertó Sánchez en la convocatoria. Lula da Silva añadió su propio diagnóstico: «Es fundamental reorganizar las fuerzas progresistas frente a los ataques contra la democracia y el avance de la extrema derecha en todo el mundo». La guerra de Irán y sus consecuencias para el multilateralismo centrarán buena parte de las sesiones del viernes.
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La lectura doméstica: precampaña andaluza y proyección de Sánchez
El evento tiene un trasfondo de política interior que sus organizadores no ocultan. La cumbre se celebra a cinco semanas de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, en las que el PSOE aspira a mejorar sus posiciones con María Jesús Montero como candidata. La portavoz adjunta del PSOE, Enma López, no evitó la comparación con el Partido Popular (PP) en la presentación del evento: «cuando toca ejercer el patriotismo, se ponen de perfil», afirmó, en referencia al silencio de la oposición ante la proyección internacional de Sánchez.
El posicionamiento de España ante la guerra de Irán —rechazo al uso de las bases de Rota y Morón, cierre del espacio aéreo a la aviación militar estadounidense— ha generado respaldo entre sectores progresistas de otros países y ha tensado la relación con la Administración Trump. En ese contexto, la GPM permite a Sánchez presentar ante su electorado una imagen de liderazgo global en el momento de mayor presión diplomática desde el inicio de la legislatura. «El ejemplo de Pedro Sánchez resuena en todo el mundo», señaló López, atribuyéndolo a su postura de rechazo a la guerra. Barcelona es el escenario elegido para convertir esa narrativa en imagen.