El PPE rompe el cordón sanitario: cinco claves del acercamiento a la ultraderecha

25 novembre 2025 - 17:55

El Partido Popular Europeo de Manfred Weber consolida su giro hacia formaciones de extrema derecha con votaciones conjuntas que marcan el fin de décadas de aislamiento político. Las recientes alianzas con grupos ultras para aprobar legislación ambiental y migratoria evidencian una transformación estratégica que alarma a socialdemócratas, liberales y verdes, mientras redefine los equilibrios de poder en Bruselas y Estrasburgo.

El Parlamento Europeo atraviesa una transformación sin precedentes. El voto conjunto del Partido Popular Europeo con las tres formaciones de ultraderecha presentes en la Eurocámara para reducir exigencias medioambientales a las empresas ha consumado la ruptura del consenso que aisló a los partidos ultras durante décadas. La decisión marca un punto de inflexión en la arquitectura política comunitaria y abre interrogantes sobre el futuro de la integración europea.

La coalición tradicional entre conservadores, socialdemócratas y liberales ha experimentado múltiples crisis desde las elecciones de junio de 2024. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha visto debilitada su posición ante los coqueteos del PPE con la ultraderecha en cuestiones migratorias y de agenda verde. La votación del pasado jueves confirma que el centro político europeo ha perdido su cohesión histórica, abriendo paso a mayorías alternativas que incluyen a formaciones antes consideradas incompatibles con el proyecto europeo.

  1. El fin de un consenso histórico

El cordón sanitario representó durante décadas la barrera infranqueable para las formaciones de extrema derecha en las instituciones europeas. Socialdemócratas, liberales y conservadores mantuvieron un pacto tácito que impidió a grupos como el Frente Nacional francés, la Liga italiana o Alternativa para Alemania acceder a posiciones de influencia en Bruselas y Estrasburgo. Esta estrategia funcionó mientras el centro político conservó suficiente respaldo electoral para generar mayorías amplias sin necesidad de recurrir a aliados incómodos.

Las elecciones europeas de junio modificaron radicalmente este escenario. El Partido Popular Europeo obtuvo 188 escaños frente a los 136 de los socialdemócratas, mientras los tres grupos de ultraderecha suman 164 eurodiputados. Esta nueva aritmética parlamentaria otorga al PPE una posición de bisagra que le permite construir mayorías alternativas mirando hacia su derecha. El líder de Vox en Patriotas por Europa, Jorge Buxadé, celebró que su grupo marca ahora el rumbo en Bruselas, evidenciando el cambio de dinámica política en la Eurocámara.

La primera votación legislativa conjunta entre conservadores y extrema derecha para aprobar un expediente normativo sienta un precedente para el resto del mandato. La eurodiputada Lynn Boylan explicó que ilustra la voluntad del PPE de abandonar a sus aliados centristas tradicionales para aprobar su agenda de desregulación con apoyo de grupos de extrema derecha. Tsvetelina Kuzmanova, del Instituto de Liderazgo en Sostenibilidad de Cambridge, advirtió que aliarse con la extrema derecha señala que el centro proeuropeo está perdiendo confianza en su propio proyecto.

  1. Weber lidera el giro estratégico del PPE

Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo desde 2014 y del partido a escala comunitaria desde 2022, impulsa personalmente esta transformación estratégica. El político bávaro, que aspiró sin éxito a presidir la Comisión Europea en 2019 cuando fue desplazado por su compatriota Ursula von der Leyen, ha radicalizado progresivamente las posiciones del PPE para frenar la pérdida de votos hacia formaciones ultras. Weber ha bajado el listón de las condiciones para pactar con la extrema derecha, exigiendo únicamente que sean proeuropeas, proucranianas y proisraelíes.

Las maniobras del líder alemán responden a cálculos electorales en un contexto de fragmentación política continental. Weber justificó la votación conjunta con los ultras alegando que cumplía una promesa electoral de desmantelar la burocracia europea. Sin embargo, los socialistas le recordaron sus compromisos previos de no colaborar con partidos como el alemán AfD o la formación de Marine Le Pen. Martin Schirdewan, copresidente de La Izquierda, sentenció que la coalición Von der Leyen es historia y que el PPE ya no tiene muro de contención hacia la derecha.

La estrategia de Weber genera divisiones internas en el propio PPE. Eurodiputados polacos se resisten a apoyar al comisario italiano Raffaele Fitto, vinculado a los Conservadores y Reformistas Europeos donde militan sus rivales nacionales. La presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, lidera el sector del PPE más receptivo a la colaboración con la derecha radical, mientras figuras como el primer ministro polaco Donald Tusk mantienen posiciones más cautas ante el blanqueo de formaciones que cuestionan el Estado de derecho.

  1. Patriotas, ECR y ESN: los tres grupos ultras

Las formaciones de extrema derecha se distribuyen en tres grupos parlamentarios con perfiles diferenciados pero agenda convergente en múltiples ámbitos. Patriotas por Europa, liderado por Santiago Abascal tras ser elegido presidente recientemente, agrupa a Viktor Orbán, Marine Le Pen y otros nacionalistas radicales, constituyendo la tercera fuerza de la Eurocámara con 84 escaños. El grupo quedó inicialmente excluido del reparto de cargos institucionales por el cordón sanitario, pero ahora participa activamente en la construcción de mayorías legislativas con el PPE.

