Pedro Sánchez viaja hoy a Argel para escenificar el fin de la crisis diplomática abierta en 2022 por el giro español sobre el Sáhara Occidental. La visita, centrada en el suministro de gas, revela un proceso de reconciliación desigual, en el que voces argelinas cuestionan el alcance real del acercamiento.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, inicia hoy una visita oficial a Argelia con el objetivo de escenificar la superación de la crisis diplomática y comercial que enfrenta a ambos países desde 2022. Es la primera vez en seis años que un jefe del Ejecutivo español acude al país magrebí; la última visita se remonta a 2020. Sánchez viaja directamente desde Nueva York, ciudad en la que asistió ayer a la final del Mundial de fútbol entre España y Argentina, lo que ha obligado a un intenso reajuste de su agenda internacional en apenas veinticuatro horas.
Le acompañan la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, además de directivos de las principales energéticas españolas. El presidente será recibido por su homólogo argelino, Abdelmadjid Tebboune, y por el primer ministro, Sifi Ghrieb, con quien también se reunirá para abordar algunos contenciosos abiertos con empresas españolas. Detrás del gesto simbólico hay un objetivo muy concreto: aumentar el suministro de gas argelino en un mercado energético tensionado por los conflictos en Gaza, Irán y Ucrania.
-
El giro de 2022 que rompió la relación
El origen de la crisis se remonta a marzo de 2022, cuando Sánchez envió una carta al rey de Marruecos en la que aceptaba la tesis de Rabat sobre su soberanía en el Sáhara Occidental, rompiendo así la tradicional neutralidad española en el conflicto. Argelia, aliada histórica del movimiento saharaui, reaccionó de inmediato: retiró a su embajador en Madrid, canceló el tratado de amistad bilateral y suspendió las transacciones bancarias entre ambos países, una decisión con efectos económicos inmediatos sobre las empresas españolas que operaban en el país magrebí.
El impacto comercial fue severo. Las exportaciones españolas a Argelia cayeron de 2.906 millones de euros en 2019 a apenas 332 millones en 2023, según datos de Europa Press. El saldo de la sanción bancaria impuesta por Argel se situó en 2.574 millones de euros negativos. El comercio quedó reducido a la mínima expresión durante los años más duros de la crisis, mientras Argelia mantenía intacto el suministro de gas, el único vínculo estratégico que ninguna de las dos partes quiso interrumpir en ningún momento del desencuentro diplomático. Desde principios de 2024, el volumen comercial ha comenzado a recuperarse de forma paulatina, aunque sin alcanzar todavía los niveles previos a la ruptura de 2022.
-
El deshielo paso a paso
La reconciliación ha sido lenta y gradual. Argelia devolvió a su embajador a Madrid en diciembre de 2023 y, tras un compás de espera, las restricciones comerciales quedaron disipadas en noviembre de 2024. En marzo de este año, Albares viajó a Argel y logró la reactivación formal del tratado de amistad, congelado desde el inicio de la crisis por las autoridades del país magrebí. Tres meses después, en junio, España fue la invitada de honor en la Feria Internacional de Argel, un gesto que el propio Tebboune describió como «una elección tanto de la razón como del corazón».
El presidente argelino ha insistido en que la relación bilateral se apoya en la confianza mutua, una confianza que, según sus propias palabras, «le permite superar con rapidez los malentendidos». En el Gobierno español se asume que las autoridades argelinas son duras y exigentes en la negociación, pero también que constituyen un socio fiable que nunca ha incumplido un contrato de suministro de gas, ni siquiera en los momentos de mayor tensión diplomática entre los dos países durante los últimos cuatro años.
-
El gas, motor del acercamiento
Argelia es el principal proveedor de gas de España, con un 34% del total importado según el último boletín de Enagás, por delante de Estados Unidos. España es, a su vez, el segundo cliente del gas argelino tras Italia. El Gobierno negocia ahora aumentar hasta un 10% el flujo a través del gasoducto Medgaz, que conecta los yacimientos argelinos con Almería, en detrimento de las compras de gas natural licuado, que representan entre el 65% y el 70% del total actual del suministro que recibe España.
La operación del gasoducto está sostenida por la argelina Sonatrach, con el 51% del capital, y la española Naturgy, socias mediante contratos vigentes hasta 2030; Sonatrach mantiene además una participación histórica del 4% en el capital de Naturgy. A la delegación española se suman el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, y los consejeros delegados de Moeve, Repsol y Enagás, Maarten Wetselaar, Josu Jon Imaz y Arturo Gonzalo. También está sobre la mesa el retraso en los pagos a empresas españolas que ejecutaron obras públicas en el país magrebí, entre ellas Duro Felguera, Técnicas Reunidas, Idom y Elecnor, además de otros sectores en los que el Gobierno busca abrir nuevas puertas, como energías renovables, hidrógeno verde, infraestructuras, agua, alimentación, ferrocarril, ingeniería y defensa.
-
Las voces críticas cuestionan el alcance real
No todas las lecturas del deshielo son optimistas. El exdiplomático argelino Abdelaziz Rahabi, que fue embajador de su país en Madrid, advierte de que el cambio de postura de España sobre el Sáhara ha marcado la relación bilateral durante los últimos cuatro años y sostiene que «España ya no es el referente histórico y el mediador preferido en el conflicto». A su juicio, la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara refleja el actual equilibrio de poder más que una solución real al conflicto que enfrenta a Rabat y al Frente Polisario.
En el terreno económico, el profesor Abderramán Mebtul, exdirector de estudios del Ministerio de Energía argelino y antiguo asesor de Sonatrach, sostiene que «el comercio entre España y Argelia está muy por debajo de su potencial» y recuerda que las exportaciones españolas al país magrebí han caído hasta una cifra que califica de insignificante. Mebtul reclama explorar nuevas oportunidades en energías renovables, hidrógeno verde, construcción, nuevas tecnologías y agricultura para no depender exclusivamente del vínculo gasista que ha sostenido la relación bilateral durante los últimos cincuenta años. El economista confía en que la visita marque un paso clave para impulsar una nueva dinámica estratégica, tanto económica como de seguridad, en la región euromediterránea.
-
Migración y Sáhara, los expedientes pendientes
Más allá de la energía, el viaje aborda otros asuntos sensibles. La cooperación migratoria se ha reforzado en los últimos meses, aunque las llegadas de personas migrantes a la Península y Baleares crecieron más del 10% en los cinco primeros meses del año, frente a la drástica caída registrada en Canarias; en el archipiélago balear, además, las llegadas en embarcaciones aumentaron un 75% respecto a 2024, según datos que maneja el Ministerio del Interior. El titular de la cartera, Fernando Grande-Marlaska, reforzó en octubre esta colaboración conjunta con su homólogo argelino, en un contexto marcado por el repunte de las llegadas irregulares a las costas españolas. Argelia, además, no ve con malos ojos la legislación en marcha en el Congreso para conceder la nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo administración colonial, muchos de ellos residentes en los campos de refugiados de Tinduf.
Fuentes gubernamentales descartan que la cuestión del Sáhara figure formalmente en la agenda de la visita, aunque no descartan que la plantee la parte argelina durante los encuentros previstos. En todo caso, subrayan que la posición española coincide con la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el conflicto. El Gobierno argelino también parece haber valorado positivamente el respaldo de Madrid a un Estado palestino, un factor que, según fuentes consultadas, ha facilitado el actual proceso de acercamiento diplomático entre los dos países vecinos del Mediterráneo occidental.