Crecimiento sin mayor bienestar: claves de la brecha entre PIB y hogares

16 octobre 2026 - 07:18

España afronta las elecciones del 29 de noviembre con un crecimiento récord que no llega a los hogares. Los expertos señalan la baja productividad, unos salarios rezagados frente a la inflación y un déficit de vivienda que el Banco de España sitúa en 750.000 pisos y que podría alcanzar el millón.

España llega a las elecciones generales del 29 de noviembre con unas cifras macroeconómicas que pocos países europeos pueden exhibir. El Producto Interior Bruto (PIB) real se situaba en el segundo trimestre de 2026 un 12,1% por encima de su nivel de finales de 2019. La economía ha encadenado además registros de empleo, exportaciones y recaudación pese a la pandemia, los aranceles y las guerras. El Banco de España ha elevado su previsión de crecimiento para 2026 al 2,6%, muy por encima del conjunto de la eurozona.

Esa fotografía choca con la de muchos hogares, que siguen teniendo dificultades para llenar la nevera, pagar las facturas o encontrar una vivienda a un precio razonable. La paradoja amenaza con convertirse en uno de los debates centrales de la campaña. Los economistas consultados coinciden en lo esencial del diagnóstico. La economía ha crecido sobre todo en tamaño y mucho menos en productividad, y los salarios y la vivienda se han convertido en los dos frenos que impiden trasladar el éxito agregado al bolsillo.

  1. Un crecimiento que no se traduce en renta

La brecha se resume en tres cifras en las que insiste el economista Javier Santacruz. Desde el cuarto trimestre de 2019, el PIB per cápita ha crecido un 6,5%, pero la renta disponible real por habitante apenas ha avanzado un 1,9%. El PIB por hora trabajada, el indicador más directo de productividad, solo ha subido un 2,4% durante el mismo periodo. Según Santacruz, el país ha aumentado el tamaño de su economía «sin conseguir un crecimiento equivalente de la productividad», y por eso la expansión no se refleja en el nivel de vida de ciudadanas y ciudadanos.

Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef Universidad, describe la legislatura que concluye como «un poco paradójica». El país ha demostrado una notable capacidad para crear empleo, apoyada en el turismo, los servicios, las exportaciones, cierta recuperación de la inversión y la inmigración, que considera fundamental. Ha resistido además un contexto internacional muy convulso. Pero las buenas cifras agregadas no han llegado con la misma intensidad a la economía cotidiana de las familias. Más población ocupada no ha significado, por sí sola, más bienestar por persona.

  1. La productividad, un problema anterior a la legislatura

Eszter Wirth, profesora de Economía de Comillas Icade, sitúa una de las raíces del estancamiento en la estructura empresarial. El 99% de las empresas españolas son pymes y generan en torno a dos tercios del empleo. Muchas operan en sectores poco expuestos a la competencia internacional, donde pueden sobrevivir con baja productividad y salarios bajos. Por muchas facilidades que ofrezca el Gobierno, desde la simplificación burocrática hasta la mejora de la formación o la agilización de permisos, son las empresas las que deciden si invierten, forman a su plantilla o buscan mercados exteriores.

Por eso Wirth define el modelo de los últimos años como «extensivo y no intensivo», basado en sumar trabajadores más que en aumentar el valor que genera cada hora. La baja productividad es, en su análisis, un viejo problema estructural y una variable muy difícil de cambiar en los cuatro años de una legislatura. El matiz importa en plena campaña. La debilidad del poder adquisitivo no nace de una decisión reciente sino de un patrón productivo arraigado, que solo cambiará con políticas sostenidas de inversión, tecnología y crecimiento empresarial.

  1. Salarios que corren por detrás de los precios

Todos los expertos consultados señalan la evolución de los salarios como la gran asignatura pendiente. Carbó la vincula directamente con la productividad, que no ha permitido que los sueldos crecieran al ritmo de la economía. José Carlos Díez, economista y autor de El fin del mundo tal y como lo conocíamos, coloca el empleo como lo mejor de la legislatura y los salarios como lo peor. Las subidas de las pensiones y del salario mínimo figuran entre los avances del periodo, pero no han cerrado la distancia entre lo que crece la economía y lo que ingresa la mayoría.

La inflación agrava el desajuste. El Banco de España prevé que los precios cierren 2026 con una subida media del 3,9% y sigan en el 3,7% en 2027, impulsados por la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo y por el encarecimiento de los servicios. Santacruz añade la presión fiscal y el acceso a la vivienda como factores que han deteriorado las oportunidades de progreso, «especialmente entre los jóvenes y las clases medias». Galicia no escapa a esa presión inflacionista que erosiona el margen de los hogares mes a mes.

  1. La vivienda, el déficit que más empobrece

La vivienda concentra el diagnóstico más severo. Díez aporta los datos de 2025, cuando se crearon 240.000 hogares pero solo se construyeron 10.000 viviendas de protección pública, de las que únicamente 4.000 se destinaron al alquiler. El resultado es que los precios de compra y alquiler suben más que los salarios y «empobrecen a los que viven arrendados» o aspiran a su primera casa. Carbó habla de una «disfuncionalidad brutal» de la oferta y la sitúa entre los problemas que más urge resolver.

El Banco de España confirma el cuello de botella. El déficit actual de 750.000 viviendas respecto a los hogares podría llegar al millón en dos años porque la construcción avanza más despacio de lo previsto. En los últimos doce meses se iniciaron 128.000 viviendas libres y solo se terminaron 81.000. Como cada promoción tarda entre dos años y medio y tres en tramitarse y ejecutarse, la nueva oferta no llegará hasta 2027 o 2028, y en magnitudes que, según el organismo, apenas amortiguarán el déficit. Los frenos son estructurales, desde la escasez de mano de obra y de suelo finalista hasta la lentitud de los trámites urbanísticos municipales y las dificultades de conexión a la red eléctrica.

  1. Unas cuentas públicas saneadas a medias

El último frente es fiscal. Daniel Fraga, socio responsable de KPMG en Galicia, valora como positiva la reducción de la deuda pública y del déficit, aunque la atribuye principalmente al aumento de la recaudación, en parte por no deflactar la tarifa del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Los ingresos tributarios han pasado de 208.700 millones de euros en 2018 a 325.400 millones en 2025. Las proyecciones del Banco de España apuntan a que la deuda bajará del 100,5% del PIB registrado en 2025 al 98,5% en 2026 y al 96,2% en 2027.

Santacruz se muestra más crítico. A su juicio, se ha desaprovechado buena parte de la expansión para sanear estructuralmente las cuentas, mejorar la eficiencia del gasto y acometer reformas pendientes, mientras la inversión productiva sigue siendo insuficiente y la complejidad regulatoria frena proyectos empresariales. Los expertos coinciden en que la discusión de fondo ya no es cuánto crece España, sino cómo se convierte ese crecimiento en salarios, vivienda y servicios. Carbó lo resume con una frase que, en su opinión, definirá el debate electoral: «No debemos conformarnos con crecer más, tenemos que aumentar el bienestar».

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