Los Conservadores y Reformistas Europeos, donde militan los Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni y Vox, mantienen una posición más institucional que facilita acuerdos puntuales con los populares. La primera ministra italiana ha tejido una alianza táctica con Weber desde 2021 que aspira a normalizar la presencia ultra en las estructuras de poder comunitarias. El PPE exige a socialistas y liberales que voten a favor de Fitto como vicepresidente de la Comisión a cambio de respaldar a la socialista Teresa Ribera, una transacción que Pedro Sánchez rechaza frontalmente.

Europa de las Naciones Soberanas, el grupo más radical donde milita Alternativa para Alemania, completa el espectro ultraderechista. Aunque Weber afirma no querer ver a AfD, las enmiendas migratorias presentadas por los alemanes han sido aprobadas con votos populares. El portavoz de Identidad y Democracia acusó directamente al presidente del PPE de robar ideas ultras para sus propuestas sobre inmigración. Esta convergencia programática facilita la construcción de mayorías ad hoc que desdibujan las fronteras entre derecha conservadora y extrema derecha.

  1. Agenda antiverde y antimigración

La alianza entre PPE y ultraderecha se concreta prioritariamente en dos ámbitos: desmantelamiento de regulaciones ambientales y endurecimiento de políticas migratorias. La votación que consumó la ruptura del cordón sanitario aprobó reducir exigencias medioambientales a las empresas, revirtiendo avances del Pacto Verde Europeo impulsado por Von der Leyen en su primera Comisión. Weber celebró en redes sociales el fin de la burocracia europea, mientras los grupos ultras reivindicaban haber marcado el rumbo con sus políticas patriotas.

El Partido Popular español se sumó doblemente a esta agenda ultra. Además de apoyar la simplificación de exigencias medioambientales, el partido de Alberto Núñez Feijóo votó contra la reducción del noventa por ciento de emisiones contaminantes para 2040, alineándose con el negacionismo climático de la extrema derecha. Vula Tsetsi, copresidenta del Partido Verde Europeo, acusó a Weber de cometer un grave error histórico al cruzar el cortafuegos contra la extrema derecha, advirtiendo que junto a los ultras está desmantelando reglas vitales que protegen a las personas y el medio ambiente.

Las políticas migratorias constituyen el segundo eje de convergencia. Von der Leyen estableció como criterio de colaboración trabajar con quienes sean proeuropeos, anti Putin y defensores del Estado de derecho, línea que Weber ha adoptado formalmente mientras pacta con formaciones que cuestionan precisamente estos principios en sus países. La eurodiputada Pascale Piera, de Patriotas, confirmó contactos directos con el PPE para coordinar votaciones. Las resoluciones sobre Venezuela, las enmiendas migratorias y la rebaja de la ley de deforestación han salido adelante con esta mayoría alternativa que incluye a AfD, formación que Weber dice rechazar.

  1. Consecuencias para el proyecto europeo

La normalización de la extrema derecha en las instituciones comunitarias plantea interrogantes sobre la viabilidad del modelo de integración europea. El blanqueo de formaciones que cuestionan el Estado de derecho, proponen políticas identitarias excluyentes y rechazan la solidaridad entre Estados miembros erosiona los fundamentos sobre los que se construyó la Unión Europea. El politólogo Alberto Alemanno considera que Trump puede estar desuniendo a Europa desde dentro mediante el empoderamiento de líderes iliberales que ahora encuentran legitimación en las propias instituciones comunitarias.

La estrategia del PPE genera consecuencias inmediatas en la gobernabilidad europea. El bloqueo a Teresa Ribera orquestado por Weber para forzar el visto bueno socialista a Fitto puso en riesgo la puesta en marcha de la nueva Comisión, prevista inicialmente para noviembre y retrasada a diciembre. El enfrentamiento entre Pedro Sánchez y el líder alemán trasladó crisis nacionales a las instituciones comunitarias, sometiendo a los órganos de la UE a un estrés institucional inédito. Fuentes de los cuatro grupos europeístas trabajaban en un acuerdo de legislatura clásico que mantuviera a Patriotas fuera de los pactos, pero la voluntad del PPE de jugar a dos bandas complica esta coalición estable.

El fenómeno no se limita al ámbito europeo sino que replica dinámicas observadas en múltiples Estados miembros. En Alemania, el líder de la Unión Demócrata Cristiana, Friedrich Merz, abrió la posibilidad de colaboración con AfD en el ámbito local antes de corregirse tras las críticas. En Italia, Giorgia Meloni gobierna con políticas identitarias y recorte de derechos que recuerdan los modelos polaco y húngaro. En Francia, la extrema derecha de Le Pen mantiene su influencia pese al cordón sanitario. El giro de Weber no es causa sino consecuencia de esta derechización continental, pero su posición de liderazgo en el principal grupo parlamentario europeo amplifica y legitima esta tendencia, con consecuencias impredecibles para el futuro de la integración europea.

 

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